viernes, 3 de julio de 2020

Semana

He llegado al final de la semana. En mejor condición de lo esperado. Me he mostrado tal y como soy, para bien y para mal. Profesional, educado, resolutivo, independiente, colérico y ánarquico, todo a la vez. Con falicidad infinita para perder los papeles y alzar la voz pero la misma falicidad para pedir disculpas. También he descubierto cierta asertividad, en el sentido de pedir cosas, que no recordaba en mí.

Colores.


En medio de un universo agresivo y doloroso, siempre hay pequeñas islas de colores, como aquel árbol en medio del desierto de hormigón de Madrid, aquel árbol con flores magentas.

Tu eres esa pequeña isla, alguien con quién compartir paraguas bajo la lluvia.

Gracias.

He dormido todo lo que debería, pero con la argucia de tomar Zolpidem de madrugada. Entrar en bucle de pensamientos no era lo que me convenía a las 2 de la mañana, tras cuatro días de trabajo.

El fin de mañana se plantea agradable y con planes sencillos. Mis planes suelen ser sencillos, porque me llenan cosas sencillas y porque planes más complicados me agobiarían. Ya queda menos para otro pequeño detalle de color.

Espinas, ansiedad, oscuridad, luz, colores y abrazos.

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