lunes, 15 de enero de 2018

Caprichos (17) Un sueño dentro de un sueño.

“Siempre podrás ir a ese lugar. A tu refugio interior. Un lugar que sólo existe en tu mente y que nadie más conoce. El mío es una casita perdida en las montañaas. En realidad ni siquera recuerdo bien cómo es la casa. Sólo se que el paisaje es precioso y que no hay ningún humano en kilómetros a la redonda. Y un precioso pastor alemán. Cuando siento que no puedo más, me refugio allí. El silencio y la suavidad del pelaje del perro lo pueden todo. Lo curan todo.”

Recordó las palabras de Silvana. No se sentía bien. Los nervios le devoraban. Pensó cómo sería ese refugio interior. Una especie de hangar. Lleno de preciosas máquinas de volar. Aviones y helicópteros. Quizás una especie de museo. Como aquel que tantas veces había visitado en Cuatro Vientos. Y en un rincón, un saco de dormir. Dormir allí, despertar rodeado de aquellas máquinas tan seductoras. Acariciar sus fuselajes en pijama. Junto al saco de dormir, un ordenador portatil. Tranquilidad, paz, aviones, helicópteros y un ordenador. ¿Qué más podía necesitar?

Entonces un elemento inesperado apareció en su ensoñación. Ella.

Silvana.

-¿Puedo dormir a tu lado? Necesito que me abracen.-

Dormir abrazado a ella. Notar su calor, en murmullo de su respiración. Acariciar su pelo cobrizo. Que ella acariciara su pelo castaño casi negro, siempre muy corto.

Una emoción tan profunda recorrió todo su ser. Rompió a llorar de alegría.

Entonces despertó.

-No es un sueño. Necesito que me abraces-

La voz de Silvana. Suave, ligeramente quebrada. Hipnotizadora. No creía en sirenas. Pero si en verdad existían aquellas criaturas mitológicas, seguro que su voz era idéntica a la de Silvana.

Dulcemente le abrazó. Se abrazaron.

Emoción

Intento recordar, contemplar, lo vivido y sentido desde finales de diciembre hasta ahora, desde un punto de vista neutro. Porque simplemente recordar como me siento, o algún momento en concreto que ha disparado mi ansiedad, me desestabiliza y me hace volver a ese instante y a esas sensaciones una y otra vez.

Pero hoy es diferente.

Me he sentido a la vez, avergonzado, desnudo anímicamente, vulnerable, incluso estúpido por ser como soy y por los muchísimos problemas que tengo para relaciomarme con la gente. Y expresar mis sentimientos (generalmente si son negativos, como insomnio o ansiedad). Aunque sea a alguien con quien tengo relativa confianza.

Intento ponerme en tu piel, de nuevo sin que imaginar cómo te sientes o lo que sientes, me afecte. O me afecte lo menos posible.

Hoy ha sido un día extraño, mezcla de nervios, vergüenza, alivio y calma. Si hay que tirar la piedra el primero se tira. Como un piloto del Dakar abriendo pista en medio del desierto, la primera huella sobre la arena. Si la composición de lugar inicial cambia, como la sofisticada centralita que regulaba los diferenciales de uno de aquellos WRC repletos de eléctronica, intento adaptarme al nuevo escenario, de nuevo con la menor ansiedad posible. O que un experto piloto en los complicados tramos del rallye de Montecarlo, pasando de nieve a asfalto limpio, quizás sin las ruedas más adecuadas para el terreno que piso (con neumáticos de lluvia, sin clavos, sobre la nieve).


No es tanto lo que vives, sino cómo te afecta. De momento no soy dueño al 100% de mis emociones, quizás no logre serlo nunca, puesto que soy un humano y no una máquina. Pero ni ser "maestro". Ni soportar diarreas orales ajenas, me afectaron tanto como la semana pasada. Se que soy un ser humano peculiar y demasiado sensible a comentarios que igual son bien intencionados o igual no (algunos igual igual no, pero vamos, por lo menos se racionalizar el por qué de ellos y no saltar como un perro de presa inmediatamente y responder con mi lengua -mis palabras-, que puede ser rápida y cortante).

Las piedras.

En el parque habitual pensaba en aquella frase "las piedras no se pisan, o se esquivan o se saltan". A veces es inevitable pisar piedras. Pero intento verlo como un reto (subir por grandes rocas como un piloto de trial). O como un aprendizaje. Si, quizás pinche o desllante al pasar demasiado rápido por una bajada muy pedregosa. Pero la próxima vez quizás sabré afrontarlas mejor. O a escoger un neumático más ancho y robusto tipo descenso. Y mientras, aprendo a reparar un pinchazo (con un moco quizás).



