Recuerdo septiembres/octubres pasados con nostalgia.
El primero por la novedad. Todavía en pandemia. Las clases en días alternos y el grupo reducido fueron amables para mí. Como en el mes de diciembre ya me atrevía a desayunar con mis compañeros.
El segundo, quizás incluso más ilusión, y sin medicación. Pero las prácticas fueron exigentes desde el minuto uno y me iba quedando sin cucharas.
El tercero fue el más agridulce. Porque me encantaba lo que estudiaba y estaba rodeado de jóvenes adultos maravillosos. Pero el ambiente era lo opuesto. No disfruté realmente de las clases hasta ¿marzo? del año siguiente. Medicación de rescate, una segunda medicación, el diagnóstico. También las oportunidades perdidas. No me creo que en una empresa gigante no hubiera sitio para mí solo por tener ansiedad y porque trabajar cara al público no fuera coherente ni seguro para mí. Junto con junio de ese año, fue la primera vez en que mi sueño se rompió.
El cuarto, no sé, pensaba que era el definitivo. También exigente. Mucha medicación. Poder comentar la jugada con 3 personas maravillosas fue importante, poder verles. Las veces que volvía al lugar obvio, pero que no citaré, estaba agotado. Ruido.
El quinto creo que fue un punto de inflexión. Porque en diciembre estaba tomando la mitad de medicación, a finales de diciembre. Sobre todo octubre fue agotador (el tema de la OPE y algunos jardines en los que me metí). Desde entonces tan bonito como el primer curso, pero 4 años después. Desde luego el comienzo fue más amable, porque no tuve ni ideaciones, ni bucle de tristeza. Ni usé lorazepam. Algún mal entendido y ya. Si en 2022 la ayuda de mi psicóloga fue determinante, entonces poder ver a mi psiquiatra más a menudo fue realmente útil.
Y llegamos hasta ahora. El baile de salas y de tareas es un poco agotador. El no saber qué hacer y pensar un poco que "estorbo". Y el tema del proyecto me preocupa un poco. Pero con mi capacidad para buscar, resumir y exponer información, no es para tanto. Al final necesito estabilidad económica, una nómina y un poco de estabilidad anímica. Mi yo de 2020 estaría abrumado por todo lo que ha pasado, pero a la vez, muy orgulloso por lo aprendido, por las notas, las interacciones, incluso por el diagnóstico. Este año no ha habido malos entendidos y eso es muy positivo. Voy poco a poco. Soy más hábil de lo que pienso, soy ordenado, metódico. He pasado de las herramientas grandes a las herramientas pequeñas. Pero la llave Allen de 4 mm en T sigue por ahí. Nostalgia. Al final son 6 volver a empezar. Unos académicos y otros pseudo laborales. Yo hago lo que puedo y creo que es bastante y que doy pinceladas.