Hubiera echado de menos al más de ropa. Un gorro bajo el casco y guantes más gruesos, una cazadora de bici, en lugar de la chaqueta de alta visibilidad del Lidl. Pero, al cabo de unos minutos rodando, notaba menos frío.
La clase fue surrealista, como siempre. En el recreo, algunos decidieron hacer bomba de humo. Por cansancio o por hartazgo de las clases. Después de solo 50' de clase, preferí seguir en clase, aunque me fuera un poco agotador.
Volví a casa de noche. Alguien que usa una cazadora sin protecciones en una moto, me dijo la frase manida de "cuidado que no te van a ver con la bici" cuando, entre chaqueta reflectante, luces y reflectantes en la bici, era un puto árbol de navidad.
El día siguiente, el sábado, era mi cumpleaños. Fue agridulce. Que alguien decidiera hacer un viaje en lugar de comer conmigo, con nosotros. Despiste, si. Como lo vivido en junio, y en julio, y en noviembre.
Tuve fuerzas para ir a un salón precioso a ver cientos de coches y de motos clásicos. Una persona cercana y querida me llamó y me sentó bien hablar con ella.
Regalos preciosos y prácticos.
Mientras la tarde iba avanzando, y llegaba la noche, A. se encontraba mal. Fui en su ayuda, estaba preparado (más o menos) para acabar en urgencias, pero con mimitos y conversación, pudo pasar la noche. Y yo pasé la noche en el sofá cama de la casa de su ex con dos gatos preciosos al lado.
El domingo fue tranquilo, bonito y salí en bici a ver las luces, demasiada gente.
Y el lunes ... el último examen (práctico) , surrealista, ruidoso, y acabar llevando a 3 de los 4 mosqueteros a Legazpi. A ellos les quedaba un largo o muy largo camino a casa, a mí ... apenas 15 minutos.
Ya no quedan más exámenes, sólo una nota por saber. Ha sido difícil, pero asumible. La segunda evaluación, con menos cansancio y, espero, menos sobresaltos, espero que sea bonita. Debería buscar un trabajo de navidades, pero no tengo fuerzas.
Creo que voy a dar un paseo en tren bici, largo, y a estar a gusto sobre la bici. Parece un buen plan.