miércoles, 31 de enero de 2018

Empatía

El limbo se ha comido ésta entrada. Quizás sea mejor así.

No puedo calmar la tormenta pero me puedo calmar a mi.

Sobre arena, barro, piedras ... siempre adelante.



Con el (antaño se me antojaría pequeño) plato de 32 dientes se puede llanear a más de 30 km/h o subir cuestas muy empinadas, dependiendo de la corona escogida. Espero poder controlar mi estado de ánimo en un futuro cercano y que los días sen más fáciles.

martes, 30 de enero de 2018

Metamorfosis

Muchas veces me he sentido pequeño como una libélula. Frente a situaciones aparentemente sencillas. Frente a la vida. A la hora de relacionarme con otros seres humanos. Cuando decido dejar de soñar y de escribir y vivir en el mundo real.

Si.

A veces no logro dormir más que dos o tres horas. A veces la ansiedad me domina y vivir duele. Cosas tan sencillas como preguntar algo a alguien o pedir algo a alguien, por sencillo que sea, me cuestan horrores.

Y así podría seguir hasta mañana. Hay un montón de cosas que me dan miedo o me generan ansiedad o ambas. Pero darme cuenta de todo esto, lograr pedir ayuda (de nuevo, y ahora en menos tiempo) ya es un gran primer paso.

Éste blog empezó en un momento muy similar al que vivo ahora. Con un texto de Kahlil Gibran. Entonces me agarré a un clavo ardiendo por escapar de mi soledad. Como bien me dijo Venus, que sienta la necesidad de llenar mi soledad no significa que pueda llenarla con cualquiera.

Éste blog se titula El loco porque perder la razón es uno de mis miedos más grandes. Pero incluso en los días menos buenos soy consciente de que algo me pasa e intento decidir yo mismo y no dejarme llevar por la ansiedad.

Metamorfosis.

Cualquier cambio por pequeño que sea me asusta. Me gusta el orden. Aunque sea un orden caótico. Dentro de un caos aparente puede haber orden. Pero ahora decido cambiar. Cambiarme. Ver la vida desde un punto de vista un poco más calmado. Esquivar los muros en lugar de estamparme contra ellos. Reír en lugar de enfadarme por todo. Intentar que algunas cosas o actitudes no me afecten, en lugar de intentar que no existan.

Metamorfosis. De oruga a mariposa.

Tengo toda mi vida para cambiarme y para mejorar. Y recuerdo las palabras de Venus (quien fuera mi compañera, amiga, amante y confidente). Para encontrar, primero hay que buscar.

Busqué, encontré un yo que no me gusta y decidí intentar cambiarlo.

Soldados anónimos de batallas invisibles que tienen lugar fuera del tiempo y el espacio, dentro de nuestras mentes. Mil veces caeremos, mis veces nos levantaremos.

Buenas noches y buena suerte.

(VIII) Ritual / El sueño de la razón produce monstruos* (Parte 2)

*El sueño de la razón produce monstruos es un grabado de Goya.

El resto del relato, aquí.

Mordió la boquilla del camelback y bebió un trago de agua. Su estómago protestó: demasiadas horas sin comer nada. Rebuscó en el interior de la mochila algo con lo que saciar su hambre. Encontró una barrita de cereales un poco aplastada y una bolsita con pasas. Nada más. Tenía que conseguir comida. No podía seguir así …

El tiempo pasado desde que dejó el tren se le antojaba irreal. Se quedó dormido al poco de partir de la estación y el miedo y la angustia le despertaron cuando el tren llegaba a una pequeña estación. Descendió del tren: un pequeño pueblo entre las montañas. Y a partir de ahí, se puso a recorrer pistas de tierra encharcadas guiado por su intuición. Estaba … en medio de ninguna parte. En una pista de tierra que atravesaba una zona de montaña, boscosa. Llevaba dos días así, peinando las montañas sobre la bici, durmiendo en el bosque envuelto en una manta de supervivencia y recorriendo palmo a palmo pistas y senderos del alba al ocaso. Niebla, frío, lluvia, hasta algunos copos de nieve. Y nada. La sensación continuaba allí, en algún átomo de su cuerpo, pero a cada minuto se apagaba poco a poco. No, se apagaba no. Algo la ocultaba. Un farol cubierto por una tela negra. El resultado era el mismo: no podía percibir la luz, no podía encontrar lo que estaba mal.

Con la boca llena de pasas se colgó de nuevo la mochila a la espalda y miró a su alrededor: una pista de tierra, a media ladera, cerca de un talud. Arriba, arboles, hasta más allá de donde alcanzaba la vista. Abajo, en el fondo de la vaguada, la cicatriz de la vía del tren. Una buena forma de orientarse, para volver a la civilización, buscar un pueblo, comprar comida y, con la tripa llena, decidir si prolongar la búsqueda una jornada más o recresar a … ¿casa? Buscó el pedal con el pie derecho y estaba a punto de darse impulso para comenzar a rodar de nuevo, cuando un sonido lejano y leve llamó su atención. No era su respiración, ni el susurro del aire en los árboles. Ni el goteo del riachuelo cercano donde había rellenado el camalback. Su boca se torció en un gesto de fastidio. No lograba identificar el sonido. Entonces, lo vió: una pequeña mancha blanca, en la lejanía, oculta en parte por los jirones de niebla, avanzando por el fondo de la vaguada, por la vía del tren. Buscó el catalejo en uno de los bolsillos de su mochila, con la ayuda de sus lentes de aumento pudo descifrar su silueta: un caballo blanco corriendo por la vía. Deprisa. Mucho. Oh no. Un caballo. Una vía. Otra vez. Sin pensar, se tiró ladera abajo, esquivando piedras, maleza y tocones de árboles. La pendiente era tan acusada que estuvo a punto de caerse varias veces. Al final no pudo seguir avanzando sobre la bici y continuó a pie, tropezando, resbalando sobre la hierba y el barro. Le costó alcanzar la vía, justo cuando el caballo llegaba a su altura. A todo galope, desbocado. Se puso en medio de la vía, interceptando su trayectoria. Acertó a ver espuma en su boca y sudor corriendo por sus costados. Alzó los brazos, el caballo detuvo en seco su desenfrenado avance y se encabritó. Los cascos de las patas delanteras pasaron muy cerca de su cuerpo. Resistió los impulsos de alejarse del caballo, mientras trataba de recordar lo que le habían enseñado. Le miró a los ojos. Se miraron a los ojos: desorbitados, llenos de terror, los del caballo. Inyectados de sangre y de desesperación los suyos, después de varios días sin apenas dormir ni comer. Los ojos del caballo reflejaban el más puro terror. Sintió como ese mismo miedo inmenso, irracional, devastador, crecía en su interior. Pero no podría permitírselo. Cerro los ojos y comenzo a acariciar al caballo cerca del nacimiento de las crines, mientras le susurraba palabras tranquilizadoras. No sabría precisar cuanto tiempo pasó, pero el caballo se calmó. Ambos se calmaron. Acarició sus crines. El caballo temblaba. Quizás algo de comer … Rebuscó en la mochila, la bolsita de pasas. Le ofreció algunas al caballo, que las aceptó con gusto.

Pensó que, en cierto modo, el caballo era más inteligente que él. Y con sentidos o instintos más precisos. Escapaba de un peligro que él apenas podía percibir. Quizás pudiera ayudarle. Una vez más, dejó fluir sus sentidos buscando una fuente intensa de peligro. Como el sónar de un submarino escudriñando el océano. Nada. Sintió miedo de nuevo. O bien no ocurría nada, o bien lo que ocurría escapaba a su percepción.

Se que estás asustado, pero tienes que llevarme al lugar del que has venido.

Reparo en que llevaba silla, estribos, riendas. Alguien lo había ensillado. Esperaba por el bien del humano que lo hubiera hecho, que no estuviera sobre la silla en el momento en que se había desbocado. Se encaramó a la silla de montar. Le costó. Estaba cansado y hacía siglos que no montaba a caballo. Observó su reflejo en un charco, a un lado de la vía. El casco integral y la ropa de bici contrastaban con el blanco del caballo. Recuerdos inconexos acudieron a su mente. El jinete sin cabeza, o algo así. Y el hombre del saco. El jinete sin cabeza seguramente era una leyenda (aunque él había visto cosas realmente extrañas). El hombre del saco no. Gador. Almería. El tampoco era una leyenda.