Una vez más escribiendo cómo me siento, a medio desvestir, tras un pequeño paso por la cama. Porque necesitaba unos minutos de descanso. Y, por una vez, el sentimiento predominante es la paz, la calma.

Siento que estoy en el camino. Que será largo. Pero sé donde quiero llegar. No cómo llegar Todavía.

Buenas noches y buenas noches especiales para ti.

¡GRACIAS! ¡BUENAS NOCHES!

domingo, 14 de enero de 2018

Noche

De no haberlo vivido se me antojaría una especie de sueño o quizás una pesadilla. Recorrer en bici lugares a veces desolados, a veces en plena oscuridad.


No recuerdo concretamente a qué hora me desvelé definitivamente. Pero era muy de noche. Al menos no llovía y pude hacer lo que me había apetecido otras muchas noches infinitas de desvelos: salir a rodar en bici. Me encanta esa sensación de recorrer la ciudad cuando la mayor parte de sus habitantes duerme.

La temperatura era fría, pero forrado de ropa y con apenas mi (gran) nariz a la vista, apenas tenía frío. Mis piernas estaban algo cansadas así que acorté el camino hasta un destino escogido casi al azar mediante el habitual cercanías (UT 465 en doble composición). El mismo lugar la madrugada de un domingo, la misma estación, era completamente diferente. El convoy estaba casi desierto y de fondo se escuchaban risas y conversaciones etílicas. En Cantoblanco Universidad volví a rodar. De día me oriento bien, pero de noche y en sitios poco iluminados, me cuesta. Aun así encontré el camino más corto desde la estación hasta el carril bici de la carretera de Colmenar. Que no recuerdo haber recorrido de noche. Una vez en plena oscuridad si que hubiera necesitado una luz delantera más potente. Porque me costaba ver los límites del carril bici. Tanto que pasado El Goloso me di media vuelta y regresé de nuevo a la civilización en cercanías.

Rodar en bici al menos me sirvió para que lo que quedaba de noche -en invierno amanece muy tarde- pasara más pronto y para dejar un poco de darle vueltas a la cabeza. Ir en bici siempre me sienta bien.

Semana agotadora pero bonita. Y la próxima, también será importante.

viernes, 12 de enero de 2018

Torbellino

En medio de un huracán. Del que no puedo escapar. Porque ese huracán soy yo mismo.

Ha sido una semana muy cansada, agotadora, pero a la vez muy bonita. Se que si soy capaz de controlar mi ansiedad (cosa que llevo intentando prácticamente desde los 16 años ... ¡aunque no sabía que eso se llamaba ansiedad! Épocas de nervios, de sensibilidad extrema, de insomnio y de estados de ánimo opuestos y casi simultaneos he tenido casi hasta donde alcanza mi memoria precisa y caprichosa) mi vida será más cómoda y más fácil y a la vez me atreveré a hacer cosas que ahora me dan miedo o apuro.

Mientras escribo, de fondo, en la televisión, el resumen de hoy del Dakar. Mi vida se me antoja una especie de Dakar. Una carrera de resistencia. Porque muchas veces ser como soy, los nervios, no poder parar de pensar un instante, no ser capaz de dormir apenas nada, me agota. A veces me quedo empanzado en mi propio desierto de arena. Pero he aprendido a pedir ayuda. Me costó más de diez años. Ahora en cambio en poco más de una semana me di cuenta que me sentía mal y que no era capaz de calmarme por mis propios medios. Es un progreso. Soy introvertido. Me gusta ser autónomo. No depender de nadie, no preguntar, seguir adelante por mis medios.

Si logré alcanzar la calma y nadar en ella, durmiendo bien y viendo la vida desde otro punto de vista, más sereno, poniendo distancia con todo y siendo un poco más dueño de mis emociones, lo voy a volver a lograr.

Siento que mi mente es una máquina que a veces funciona al 150%. Lo que es agotador. Pero a la vez, en medio de los nervios, del sueño, del cansancio, de la ira por todo y por todos, siento que pienso con más claridad y que mi memoria es dolorosamente precisa. Prefiero la calma.

