
Mientras camino hacia la estación, recuerdo instantes y sensaciones vividas y sentidas. Hoy alguien que me conoce meridianamente bien (y a la vez no me conoce) me ha dicho que debería escribir. Que es algo que podría dárseme bien. Supongo lo dice por mi forma de expresarme. Lo que no sabe, ni voy a decirle, aunque eso pudiera alimentar mi ego, es que llevo prácticamente toda mi vida escribiendo. Y que muchas de las cosas que pienso y/o siento acaban plasmadas en las páginas casi infinitas de un blog. Hoy, como en ocasiones precedentes siento energía en mi interior. Y tengo ganas de hablar y casi de maullar (miau miau).
Pero, a diferencia de lo que ocurría en situaciones similares, aunque cansado, me siento bien, he dormido muchas horas -lo repito constantemente pero es algo importante para mi. Además, melatonina a parte ya no tengo ninguna ayuda química en el botiquín-. La calma es más intensa que esa energía desbordante y arrolladora. Energía casi eléctrica, como los 3000 V de continua que impulsan la habitual
UT 465 desde la que escribo. No tengo datos así que como antaño, escribo en lugar de en la red, en un simple documento de texto.
Han pasado
casi dos años desde que todo empezara. No todo. Digamos, el estallido. Vuelvo demasiado al pasado, pero fueron unos meses importantes, inolvidables a la vez
que agotadores. Se me antoja que nada ha cambiado y básicamente sigo siendo la misma persona excéntrica, tímida e introvertida. Sólo que ahora con una pequeña pátina de calma. Todo es más fluido, aunque quizás más insípido. Todavía hay cosas que me irritan, pero de forma menos intensa y mucho más corta que entonces, cuando una conversación no demasiado afortunada implicaba días de enfado, tristeza, todo a la vez. A la vez, salir de la burbuja (no demasiado) y, cuando es necesario, refugiarme en mi habitual burbuja de música, bicis, coches de rallyes e historia.
Música en mi cabeza. Un fin de semana agradable, con la agradable temperatura tibia del comienzo de otoño, con tareas e Intendencia doméstica y la compañía de Marco.
Ejercicio, horas de sueño, calma, compartir momentos con gente agradable, con la gente que me importa.
Buenas noches y buena suerte.
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Pinball dreams era un juego de ordenador de allá por los 90, sencillo, pero muy adictivo.