Vamos …

Como resupuesta a sus pensamientos, a aquellas palabras apenas susurradas, el caballo giró sobre sí mismo y comenzó a desandar sus pasos. En cuanto pudo se alejó de la vía, a través de un estrecho camino. El camino desembó en una pista de tierra. El caballo primero había avanzado al paso, pero tan pronto alcanzó terreno más favorable y despejado, aumento su velocidad. Al galope. Se dejaba llevar. Repartía su peso entre silla y estribos y se aferraba a las riendas. Sus sentidos, alerta, pero sin éxito. No sabría precisar cuanto tiempo pasó hasta que distinguió la silueta de unos edificios recortada en el fondo del valle. Pensó en utilizar de nuevo el pequeño catalejo, pero estaba en la mochila. Dejó que el caballo salvara la distancia que les separaba de aquel lugar. Cuando estaban a un kilómetro más o menos, el caballo frenó su galope. Al paso, se fueron acercando allí. Intuyó quizás que se trataba de un centro de equitación. A la derecha de uno de los edificios, distinguió lo que parecía una pista ovalada de arena. Y conforme se acercaban pudo ver más detalles, que aumentaron su miedo. Dos pequeños autobuses. Mimibuses o como cojones se llamaran. Con capacidad para veinte o quizás treinta personas cada uno. Eso implicaba gente. Comenzó a pensar en una excusa que justificara qué hacía allí a lomos de un caballo que no era suyo. El caballo se había escapado y el lo encontró. Que mejor excusa que la verdad. Pero no le tranquilizaba. De hecho al alcanzar por fin los edificios, al ir a rodear el primero de ellos, lentamente, el miedo explotó en su interior. Instintivamente busó la espada alojada en la espaldera. No. Lo de que el caballo se había escapado podría colar, ya que era estrictamente verdad. Pero la espada no. Si no ocurría nada (que era posible) quién le viera se iba a llevar el susto de su vida y quizás llamara a la Guardia Civil. Hay un loco en un caballo con una espada, vengan pronto.

Al doblar la esquina de uno de los edificios la vio. Parpadeó varias veces para comprobar que no era una ilusión. Una niña pequeña, de seis o siete años, quizás alguno más, vestida con el uniforme de lo que quizás era un colegio privado. Falda de cuadros escoceses, medias o leotardos negros, zapatos negros y un abrigo azul marino encima de todo. Apostaba que bajo él se ocultaba un jersey de lana y la típica camisa de vestir. ¿Qué hacía una niña tan pequeña allí sola? El caballo se negó a avanzar. Se detuvo. A diez o quince metros de la niña. Saltó al suelo y caminó hacia ella.

-Hola ¿Qué haces aquí? ¿Estás bien? ¿Te has perdido? ¿Te puedo ayudar en algo?-

Por toda respuesta la niña empezó a llorar. Llegó a su altura y se arrodilló junto a ella. Entonces supo que había cometido un error. En una décima de segundo, la niña le tomó la mano izquierda entre las suyas. Dejó de llorar y en sus rostro se dibujó una mueca de triunfo.

Dolor. Oscuridad. Era una centinela. Si, una niña de menos de diez años como centinela. Pero también una maga poderosa. Capaz de ocultar su poder. Capaz de dibujar en décimas de segundo un hechizo que le arrebatara la vida. Y aquel gesto aparentemente trivial de cogerle de la mano facilitaba el hechizo. Literalmente le estaba robando la vida a espuertas. No podía ver, ni sentir apenas nada. Le costaba trabajo hasta hilbanar sus pensamientos. Que estupidez. Iba a morir a manos de una colegiala. Recordó por un instante Irak y el Líbano. Morir a kilómetros de su casa por el hechizo de una niña. Si Dios existía ahora mismo estaba muerto de risa.

No. Le quedaba un hilo de vida. Su cuerpo se le antojaba pesado y rígido, de piedra. Pero podía mover el brazo derecho. Lentamente. Milímetro a milímetro. La espada. Venga. Otro milímetro. Vamos. Cuando su mano alcanzó la empuñadura sintió alivio y terror a la vez. ¿Tendría fuerzas para sacar la espada de su vaina? Una voz ensordecedora gritaba en su mente. No te pares. No te pares. Logró sacar la espada de su vaina. Sin siquiera ver nada era difícil no acertar a un blanco tan cercano. La espada entró en el cuerpo de la niña de arriba abajo, un poco por debajo del hombro izquierdo. Rasgó sus ropas sin dificultad. El simple contacto del metal mágico con la piel bastó para que el hechizo se interumpiera. Escuchó débil, lejano, un grito de sorpresa y de puro terror, antes de que la oscuridad le atrapara completamente.

¿Cuánto tiempo tardó en despertar? Volvió a sentir su propio cuerpo. Sobre el piso de tierra apisonada, medio de lado. Notó un peso sobre su cuerpo, lo apartó lentamente y buscó una posición más cómoda, boca arriba, antes de abrir los ojos. La visión del cielo cubierto de nubes fue tremendamente bella. Estaba vivo. En algún momento, antes de caer inconsciente, había cerrado su círculo mágico vital. Su cuerpo se autorreparaba lentamente. Entonces recordó a la niña. Giró la cabeza. Estaba a su lado. Muerta. Todavía con la espada clavada en su cuerpo, de arriba abajo, un poco por debajo del hombro izquierdo. Sangre por todas partes. Acababa de matar a una niña desarmada. Aunque fuera una experta maga. Aunque hubiera intentado matarle. Toda vida era valiosa, preciosa. Él había sido entrenado para proteger la vida. En qué se había convertido. En un asesino. Rompió a llorar casi en silencio.

lunes, 29 de enero de 2018

Calma

Lo escribo bajito. Susurrando. Llega la calma. Una marea dulce de arroz con leche. Poder dormir y que vivir no duela. Estar tranquilo, dentro de mi carácter a veces un poco brusco y abrupto.

Alcanzar la calma.

Muchas cosas vividas hoy. Pero no me he saturado. 200 ecx. Recuerdos. Sensaciones. Y un nuevo contenedor de imágenes bajo mis pulgares.

domingo, 28 de enero de 2018

Cambio a transmisión 1x10 en mi bici

(ATENCIÓN: Ladrillo sobre bicis insoportable. Si no te gustan las bicis no lo leas. O sí. Ir en bici es un deporte precioso y adictivo. Si lees esto y acabas hoy domingo en el Decathlon viendo -o comprando- bicis, me alegraré.)

A principios de los 90 me subí por primera vez a una bici con marchas. Una bici de montaña infantil, con ruedas de 24", más pequeñas que las de 26" habituales entonces. Tenía 12 velocidades (2 platos y 6 piñones). Los mandos de cambio eran escas clásicas manetas sobre el manillar, Shimano SIS -que sólo los más viejos recordarán-. Sólo el cambio del piñon (maneta derecha) era sincronizado. El plato era a fricción y a veces costaba meter el plato grande.


Me costó entender cómo usar en cambio y que marcha era la más adecuada para cada momento y para cada terreno. El plato grande para llanear y bajar. El plato pequeño para las cuestas arriba duras Además aunque la bici cambiaba razonablemente bien la precisión y suavidad de los manos no era la misma que ahora. Y aunque tenía 12 teóricas velocidades, hay combinaciones (plato grande piñón grande, plato pequeño piñón pequeño) que no se deben usar, porque la cadena se cruza en exceso o queda demasiado tensa o poco tensa. Es algo en lo que me fijo en mis paseos por Madrid y que delata a los principiantes ...

Damos un gran salto en el tiempo y llegamos a 2013. Entonces lo más de lo más, lo deseado eran las transmisiones 3x10 y 2x10. En ese año surge algo nuevo por parte de SRAM: El grupo XX1 1x11: un único plato y 11 coronas. Un espectacular cassette 10-42, que requería y requiere un nucleo especial XD. El precio también era espectacular y lo alejaba del común de los ciclistas, que adora las bicis pero tiene otros muchos gastos y no puede dejarse así porque si 500 € en piezas.


A mi me costó entender el sentido a las transmisiones 2x10 y 1x11. Ese año adquirí mi habitual compañera de fatigas, una 29" con cambio 3x10. Después si que entendí a qué venía tal revuelo. Sobre todo si tienes 3 platos, normalmente vas en el mediano (un 32 o 34 en una bici de montaña) y el grande y el pequeño se usan poco. El grande para zonas muy rápidas y bajadas y el pequeño para subidas muy duras, o subidas medias cuando estás agotado.