Me gustaría poder pedir disculpas a todos los que he podido incomodar en mi estado de torbellino. Porque no debe ser nada fácil convivir conmigo cuando me siento así. Por eso supongo que estoy en parte solo. Por que me cuesta relacionarme con otros humanos. Y porque muchas veces no tengo ganas de ver a nadie.

En parte me siento culpable de sentirme así y yo no tengo la culpa. Yo no quiero estar enfermo. Quizás debería liberarme de ese sentimiento de culpa en primer lugar

Al final sólo deseo estar tranquilo, dormir bien y disfrutar de la vida.

Me siento pequeño, como una libélula, pero se que soy grande. Y, una vez más, resurgiré de mis cenizas.

Gracias a todos los que me ayudáis a seguir adelante.

jueves, 11 de enero de 2018

Silencio

Compartir conversaciones salpicadas de silencios amables y viceversa es todo un placer. Con el interlocutor y tema adecuados puedo conversar durante minutos. Pero por lo general me cuesta mucho relacionarme, interactuar, simplemente hablar con otros humanos. Paso mucho tiempo callado en mi mundo interior.

Quizás el desencadenante (trigger) de muchos de mis momentos menos buenos (sea por ansiedad, insomnio, tristeza) pueda ser tener que relacionarme, interactuar, tener que compartir muchas horas al día (por trabajo por ejemplo). Con otros humanos. Especialmente si tienen diarrea verbal y hablan y hablan. Y sólo saben escucharse a si mismos, su letanía de quejas y negatividad.

Creo que fue un trigger en a partir de Agosto de 2014. Comienzo de los meses más agotadores y desesperantes de mi vida. Pero a la vez, los más bonitos, por conocerme y superarme y por alcanzar un estado de calma precioso.

Ahora al menos soy capaz de pedir ayuda mucho antes. Es un logro pequeño pero muy importante para mí.

Día un poco cansado pero satisfactorio.

Noche

Noche en parte complicada. De no mucho sueño, aún con la ayuda del Lorazepam. Soy humano, sensible y con tendencia a la ansiedad. Muchas cosas pequeñas o no tan pequeñas me afectan en gran medida, a mi estado de ánimo y a mi capacidad para conciliar el sueño. He de trabajar en ese sentido, para ser más impermeable.

De todas maneras, aún con sueño, estoy tranquilo. Y tengo energía (no demasiada) para un nuevo día. Marco, el gato pirata, intuye que algo me pasa, y los últimos minutos que estuve en la cama antes de que sonara en despertador, estaba a mi lado. El calor de su cuerpo, la suavidad de su pelo, sus son ronroneos, se me antoja traen casi tanta calma como una benzodiazepina.

Y por suerte, pese a tomar por primera vez una pastilla de Lorazepam entera, el despertar no ha sido complicado. Un poco de sueño pero no noto mi mente pesada ni confusa. Que es lo que tenía.

Buenos días y buena suerte.

miércoles, 10 de enero de 2018

Ansiedad. Pensamiento.

Hoy he tenido un momento de ansiedad bastante grande en la oficina, por motivos que quizás plasme en otra entrada, o quizás no.

He intentado relajarme. Estaba en la mesa, delante del ordenador, con los cascos puestos. Situación habitual. El ruido habitual de fondo, que no ayudaba, y sentía mi mente y mis emociones desbocados. He cerrado los ojos e intentado concentrarme en mi respiración. Inspirar, espirar. Sólo eso. Además he pensado o imaginado algo agradable. La ensoñación de hoy es que estaba en una especie de taller, lleno de preciosas herramientas y con un coche de rallyes en el centro. Me podía haber pasado toda la mañana en esa ensoñación. Mirando las herramientas que imaginaba guardadas en carritos metálicos con ruedas. Admirando el coche de rallyes, quizás un novedoso y precioso Citroën C3 R5.

No sé cuantos segundos he estado tal que así. Quizás menos de un minuto. Pero ha sido muy agradable y me he calmado (al menos en parte). Se que no puedo vivir en los mundos que mi enorme imaginación crea a cada instante. Pero si me gustaría ser capaz, en un momento menos bueno, ser capaz de parar mi mente, de detener el torbellino de pensamientos, quizás con una estrategia parecida.

Me he quedado con ganas de continuar un rato en esa ensoñación: entrar en el coche, acariciar el volante de carreras, la jaula antivuelco, y, tras enfudarme mono ignífugo, botines, casco, guantes, ponerme al volante del C3 R5 y salir a rodar por un tramo de pruebas.