La idea de pasar la bici a una de esas preciosas y sofisticadas transmisiones 1x algo viene desde 2015, donde surgieron opciones digamos económicas para pasar la bici a 1x10, sólo cambiando las bielas por unas monoplato -en algún caso se pueden mantener bielas de 2 platos con un único plato- y transformando el cassette con una enorme y vistosa corona de 42 dientes. Se quita una corona intermedia y se añade la de 42. Eso si el cassette lo permite. De nuevo el precio y cambiar algo que ya funciona bien me hacían dudar.

Hasta que hace una semanas por fin decidí dar el paso. En mi caso había que cambiar algo más, porque al llevar eje de pedalier octalink (no el típico Shimano o Sram de gama media/alta hueco) además de las bielas, debía cambiar el eje.

Resumen de las nuevas piezas:
  • Bielas Sram NX. Con plato de 30 dientes que yo cambié por uno de 32.
  • Eje de pedalier o rodamientos SRAM GXP. Ojo que las bielas SRAM requieren unos rodamientos específicos, puesto que en el lado izquierdo el eje es de 22 milímetros, de menor diámetro que los Shimano que tienen 24 mm en ambos lados.
  • Cadena deore de 10v.
  • Cassette Sunrace 11-42 10v.



Con un mínimo de conocimientos de mecánica y herramientas se puede poner todo esto en casa. Si no sabes puedes mirar en libros, revistas e Internet, así he aprendido yo mecánica, además de por necesidad y placer.

Ayer me acabaron de llegar las piezas y pude instalarlo todo. Me pareció más sencillo de lo esperado y solo se me atragantó escoger la longitud de cadena adecuada.

Una vez montado y probado todo ... los pros y contras.

Pros.
  • Simplicidad. Un sólo mando de cambio y menos piezas. Utilizas todas las marchas. Es más fácil limpiar la zona del pedalier.
  • Ligereza. En una bici de gama media, con componentes de gama media no ultraligeros y ultracaros no se nota tanto.
  • Estética. Es lo más subjetivo pero personalmente la bici queda mucho más bonita y con aire de bici "pro".
Contras.
  • Como siempre el precio. En mi caso, contando también con una maravillosísima caja de herramientas como no del Decathlon, porque me faltaba alguna herramienta y otras estaban Dios sabe donde, unos 200 €.
  • Gama de desarrollos. Antes del cambio el desarrollo más largo era un 42x11 y el más corto un 22x36. Ahora, 32x11 y 32x42. Se pierde más en marchas largas (que sólo se usan llaneando o bajando) que en cortas.
  • Para una persona con pocos conocimientos de mecánica puede resultar muy complicado o incluso agobiante poner todas esas piezas o incluso elegirlas y comprarlas. Como todo en la vida nadie nace sabiendo. En mi caso llevo desde los 90 metiendo mano a mis bicis. He aprendido leyendo en revistas y libros en la era pre-Internet y por prueba y error. Alguna pieza me he cargado, pero no demasiadas.

En cuanto al tema de la mecánica, puedo recomendar alguna cosa. Fundamental usar guantes de trabajo. No te manchas las manos de grasa -que a veces cuesta dejarlas otra vez limpias- y evitas alguna posible herida si apretando o aflojando algo se te resbala la llave o la mano y golpeas algo afilado como los dientes de un plato. Si no tienes claro cómo hacer algo al 100% no lo hagas -lo digo por experiencia-. Pregunta a alguien que sepa, mira en Internet (marcas como Shimano o Sram tienen pd's en sus web que indican cómo instalar tal o cual pieza). De nuevo nadie nace sabiendo. Y si te gustan las bicis (y tu presupuesto es limitado) igual también te acaba gustando la mecánica. Un mínimo de conocimientos es muy útil cuando algo se rompe o desajusta en medio de la nada.


No hay más fotos del resultado porque acabé de noche y con poca luz ... ahora saldré a volver a probar la bici y con la luz preciosa de la mañana podre babear viendo lo bonito que queda todo. Y ya estoy maquinando la siguiente locura mecánica: poner unas bielas de doble plato 42 32 o así en la bici híbrida (con cambio en el buje de 3v) y así tener un desarrollo más corto para subir cuestas más cómodo.

Y lo mejor es que mientras montaba las piezas, por unos minutos me olvidé de la ansiedad, de la mirtazapina, del insomnio. de las movidas en el trabajo, de todo.

Buenos días y a salir en bici que hace aire y frío pero NO LLUEVE.

(Para los malpensados no trabajo en Decathlon, ni me pagan nada por citarlo ... simplemente es un lugar cercano y asequible donde comprar desde bicis a herramientas y repuestos o simplemente, en un día triste, pasar un rato viendo bicis y olvidarse de las penas ...)

XB (eXtra Ball). Fotos con buena luz.



viernes, 26 de enero de 2018

333* - 107 - 1

Ayer imaginaba mi mente, esa mezcla de enfado, nervios, ansiedad, que a veces me domina, como una locomotora. Una enorme locomotora diésel eléctrica. Una Renfe 333.

El maquinista, pequeño ante esa mole de 120 toneladas, es capaz de dirigir dócilmente la locomotora. Todo ese peso. Esos 2550 cv. Desde su cabina. Accionando cada mando.

Mi mente se me antoja estos días una locomotora desbocada. Pero sé que yo soy ese maquinista que puede hacer avanzar en marcha de maniobras esa locomotora. O bien poner el regulador en la posición de máxima aceleración. Pero solo cuando sea necesario.




*Del Audi A1 Quattro curiosamente se hicieron 333 unidades. Tiene 256 cv pero gracias a su tracción total puede transmitirlos al asfalto sin muchas pérdidas de motricidad. Ojalá consiguiera calmarme así: una combinación de mecánica, electrónica y un experto piloto al volante.



jueves, 25 de enero de 2018

Máscaras

Me siento transparente. Que todo lo que siento o pienso se me nota. No sé hasta que punto es así. En parte me da igual. En parte no. No me gusta sentirme ni mostrarme vulnerable. Frágil. Así me siento: pequeño y frágil. Como un insecto. Como una libélula.

Pero no soy tan frágil.

Me cubro con máscaras. Desde mi pelo siempre muy corto (por comodidad y facilitar en secado tras las duchas mañaneras) a mi ropa, entre sencilla, espartana y deportiva. Pasando por las cosas que "públicamente" me interesan. Ese punto de excentricidad. Extraterrestres. Bicis. Cosas con ruedas en general.

Analizar cada palabra dicha por el humano que tienes al lado es a la vez absurdo y agotador. Pero a veces me resulta inevitable. Hay muchas expresiones que se dicen o por costumbre, o por amabilidad, o por inercia. Intento ser amable, pero muchas veces sale a flote cierta brusquedad. Peco de demasiado directo. En parte porque no me gusta andar por rodeos. En parte por la ansiedad.

No soy una persona demasiado sociable (más bien lo contrario y ahora mismo relacionarme con otros humanos en general me satura. Me gustaría que alguien me abrazara. Sólo eso. Alquien con quien tuviera la suficiente confianza mutua para pedirle un abrazo y que me lo diera. Y que no fuera incómodo o forzado para ninguno de los dos, sino todo lo contrario.Pero ahora mismo las únicas personas con las que tengo tanta confianza están a miles de kilómetros de aquí.

Ha pasado una semana. De muchos altibajos. Ahora mismo me encuentro no bien, muy cansado y algo alterado. Pero creo que poco a poco voy avanzando. Volver al punto de partida, a la casilla de salida otra vez no fue agradable, es una decisión que me costó tomar y aceptar. Pero ahora ya no hay vuelta de hoja. Sólo intentar que los días sean lo más agradables posibles y alterarme (de nuevo) lo menos posible.

Me cubro con máscaras. A algunas personas me gustaría decirles cómo me siento, que vivir me duele a veces. Pero a la vez, apenas tengo confianza con muy pocas personas. Y temo que esa información pueda ser utilizada en mi contra. Y a la vez me resulta violento que se interesen por mí, por como estoy. Contradicción.

Al entrar en mi gatera humana sonaba Melón Diesel en el mp3. Contracorriente.

Quien empuja a caer 
siempre quita la red.
¿Quién es quien?

[...]

Sube el telón, 
aun no acabó.
Queda voluntad, 
quedan ganas de empezar.

Máscaras.

"Y mi nuevo yo se pregunta ¿quién esta loco? Si los cuerdos son los otros, abrazo mi locura."

miércoles, 24 de enero de 2018

Altibajos

Días de muchísimos altibajos, pero en conjunto positivos. De nuevo ..

Il n'y a pas de problèmes, seulement des solutions.

De nuevo, "todo se puede solucionar".

Hoy me siento un poco distinto. A ayer y antes-de-ayer. Me doy cuenta de que soy más fuerte de lo que pensaba. Si en un día surrealista como el de ayer, a pesar de precipitarme, atacarme, un poco todo a la vez, no pasó nada (ataque de ansiedad, vamos a ser claros) a partir de ahora voy a tirar para delante seguro. Quiero decir, el fondo se aleja. Empiezo a subir, a ascender, a remontar.

Me noto diferente, más cansado y sin esa claridad mental tan extraña, ese acceso inmediato a recuerdos lejanos y casi dolorsamente precisos.

Me cuesta recordar lo que pasó en la última semana. Los agobios, los cambios de planes, la visita al psiquiatra, las idas, las venidas.

El miedo al miedo.

Volver a experimentar una situación agobiante aunque aparentemente trivial, sencilla y recordar lo sentido y vivido la última vez. Y temblar.

Que el miedo a caer no te impida volar.

Sensaciones extrañas y a veces desconcertantes, por todo lo vivido, por la nueva medicación. Pero los días buenos parece que superan a los menos buenos. Incluso en un día raro, saber ver lo positivo y seguir adelante.

Mañana es un día medio importante. Enseguida tiraré para la cama, hoy me desvelé pero fui capaz de volver a dormirme.

Los días importantes, los días difíciles lo son menos lleno de calma.




lunes, 22 de enero de 2018

The Joker (II)

Ayer me quedé dormido en el sofá unos pocos minutos viendo Batman Begins. Lograr la calma suficiente para quedarme dormidito en el sofá fue todo un reto. Pero me pude calmar (realmente no se muy bien cómo, quizás de puro cansancio).

Aunque ya había visto la película una o dos veces, se me antojó distinta. Muchos de los diálogos parecían escritos expresamente para mi (aunque no fuera verdad).

"¿Por qué caemos Bruce?"
"Para aprender a levantarnos".

"Why do we fall, sir? So that we can learn to pick ourselves up."

Dedicí crear un nuevo personaje en éste blog. Mi otro yo. Un  alter ego. Más que un héroe, un antihéroe.

The Joker.

¿Por qué? Porque de nuevo estoy aprendiendo a tomarme ciertas cosas con sentido del humor. Un sentido del humor muy particular. Muy yo.

El Loco pretendería romper un muro a cabezazos. (El Loco es un Kamikaze). The Joker simplemente esquivaría el muro  o lo saltaría ... o quizás lo volara con un IED.

(Nota para un posible lector: He estado en la consulta de un psiquiatra y me ha dejado salir. Luego no estoy loco. Luego en realidad no voy a volar nada (entre otras cosas porque no sé cómo). No llaméis a los GEOS.)


The Joker es un otro yo un poco más payaso y quizás un poco más hijo de puta. Quiero decir ... malo, en el sentido de no ir completamente de cara, a pecho descubierto. No. The Joker piensa antes de hablar, piensa antes de actuar, igual se descojona de la risa e intenta escoger la opción menos mala o más sencilla o ... dependiendo del día ... la que le sale de la punta del nabo.

Pensar antes de hablar, antes de actuar. Que lo que no puedo cambiar y en realidad no tiene importancia me afecte lo menos posible. Reirse incluso de mi ansiedad.

Siento que he tocado fondo y que ahora sólo puedo ir hacia arriba. Igual de vez en cuando me pego la gran HOSTIA. Pero aprenderé a levantarme.

Buenas noches y buena suerte.

Sensación

Sobre una bici, y en general sobre cualquier cosa de dos ruedas, la rueda delantera es fundamental. Puedes bloquear la rueda trasera frenando (hasta cierto punto, si es en curva es diferente) y no tiene por qué pasar nada. Pero si "pierdes" la rueda delantera sueles acabar en el suelo. (Y toco madera que hace mucho tiempo que no me caigo).

Esa sensación. De sabor amargo y húmedo subiendo desde la boca del estómago. Cuando frenando fuerte con el freno delantero notas y escuchas como la rueda está a punto de bloquearse. O cuando bajando rápido por una pista, pisas algo que no has visto bien, una piedra, un surco hecho por el agua de la última tormenta, una zona de grava imprevista, y la bici protesta, sacudiendo el manillar. Lo siguiente puede ser salvar la situación ("librada") o caerse.

Son semanas de muchos altibajos anímicos, con o sin medicación de por medio. Y cada vez que me vuelve la ansiedad, cada vez que me vuelven las ganas de llorar, los nervios infinitos, recuerdo esa sensación sobre la bici. Cuando estás a punto de caerte o esquivas algo con un golpe de manillar en el último momento. Sobre la bici soy prudente y lento. A más velocidad, más posibilidades de cometer un error y caerte. En la vida es diferente. Estoy aprendiendo a que las cosas me afecten menos. Recompongo mi chubasquero, mi coraza. Vuelvo a estar bajo la lluvia.

Algún día tendré que volver a estar bajo la lluvia. Y ahora estoy de nuevo bajo la lluvia. Con barro en las zapatillas y en la cara. (Traducción > lluvia / barro / arena = ansiedad)

Reconocer que no me encontraba bien y que de nuevo necesitaba ayuda me costó mucho, en esfuerzo mental, pero poco en tiempo. Es un primer paso. Ahora de nuevo logro dormir bastante bien (hoy sonó el despertador y estaba dormido, por primera vez en un mes). En parte gracias a mi nueva amiga y aliada la Mirtazapina. En parte gracias a mi mismo.

Vuelven las cuestas arriba. Pero ahora me conozco mejor. Y además para subir la-madre-de-todas-las-cuestas (que es como se me antoja mi vida alguno de estos días, porque vivir duele) tengo un nuevo cassette 11-42 10v. No hay cuesta que se resista a esa descomunal corona de 42 dientes.

Lo repito mentalmente: Voy a salir adelante. Voy a subir la cuesta. La calma es más fuerte que la ansiedad. NO PUEDO CALMAR LA TORMENTA PERO ME PUEDO CALMAR A MI.



domingo, 21 de enero de 2018

The Joker (I)

El Loco: -Pero ¿a qué estamos jugando?-

The Joker: -Da igual. Puede ser divertido-

EL: -¿Qué sentido tiene respetar las reglas del juego si algunos no las respetan?-

TJ: -No puedes controlar lo que hacen los otros. Sí lo que haces tu. Sí cómo todo esto te afecta-

EL: -¿Qué es lo que sugieres?-

TJ: -Que mires primero por tí.-

EL: -El camino será largo-

TJ: -Un camino de mil millas empieza con un solo paso.-

EL: -Pero me faltan muchos pasos-

TJ: -Ya recorriste ese camino una vez-

EL: -No sé si podré volver a hacerlo-

TJ: -Sólo hay una manera de averiguarlo-

EL: -¿Qué manera?-

TJ: -Intentarlo de nuevo_

En zona de guerra

Tomo prestado éste concepto de Life's, porque refleja en parte como me siento.

Entrando en zona de guerra, en zona de conflicto. Conflicto mental, anímico, no bélico. Para mi la zona de guerra es cualquier lugar físico que implique relacionarse con otros seres humanos. Ahora mismo es cómo me siento. Complicado porque hay seres humanos casi en todos lados y mi actividad diaria (trabajo, hacer la compra, ver a la familia etc) pues implica relacionarme con seres humanos. Y hoy por hoy, día X4 (hoy será X5) tomando mirtazapina y, todavía, sin ser demasiado dueño de mis emociones, soy muy sensible a ruidos y voces humanas. Si en ese momento no me siento bien (y ahora hay más momentos en los que me siento mal que en los que me siento bien) me pueden llegar a saturar completamente con sus conversaciones infinitas y muchas veces triviales. Hablar todo el rato y no decir nada.

Eso lo sentí ayer, y sobre todo el jueves y el martes.