No puedo calmar la tormenta pero ME PUEDO CALMAR A MÍ.



martes, 9 de enero de 2018

Interacción

Hoy siento que, a pesar de todo, soy una persona "normal" y que puedo interactuar y relacionarme con la gente. Incluso con personas desconocidas. Durante estos dos días a veces me he agobiado un poco, pero en general el balance es positivo. Y la vuelta a casa de hoy ha sido muy agradable.
Frío, lluvia, pero calidez. Muchas cosas por hacer y mucho ruido, pero eso es lo habitual.

El día empezó muy pronto, como diría Carrascal AL FILO DE LA MEDIA NOCHE. Me desvelé. Ante la imposibilidad de dormirme por mis propios medios después de 4 días durmiendo medio bien, recurrí al Lorazepam. Media pastilla (con el Zolpidem muchas veces hacía lo mismo). Temía que el efecto fuera muy fuerte, pero solo recuerdo que me dormí y desperté antes de que sonara el despertador.
Multitud de sincronicidades ayer. Pero desde luego estoy mucho más calmado y hay gente que no me satura.

Buenas noches y buena suerte.

lunes, 8 de enero de 2018

Colores

Hay dos colores que me transmiten especialmente calma y alegría. El aguamarina y el rosa/violeta.

Aguamarina, Me recuerda al mar y a una personita especial.


Violeta. Rosa. Me recueda a la Maglia rosa del giro. Y a Marco Pantani.

Colores. Pensar en colores, a veces vivos y otros suaves, y en bicis cañeras pero distintas (una doble de carbono tipo rally -Orbea Oiz M10 2018- y otra de descenso -Ns Bikes Soda Evo Coil 2016-) me ayuda a sentirme mejor, sobre todo en los días menos buenos. Me siento distinto. Mejor. No sé hasta qué punto es una sensación subjetiva y hasta que punto es real. Tengo ganas de hacer cosas y no estoy ni tan agotado ni tan alterado.

He logrado dormir 4 días medio bien (en torno a 6 h, que son en torno al doble que algún día de la semana pasada y de la anterior) y sin Lorazepan (que guardo como una especie de paracaídas de emergencia).

Hoy (en el trabajo) ha sido un día en parte distinto. No me considero maestro en nada, pero también se que soy capaz de hacer, incluso de explicar, más cosas de las que creo. Y a ello, aunque de forma un poco quizás desordenada (a pesar de estar un poco más calmado que la semana pasada, estoy nervioso!) me he dedicado.

A veces me visto de colores llamativos, mentalmente y en el mundo real, escojo ropa algo más llamativa de los habituales colores oscuros. Y me sienta bien.




domingo, 7 de enero de 2018

Día 3

Duermo razonablemente bien. En torno a 6h. Aunque me despierto escandalosamente pronto. Como a las 5 o 6 de la mañana. Algo un poco desesperante los fines de semana. Las noches de invierno son muy largas. Además llueve y no puedo salir en bici de madrugada si me desvelo un domingo (algo un poco peregrino pero que he hecho muchas veces en mis épocas de insomnio).

Me siento mucho más calmado. Todavía me altero con facilidad. Pero en general predomina la calma.
Intento hacer ejercicio cada día. Si llueve, bajo techo. Me sienta bien y me calma.
Ejercicios de relajación por la noche. Para mí naturaleza dispersa, lentos y hasta agobiantes. Pero creo que me hacen bien.

Todavía no he recurrido a la calma artificial. Supongo que la reservo para los días malos de verdad.

La lluvia. Aprendí a ver la lluvia como algo que limpia, en lugar de lágrimas. Pero aún así en días como estos, sobre todo la falta de luz, me afectan un poco. A la vez me apetece a veces salir de casa y aunque solo sea andar. 

El recuerdo de ayer es caminar bajo la lluvia y ver preciosas piezas de bicis en escaparates.

viernes, 5 de enero de 2018

Il n'y a pas de problèmes, seulement des solutions

Al final que te escuchen es fundamental. Al menos para mi. Y hay gente que me escucha, a pesar de que me cueste horrores interactuar con otros humanos. (Muchas gracias a los que me escucháis).

De nuevo siento que comienzo un camino muy largo. Se dónde quiero llegar (estar tranquilo y poder dormir, a la vez, crecer como persona y poder afrontar retos pequeños o grandes sin asiedad, confiar más en mi mismo) pero no cómo llegar ni que encontraré en ese camino.