Ya he vivido una situación muy parecida, con ansiedad y tratamiento para ella de por medio, aunque fuera otra medicación y otro profesional (psicólogo en lugar de psiquatra) el que me tratara. Entonces, desde que empecé a encontrarme no-bien y pedí ayuda, hasta que logré estabilizar el sueño (poder dormir) y que relacionarme con humanos no me resultara desagradable, pasaron 5 meses. Claro que tardé 2 meses en ver a un psicólogo (la Seguridad Social y sus listas de espera) y ahora ya lo he visto. Quizás eso acorte el periodo de estar no bien. No me importa tener que tomar medicación. Es un mal menor. Ya he asumido que no me encuentro bien (algo difícil de asumir porque implicaba VOLVER A PASAR POR TODO ESTO) y es muy duro. La duda es cuando volveré a estar medianamente bien. Durmiendo bien o razonablemente bien y pudiendo llevar una vida más o menos normal, sin tener que ir con el casco y el chaleco antimetralla puestos, como un soldado de las Naciones Unidas en zona de conflicto.

Voy consiguiendo dormir más o menos lo que debo, supongo que gracias a la mirtazapina que tomo cada noche. Y si estoy en un lugar tranquilo y silencioso me suelo encontrar más o menos bien. Pero en la zona de guerra no. Ahora he de ir reconquistando el terreno que me ha robado la ansiedad. No con infantería, blindados, apoyo aéreo, sino con ejercicios de respiración para calmarme y psiquiatra. Supongo será una batalla larga, no La guerra de los seis días. Y a veces dudo si yo podré con la ansiedad. Pero si una vez vencí esa batalla, no veo por qué ahora, que soy 3 años mayor y me conozco mejor, podre volver a derrotarla de nuevo.

Si fuera un soldado virtual iría en bici, por supuesto y como ahora en mi estado de ánimo hay baches como cráteres, hoy escojo una buena bici de descenso, para pasar por encima de todos esos baches, piedras, zanjas, cortados ....


Buenos días y buena suerte.

sábado, 20 de enero de 2018

Day 2


Wasting my time and the pain makes it easier
Out every night with the emptiness inside
You have gone home and you took every piece of me
I close my eyes I think I saw it in your face
Falling too deep
Yeah Yeah falling too deep
But I don't wanna feel this way
A Day to repeat a day to live over and over again

Day to repeat a day to live over and over again

Constant Delay still the pain makes it easier
Pattern repeats but I will break it up this time

I'll be so far away yet closer than I've ever been
Eyes open wide and now I see it in your face

Falling too deep
Yeah Yeah falling too deep
But I don't wanna feel this way
A Day to repeat a day to live over and over again

Day to repeat A day to live over and over again

Falling too deep
Yeah yeah falling too deep
I've waited for this moment not to fade
A Day to repeat a day to live over and over again

Day to repeat a day to live over and over again

A Day to repeat a day to live over and over again

Day to repeat a day to live over and over again

Readymade / Day 2

Contradicción

Ahora mismo me siento muy solo. Me gustaría que alguien me abrazara y me dijera "todo va a salir bien". Sin embargo, a la vez soy más sensible de lo habitual (y aun estando anímicamente bien soy sensible) y la sensación o deseo que prevalece sobre los otros la mayor parte de los días es.

No quiero ver a nadie. Ver me da un poco igual. Escuchar un poco menos. Me saturo muy fácilmente estos días y sólo me apetece estar solo y en silencio.

Es decir, puedo estar incómodo rodeado de gente o solo.

Contradicción.

Y si ayer dije blanco
y mañana de un salto me he pasado al negro.
No lo veas extraño
aun ando buscando
donde me quedo.

(Bunbury - Contradictorio)

Que desastre.

Sé que esto pasará, pero no se cuando y estoy cansado de estos altibajos, de la incertidumbre de cómo me encontraré mañana o pasado.

El silencio.

Las conversaciones vacías donde no se menciona lo que se quiere decir o preguntar. La falta de comunicación.

Herramientas para reparar averías .... Lugares para llevarlas. Y para mis bicis hay piezas de recambio, pero no para mi.





viernes, 19 de enero de 2018

Uprising*

(continuación del post "camisas de once varas")

Al final conseguí dormir más o menos. No toda la noche pero si más que otras veces. En la ducha pensaba cómo me había sentido ayer y lo mucho que me afectaban estímulos sonoros externos, sobre todo voces y ruidos humanos. Así que para "no ver a nadie" decidí recurrir a un viejo as en la manga.


En realidad no acortaba mucho el trayecto, pero sí que minimizaba el tiempo en el cercanías. Que en sí no tiene nada de malo. Salvo que sirve para transportar humanos. Humanos que hablan y hacen ruidos. Sobre la bici sólo me sentía, me oía pensar a mi mismo. Y eso en parte me tranquilizaba. El ruido del aire en los oídos. El familiar tacto de los puños, manetas de freno.

En un transbordo vinieron 2 trenes seguidos cuyo destino no era el mío. Quizás había algún tipo de indecencia así que opté por subir al segundo tren y en la "Y" bajarme e improvisar.
En la noche.

En la oscuridad.

Un trozo de carril bici paralelo a la carretera pero protegido por un guardarrail. En la oscuridad solo rota por la luz delantera de mi bici y los faros de los coches, mucho más rápidos que yo u que me sobrepasaban al otro lado del quitamiedos.

Alcanzar la zona iluminada, la población, fue como una metáfora. Salir de la ansiedad y alcanzar la 
calma.

Recordé una canción de Los Elefantes:

Volvió la luz, después de la oscuridad.
Volvió la luz, con sus destellos.



Llegué a mi destino y más o menos calmado. Y así empezó el día.

Temía encontrarme como ayer. Empecé el día de puntillas, intentando no despertar al dragón anterior. En general la jornada de trabajo se me hizo larga, pero no desagradable. Tampoco agradable. Neutra.

A la vuelta, camino a casa, el cercanías estaba más lleno de humanos. Entre ellos, tipos silbando y dando golpes en el suelo con la garrota o bastón. Vamos, algo muy agradable. Aún así, no me sentí como ayer. Y tenía mucho miedo a volver a sentirme así.

*Uprising es (o era, creo que ya no se vende) una bici cañera de Evil Bikes (como no podía ser de otra manera). También significa revuelta o revolución. Lo que pasa ahora en mi mente y fuera de ella. Intentar cambiar, evolucionar, mejorar. Mi forma de pensar y de sentir. Aunque ahora todo me cueste horrores.

Buenas tardes y buena suerte.

jueves, 18 de enero de 2018

Vulnerable

No me gusta mostrarme vulnerable. Ni sentirme vulnerable. Tan frágil que cualquier detalle puede romper mi equilibrio emocional.

Faro

De la Wikipedia.

Un faro es una torre de señalización luminosa situada en el litoral marítimo, como referencia y aviso costero para navegantes.

Así se iba a llamar el post.

Pero ayer se me antoja a años luz de hoy, de ahora.

Ésta semana he mostrado mis sentimientos y "mi mal", llámese ansiedad o lo que sea, demasiadas veces. Ni me gusta desnudarme físicamente ni anímicamente. Y han sido demasiadas veces.

Pero ayer fue un gran día. Ayer tenía las fuerzas que no tengo hoy. Y supongo que la nueva medicación, que igual me provoca algún efecto secundario o necesito un periodo de adaptación, tiene que ver.

La memoria super precisa de éstos días ha desaparecido y ya sinceramente, no recuerdo todos los detalles.

Se que me fui a la cabecera del tren, porque tocaba concentrarse (vamos a centrarnos ha sido una frase repetida varias mentalmente y hasta de palabra ayer y hoy) y no quería ver a nadie. De nuevo, la gente que habla y habla me desespera.

En un transbordo largote me medio perdí, pero pude encontrar el andén correcto de la linea de metro correcta.

Y una vez salí de la boca de metro -más que boca de metro, intercambiador-, me orienté bastante bien.

Menos de un día después volví a pasar por allí, pero en coche, y con un destino distinto.

Llegé al hospital y, si bien no entré por la puerta que implicaba el camino más corto, si que supe preguntar y llegar a la admisión.

A partir de ahí, me senté en un asiento pegado a la pared, y tras una espera muy corta, tras atender a uno o dos pacientes, la psiquiatra me llamó.

Tanto el interior del hospital -por fuera es muy feo y casi asusta- como de la consulta eran agradables. Iba con mi chuleta (escrita hacía dos días tumbado en la cama junto a Marco) en una pequeña libreta. Pero no me hizo falta. Le conté cómo me sentía, ella me hizo bastantes preguntas. Al final salí de allí con una cita para unas semanas después y una nueva medicación.

Volvemos al dopaje diario. Como en Octubre del 2014.

Hoy estoy medio triste y agobiado y se que cómo veo la realidad y hasta como percibo mis recuerdos está afectado por ese estado de ánimo. Pero se que estoy en el camino. Que pedir ayuda me ha costado menos que la última vez. Y que le he contado "mi vida" (lo que me pasa) no solo a una médico y a una psiquiatra, sino a una persona que en parte es una extraña, pero que se ha acabado convirtiendo en una amiga.

Salí de allí, de nuevo sin perderme. Memoricé la forma más rápida de entrar -se anda más rápido y con menos posibilidades de perderte por fuera del hospi que por dentro- aunque ahora no se si la recordaría. Y me fui para casa. Muy alegre. Casi eufórico. Lo opuesto a cómo me siento hoy. Pero he tenido mis días buenos y mis días menos buenos. Y se que voy a salir adelante. Pero este retroceso me duele.

De nuevo en la arena.

Buenas noches y buena suerte.

Camisas de once varas

Como he dicho en voz alta alguna vez ...

Hoy no era el día.

Las ganas de ayudar muchas veces superan a mis posibilidades físicas y anímicas. Y hoy estoy muy cansado y muy frágil. (Y me meto en ... camisas de once varas).

Me pregunto dónde está la energía y la euforia que sentí ayer al salir del psiquiatra. Si ayer fue un día muy positivo y no demasiado agotador, hoy, como antes-de-ayer, ha sido cansado y frustrante.

Se que todas las sensaciones son subjetivas, y que éste no es mi mejor momento. Quizás juntar demasiadas cosas en la misma semana no ha sido lo más acertado. Pero sé que ya estoy en el camino.

Relacionarme con personas (especialmente si hablan constantemente) me satura intensamente y más en días como los de hoy.



Hoy he vuelto al barro. Al BARRO. Cansancio, saturación, tristeza, sensibilidad máxima a ruidos y voces. Se que voy a salir de aquí pero hoy me siento bastante mal. Me temo que ayer reboté hacia arriba y hoy he rebotado hacia abajo.

Pero a pesar del barro todavía me mantengo en pie. Sobre la bici. Como dice Bunbury: "sigue dando vueltas si aguantas de pie."

De hecho, llegar a casa y cenar me ha hecho sentir mejor. Recargar un poco mi escasa energía anímica y alejar un poco las lágrimas.

lunes, 15 de enero de 2018

Caprichos (17) Un sueño dentro de un sueño.

Actualizado con audio el 10.01.2019

“Siempre podrás ir a ese lugar. A tu refugio interior. Un lugar que sólo existe en tu mente y que nadie más conoce. El mío es una casita perdida en las montañas. En realidad ni siquera recuerdo bien cómo es la casa. Sólo se que el paisaje es precioso y que no hay ningún humano en kilómetros a la redonda. Pero si un precioso pastor alemán. Cuando siento que no puedo más, me refugio allí. El silencio y la suavidad del pelaje del perro lo pueden todo. Lo curan todo.”

Recordó las palabras de Silvana. No se sentía bien. Los nervios le devoraban. Pensó cómo sería ese refugio interior. Una especie de hangar. Lleno de preciosas máquinas de volar. Aviones y helicópteros. Quizás una especie de museo. Como aquel que tantas veces había visitado en Cuatro Vientos. Y en un rincón, un saco de dormir. Dormir allí, despertar rodeado de aquellas máquinas tan seductoras. Acariciar sus fuselajes en pijama. Junto al saco de dormir, un ordenador portatil. Tranquilidad, paz, aviones, helicópteros y un ordenador. ¿Qué más podía necesitar?

Entonces un elemento inesperado apareció en su ensoñación. Ella.

Silvana.

-¿Puedo dormir a tu lado? Necesito que me abracen.-

Dormir abrazado a ella. Notar su calor, el murmullo de su respiración. Acariciar su pelo cobrizo. Que ella acariciara su pelo castaño casi negro, siempre muy corto.

Una emoción intensa, demoledora, profunda, recorrió todo su ser. Rompió a llorar de alegría.

Entonces despertó.

-No es un sueño. Necesito que me abraces-

La voz de Silvana. Suave, ligeramente quebrada. Hipnotizadora. No creía en sirenas. Pero si en verdad existían aquellas criaturas mitológicas, seguro que su voz era idéntica a la de Silvana.

Dulcemente le abrazó. Se abrazaron.

Emoción

Intento recordar, contemplar, lo vivido y sentido desde finales de diciembre hasta ahora, desde un punto de vista neutro. Porque simplemente recordar como me siento, o algún momento en concreto que ha disparado mi ansiedad, me desestabiliza y me hace volver a ese instante y a esas sensaciones una y otra vez.

Pero hoy es diferente.

Me he sentido a la vez, avergonzado, desnudo anímicamente, vulnerable, incluso estúpido por ser como soy y por los muchísimos problemas que tengo para relaciomarme con la gente. Y expresar mis sentimientos (generalmente si son negativos, como insomnio o ansiedad). Aunque sea a alguien con quien tengo relativa confianza.

Intento ponerme en tu piel, de nuevo sin que imaginar cómo te sientes o lo que sientes, me afecte. O me afecte lo menos posible.

Hoy ha sido un día extraño, mezcla de nervios, vergüenza, alivio y calma. Si hay que tirar la piedra el primero se tira. Como un piloto del Dakar abriendo pista en medio del desierto, la primera huella sobre la arena. Si la composición de lugar inicial cambia, como la sofisticada centralita que regulaba los diferenciales de uno de aquellos WRC repletos de eléctronica, intento adaptarme al nuevo escenario, de nuevo con la menor ansiedad posible. O que un experto piloto en los complicados tramos del rallye de Montecarlo, pasando de nieve a asfalto limpio, quizás sin las ruedas más adecuadas para el terreno que piso (con neumáticos de lluvia, sin clavos, sobre la nieve).


No es tanto lo que vives, sino cómo te afecta. De momento no soy dueño al 100% de mis emociones, quizás no logre serlo nunca, puesto que soy un humano y no una máquina. Pero ni ser "maestro". Ni soportar diarreas orales ajenas, me afectaron tanto como la semana pasada. Se que soy un ser humano peculiar y demasiado sensible a comentarios que igual son bien intencionados o igual no (algunos igual igual no, pero vamos, por lo menos se racionalizar el por qué de ellos y no saltar como un perro de presa inmediatamente y responder con mi lengua -mis palabras-, que puede ser rápida y cortante).

Las piedras.

En el parque habitual pensaba en aquella frase "las piedras no se pisan, o se esquivan o se saltan". A veces es inevitable pisar piedras. Pero intento verlo como un reto (subir por grandes rocas como un piloto de trial). O como un aprendizaje. Si, quizás pinche o desllante al pasar demasiado rápido por una bajada muy pedregosa. Pero la próxima vez quizás sabré afrontarlas mejor. O a escoger un neumático más ancho y robusto tipo descenso. Y mientras, aprendo a reparar un pinchazo (con un moco quizás).



Una vez más escribiendo cómo me siento, a medio desvestir, tras un pequeño paso por la cama. Porque necesitaba unos minutos de descanso. Y, por una vez, el sentimiento predominante es la paz, la calma.

Siento que estoy en el camino. Que será largo. Pero sé donde quiero llegar. No cómo llegar Todavía.

Buenas noches y buenas noches especiales para ti.

¡GRACIAS! ¡BUENAS NOCHES!

domingo, 14 de enero de 2018

Noche

De no haberlo vivido se me antojaría una especie de sueño o quizás una pesadilla. Recorrer en bici lugares a veces desolados, a veces en plena oscuridad.


No recuerdo concretamente a qué hora me desvelé definitivamente. Pero era muy de noche. Al menos no llovía y pude hacer lo que me había apetecido otras muchas noches infinitas de desvelos: salir a rodar en bici. Me encanta esa sensación de recorrer la ciudad cuando la mayor parte de sus habitantes duerme.

La temperatura era fría, pero forrado de ropa y con apenas mi (gran) nariz a la vista, apenas tenía frío. Mis piernas estaban algo cansadas así que acorté el camino hasta un destino escogido casi al azar mediante el habitual cercanías (UT 465 en doble composición). El mismo lugar la madrugada de un domingo, la misma estación, era completamente diferente. El convoy estaba casi desierto y de fondo se escuchaban risas y conversaciones etílicas. En Cantoblanco Universidad volví a rodar. De día me oriento bien, pero de noche y en sitios poco iluminados, me cuesta. Aun así encontré el camino más corto desde la estación hasta el carril bici de la carretera de Colmenar. Que no recuerdo haber recorrido de noche. Una vez en plena oscuridad si que hubiera necesitado una luz delantera más potente. Porque me costaba ver los límites del carril bici. Tanto que pasado El Goloso me di media vuelta y regresé de nuevo a la civilización en cercanías.

Rodar en bici al menos me sirvió para que lo que quedaba de noche -en invierno amanece muy tarde- pasara más pronto y para dejar un poco de darle vueltas a la cabeza. Ir en bici siempre me sienta bien.

Semana agotadora pero bonita. Y la próxima, también será importante.

viernes, 12 de enero de 2018

Torbellino

En medio de un huracán. Del que no puedo escapar. Porque ese huracán soy yo mismo.

Ha sido una semana muy cansada, agotadora, pero a la vez muy bonita. Se que si soy capaz de controlar mi ansiedad (cosa que llevo intentando prácticamente desde los 16 años ... ¡aunque no sabía que eso se llamaba ansiedad! Épocas de nervios, de sensibilidad extrema, de insomnio y de estados de ánimo opuestos y casi simultaneos he tenido casi hasta donde alcanza mi memoria precisa y caprichosa) mi vida será más cómoda y más fácil y a la vez me atreveré a hacer cosas que ahora me dan miedo o apuro.

Mientras escribo, de fondo, en la televisión, el resumen de hoy del Dakar. Mi vida se me antoja una especie de Dakar. Una carrera de resistencia. Porque muchas veces ser como soy, los nervios, no poder parar de pensar un instante, no ser capaz de dormir apenas nada, me agota. A veces me quedo empanzado en mi propio desierto de arena. Pero he aprendido a pedir ayuda. Me costó más de diez años. Ahora en cambio en poco más de una semana me di cuenta que me sentía mal y que no era capaz de calmarme por mis propios medios. Es un progreso. Soy introvertido. Me gusta ser autónomo. No depender de nadie, no preguntar, seguir adelante por mis medios.

Si logré alcanzar la calma y nadar en ella, durmiendo bien y viendo la vida desde otro punto de vista, más sereno, poniendo distancia con todo y siendo un poco más dueño de mis emociones, lo voy a volver a lograr.

Siento que mi mente es una máquina que a veces funciona al 150%. Lo que es agotador. Pero a la vez, en medio de los nervios, del sueño, del cansancio, de la ira por todo y por todos, siento que pienso con más claridad y que mi memoria es dolorosamente precisa. Prefiero la calma.

Me gustaría poder pedir disculpas a todos los que he podido incomodar en mi estado de torbellino. Porque no debe ser nada fácil convivir conmigo cuando me siento así. Por eso supongo que estoy en parte solo. Por que me cuesta relacionarme con otros humanos. Y porque muchas veces no tengo ganas de ver a nadie.

En parte me siento culpable de sentirme así y yo no tengo la culpa. Yo no quiero estar enfermo. Quizás debería liberarme de ese sentimiento de culpa en primer lugar

Al final sólo deseo estar tranquilo, dormir bien y disfrutar de la vida.

Me siento pequeño, como una libélula, pero se que soy grande. Y, una vez más, resurgiré de mis cenizas.

Gracias a todos los que me ayudáis a seguir adelante.

jueves, 11 de enero de 2018

Silencio

Compartir conversaciones salpicadas de silencios amables y viceversa es todo un placer. Con el interlocutor y tema adecuados puedo conversar durante minutos. Pero por lo general me cuesta mucho relacionarme, interactuar, simplemente hablar con otros humanos. Paso mucho tiempo callado en mi mundo interior.

Quizás el desencadenante (trigger) de muchos de mis momentos menos buenos (sea por ansiedad, insomnio, tristeza) pueda ser tener que relacionarme, interactuar, tener que compartir muchas horas al día (por trabajo por ejemplo). Con otros humanos. Especialmente si tienen diarrea verbal y hablan y hablan. Y sólo saben escucharse a si mismos, su letanía de quejas y negatividad.

Creo que fue un trigger en a partir de Agosto de 2014. Comienzo de los meses más agotadores y desesperantes de mi vida. Pero a la vez, los más bonitos, por conocerme y superarme y por alcanzar un estado de calma precioso.

Ahora al menos soy capaz de pedir ayuda mucho antes. Es un logro pequeño pero muy importante para mí.

Día un poco cansado pero satisfactorio.

Noche

Noche en parte complicada. De no mucho sueño, aún con la ayuda del Lorazepam. Soy humano, sensible y con tendencia a la ansiedad. Muchas cosas pequeñas o no tan pequeñas me afectan en gran medida, a mi estado de ánimo y a mi capacidad para conciliar el sueño. He de trabajar en ese sentido, para ser más impermeable.

De todas maneras, aún con sueño, estoy tranquilo. Y tengo energía (no demasiada) para un nuevo día. Marco, el gato pirata, intuye que algo me pasa, y los últimos minutos que estuve en la cama antes de que sonara en despertador, estaba a mi lado. El calor de su cuerpo, la suavidad de su pelo, sus son ronroneos, se me antoja traen casi tanta calma como una benzodiazepina.

Y por suerte, pese a tomar por primera vez una pastilla de Lorazepam entera, el despertar no ha sido complicado. Un poco de sueño pero no noto mi mente pesada ni confusa. Que es lo que tenía.

Buenos días y buena suerte.

miércoles, 10 de enero de 2018

Ansiedad. Pensamiento.

Hoy he tenido un momento de ansiedad bastante grande en la oficina, por motivos que quizás plasme en otra entrada, o quizás no.

He intentado relajarme. Estaba en la mesa, delante del ordenador, con los cascos puestos. Situación habitual. El ruido habitual de fondo, que no ayudaba, y sentía mi mente y mis emociones desbocados. He cerrado los ojos e intentado concentrarme en mi respiración. Inspirar, espirar. Sólo eso. Además he pensado o imaginado algo agradable. La ensoñación de hoy es que estaba en una especie de taller, lleno de preciosas herramientas y con un coche de rallyes en el centro. Me podía haber pasado toda la mañana en esa ensoñación. Mirando las herramientas que imaginaba guardadas en carritos metálicos con ruedas. Admirando el coche de rallyes, quizás un novedoso y precioso Citroën C3 R5.

No sé cuantos segundos he estado tal que así. Quizás menos de un minuto. Pero ha sido muy agradable y me he calmado (al menos en parte). Se que no puedo vivir en los mundos que mi enorme imaginación crea a cada instante. Pero si me gustaría ser capaz, en un momento menos bueno, ser capaz de parar mi mente, de detener el torbellino de pensamientos, quizás con una estrategia parecida.

Me he quedado con ganas de continuar un rato en esa ensoñación: entrar en el coche, acariciar el volante de carreras, la jaula antivuelco, y, tras enfudarme mono ignífugo, botines, casco, guantes, ponerme al volante del C3 R5 y salir a rodar por un tramo de pruebas.

No puedo calmar la tormenta pero ME PUEDO CALMAR A MÍ.



martes, 9 de enero de 2018

Interacción

Hoy siento que, a pesar de todo, soy una persona "normal" y que puedo interactuar y relacionarme con la gente. Incluso con personas desconocidas. Durante estos dos días a veces me he agobiado un poco, pero en general el balance es positivo. Y la vuelta a casa de hoy ha sido muy agradable.
Frío, lluvia, pero calidez. Muchas cosas por hacer y mucho ruido, pero eso es lo habitual.

El día empezó muy pronto, como diría Carrascal AL FILO DE LA MEDIA NOCHE. Me desvelé. Ante la imposibilidad de dormirme por mis propios medios después de 4 días durmiendo medio bien, recurrí al Lorazepam. Media pastilla (con el Zolpidem muchas veces hacía lo mismo). Temía que el efecto fuera muy fuerte, pero solo recuerdo que me dormí y desperté antes de que sonara el despertador.
Multitud de sincronicidades ayer. Pero desde luego estoy mucho más calmado y hay gente que no me satura.

Buenas noches y buena suerte.

lunes, 8 de enero de 2018

Colores

Hay dos colores que me transmiten especialmente calma y alegría. El aguamarina y el rosa/violeta.

Aguamarina, Me recuerda al mar y a una personita especial.


Violeta. Rosa. Me recueda a la Maglia rosa del giro. Y a Marco Pantani.

Colores. Pensar en colores, a veces vivos y otros suaves, y en bicis cañeras pero distintas (una doble de carbono tipo rally -Orbea Oiz M10 2018- y otra de descenso -Ns Bikes Soda Evo Coil 2016-) me ayuda a sentirme mejor, sobre todo en los días menos buenos. Me siento distinto. Mejor. No sé hasta qué punto es una sensación subjetiva y hasta que punto es real. Tengo ganas de hacer cosas y no estoy ni tan agotado ni tan alterado.

He logrado dormir 4 días medio bien (en torno a 6 h, que son en torno al doble que algún día de la semana pasada y de la anterior) y sin Lorazepan (que guardo como una especie de paracaídas de emergencia).

Hoy (en el trabajo) ha sido un día en parte distinto. No me considero maestro en nada, pero también se que soy capaz de hacer, incluso de explicar, más cosas de las que creo. Y a ello, aunque de forma un poco quizás desordenada (a pesar de estar un poco más calmado que la semana pasada, estoy nervioso!) me he dedicado.

A veces me visto de colores llamativos, mentalmente y en el mundo real, escojo ropa algo más llamativa de los habituales colores oscuros. Y me sienta bien.




domingo, 7 de enero de 2018

Día 3

Duermo razonablemente bien. En torno a 6h. Aunque me despierto escandalosamente pronto. Como a las 5 o 6 de la mañana. Algo un poco desesperante los fines de semana. Las noches de invierno son muy largas. Además llueve y no puedo salir en bici de madrugada si me desvelo un domingo (algo un poco peregrino pero que he hecho muchas veces en mis épocas de insomnio).

Me siento mucho más calmado. Todavía me altero con facilidad. Pero en general predomina la calma.
Intento hacer ejercicio cada día. Si llueve, bajo techo. Me sienta bien y me calma.
Ejercicios de relajación por la noche. Para mí naturaleza dispersa, lentos y hasta agobiantes. Pero creo que me hacen bien.

Todavía no he recurrido a la calma artificial. Supongo que la reservo para los días malos de verdad.

La lluvia. Aprendí a ver la lluvia como algo que limpia, en lugar de lágrimas. Pero aún así en días como estos, sobre todo la falta de luz, me afectan un poco. A la vez me apetece a veces salir de casa y aunque solo sea andar. 

El recuerdo de ayer es caminar bajo la lluvia y ver preciosas piezas de bicis en escaparates.

viernes, 5 de enero de 2018

Il n'y a pas de problèmes, seulement des solutions

Al final que te escuchen es fundamental. Al menos para mi. Y hay gente que me escucha, a pesar de que me cueste horrores interactuar con otros humanos. (Muchas gracias a los que me escucháis).

De nuevo siento que comienzo un camino muy largo. Se dónde quiero llegar (estar tranquilo y poder dormir, a la vez, crecer como persona y poder afrontar retos pequeños o grandes sin asiedad, confiar más en mi mismo) pero no cómo llegar ni que encontraré en ese camino.

Como en una etapa del Dakar que comienza hoy en Lima. Pero sin libro de ruta ni GPS.



GRACIAS, BUENAS NOCHES.

Ansiedad



Escribí hace tiempo "y ya no quise tener más máscaras". Un fragmento de El loco, de Khalil Gibrán. Pero ni siquera lo he conseguido aquí. Cada palabra, casi cada palabra de éste blog, está en clave. Tiene un significado más allá del que puede parecer a primera vista. En parte por mi pudor infinito a que alguien a quién conozca en el mundo 1.0 pueda llegar a éste pequeño rincón de la red y relacionar mi alias con mi nombre real. En parte por lo mucho que me cuesta expresar mis sentimientos digamos negativos.

Arena, barro o piedras. Ansiedad.


Ansiedad, mi vieja compañera. Hoy estoy bastante tranquilo, pero todavía conservo esa claridad mental o memoria muy precisa. Se me antoja que la ansiedad ha sido mi compañera desde quizás los 16 años. Y situaciones que se me antojaban entonces muy complicadas ... en realidad eran sencillas, pero unían mi timidez, la dificultad para comunicarme con personas desconocidas y la ansiedad.

(Ejemplo: años ha, como en septiembre / octubre de 1996 compré una tija de sillín para mi bici de entonces, de la medida equivocada. 31'8 mm. Simplemente porque no tenía un calibre para medir el diámetro interior del tubo vertical ni la otra tija para compararla, porque me la habían robado. Y al comprarla dije esa cifra ... casi al azar. Pues devolverla me costó horrores. Días enteros pensando en ello e intentando elegir las palabras que diría. Ahora hubiera comprado un calibre o a malas llevado la bici entera a la tienda.)

Después de muchos meses logrando estar razonablemente tranquilo, durmiendo bien todos los días y sin alterarme mucho por cualquier cosa, desde Noviembre pasado para acá, algo no andaba bien dentro de mi. Son pequeñas señales. Al final, hubo un desencadenante (Trigger, que es la palabra de la semana) fue todo lo que pasó y ha pasado en el trabajo. Apenas he dicho nada aquí, de nuevo. Simplemente pedimos lo que creemos es justo y nos corresponde a la empresa. Con abogado de por medio.

Me cuesta relacionarme con la gente. En parte, todo es por eso. Cualquier reunión con otros humanos, por lo general me acaba agobiando bastante. La oficina, también es un lugar a veces agobiante, porque hay mucha gente, mucho ruido. Los humanos hablan constantemente y hacen ruidos con los dedos -golpeando la mesa- y dicen, desdicen, meten y malmeten Si. es una visión muy parcial e irreal de los humanos, pero a mi la gente así en general.

Las últimas semanas han sido bastante deastrosas en cuando a ansiedad y al insomnio que suele venir de la mano. Me daba rabia volver a los días menos buenos. Aceptar la derrota. Que una vez conseguí estar bastante bien, tranquilo, ver la vida con cierta distancia y de forma proporcionada y sin que todo me alterara constantemente. Y que ese estado durara meses. Y que ya no tenía esa calma.

De nuevo, ya que yo no era capaz de lograr calmarme, con herramientas de que dispongo (básicamente hacer deporte y algunos ejercicios de relajación) tuve que pedir ayuda. Ir al médico. Me costó menos que la última vez (la primera por ese motivo) pero aun así me costó. Y desde que pedí la cita de madrugada hasta la mañana de hoy, repetí decenas de veces en mi mente lo que iba a decirle a la médico.

Ahora tengo de nuevo una calma artificial en el botiquín. Lorazepam esta vez. Una benzodiazepina. Se lo que es y las precauciones que he de tener con ese medicamento, aunque nunca lo haya tomado. De momento es un as en la manga para poder dormir, si no soy capaz por mis propios medios. Hoy he dormido razonablemente bien. Ésta noche, no lo se.

La médico me ha dado varios consejos o estrategias para intentar calmar la ansiedad. De hecho una de ellas es ¡Escribir! Cosa que llevo haciendo desde que iba al colegio. Como bien dijo La Profesora "Él escribía para desahogarse". Escribiendo me intento comprender y superar. Y ya sin mas paso a la lista:
  • Hacer ejercicios de relajación cada día. Aunque sean sólo 5 o 10 minutos. Que sea una especie de tarea diaria. Para evitar que la ansiedad se cronifique.
  • Concentarse en una sola cosa a la vez. Si estás haciendo ejercicio, concéntrate en él. Si estás comiendo, disfrutar de la comida. Evitar hacer varias cosas a la vez, lo que es habitual en mi dada mi naturaleza dispersa. Intentar no anticipar y no sufrir antes de tiempo.
  • No usar el móvil, ni otras pantallas como la televisión justo antes de ir a dormir. Mencionó que según algún tipo de estudio, exponerse a estímulos de ese tipo justo antes de ir a dormir dificulta conciliar el sueño en un 50% o así. Mejor leer.
  • Ejercicio físico moderado a ser posible cada día.
  • Lorazepam puntualmente (es una benzodiazepina .... puede provocar dependencia) y durante no más de 4 semanas para poder dormir, si no soy capaz por mis propios medios.
  • Escribir cómo me siento. (Pero sin entrar en bucle y sin recrearme en el dolor).

Todo parece bastante razonable pero va en contra de mi naturaleza dispersa. Darle muchas vueltas a las cosas, anticipar lo que podrá o no podrá ser. Y las pantallas son mi forma de comunicarme con otros humanos casi en un 100%.

Aquí empieza un nuevo camino. Una nueva etapa. Una nueva especial, como en el Dakar que tanto me gusta y que tantas veces utilizo como metáfora sobre la vida. Aunque aquí no tenga libro de ruta que me indique cómo llegar, sólo algunas estrategias. Si una vez arañé la calma, lo voy a volver a conseguir.



Buenas noches y calma para todos.