Como en una etapa del Dakar que comienza hoy en Lima. Pero sin libro de ruta ni GPS.



GRACIAS, BUENAS NOCHES.

Ansiedad



Escribí hace tiempo "y ya no quise tener más máscaras". Un fragmento de El loco, de Khalil Gibrán. Pero ni siquera lo he conseguido aquí. Cada palabra, casi cada palabra de éste blog, está en clave. Tiene un significado más allá del que puede parecer a primera vista. En parte por mi pudor infinito a que alguien a quién conozca en el mundo 1.0 pueda llegar a éste pequeño rincón de la red y relacionar mi alias con mi nombre real. En parte por lo mucho que me cuesta expresar mis sentimientos digamos negativos.

Arena, barro o piedras. Ansiedad.


Ansiedad, mi vieja compañera. Hoy estoy bastante tranquilo, pero todavía conservo esa claridad mental o memoria muy precisa. Se me antoja que la ansiedad ha sido mi compañera desde quizás los 16 años. Y situaciones que se me antojaban entonces muy complicadas ... en realidad eran sencillas, pero unían mi timidez, la dificultad para comunicarme con personas desconocidas y la ansiedad.

(Ejemplo: años ha, como en septiembre / octubre de 1996 compré una tija de sillín para mi bici de entonces, de la medida equivocada. 31'8 mm. Simplemente porque no tenía un calibre para medir el diámetro interior del tubo vertical ni la otra tija para compararla, porque me la habían robado. Y al comprarla dije esa cifra ... casi al azar. Pues devolverla me costó horrores. Días enteros pensando en ello e intentando elegir las palabras que diría. Ahora hubiera comprado un calibre o a malas llevado la bici entera a la tienda.)

Después de muchos meses logrando estar razonablemente tranquilo, durmiendo bien todos los días y sin alterarme mucho por cualquier cosa, desde Noviembre pasado para acá, algo no andaba bien dentro de mi. Son pequeñas señales. Al final, hubo un desencadenante (Trigger, que es la palabra de la semana) fue todo lo que pasó y ha pasado en el trabajo. Apenas he dicho nada aquí, de nuevo. Simplemente pedimos lo que creemos es justo y nos corresponde a la empresa. Con abogado de por medio.

Me cuesta relacionarme con la gente. En parte, todo es por eso. Cualquier reunión con otros humanos, por lo general me acaba agobiando bastante. La oficina, también es un lugar a veces agobiante, porque hay mucha gente, mucho ruido. Los humanos hablan constantemente y hacen ruidos con los dedos -golpeando la mesa- y dicen, desdicen, meten y malmeten Si. es una visión muy parcial e irreal de los humanos, pero a mi la gente así en general.

Las últimas semanas han sido bastante deastrosas en cuando a ansiedad y al insomnio que suele venir de la mano. Me daba rabia volver a los días menos buenos. Aceptar la derrota. Que una vez conseguí estar bastante bien, tranquilo, ver la vida con cierta distancia y de forma proporcionada y sin que todo me alterara constantemente. Y que ese estado durara meses. Y que ya no tenía esa calma.

De nuevo, ya que yo no era capaz de lograr calmarme, con herramientas de que dispongo (básicamente hacer deporte y algunos ejercicios de relajación) tuve que pedir ayuda. Ir al médico. Me costó menos que la última vez (la primera por ese motivo) pero aun así me costó. Y desde que pedí la cita de madrugada hasta la mañana de hoy, repetí decenas de veces en mi mente lo que iba a decirle a la médico.

Ahora tengo de nuevo una calma artificial en el botiquín. Lorazepam esta vez. Una benzodiazepina. Se lo que es y las precauciones que he de tener con ese medicamento, aunque nunca lo haya tomado. De momento es un as en la manga para poder dormir, si no soy capaz por mis propios medios. Hoy he dormido razonablemente bien. Ésta noche, no lo se.

La médico me ha dado varios consejos o estrategias para intentar calmar la ansiedad. De hecho una de ellas es ¡Escribir! Cosa que llevo haciendo desde que iba al colegio. Como bien dijo La Profesora "Él escribía para desahogarse". Escribiendo me intento comprender y superar. Y ya sin mas paso a la lista:
  • Hacer ejercicios de relajación cada día. Aunque sean sólo 5 o 10 minutos. Que sea una especie de tarea diaria. Para evitar que la ansiedad se cronifique.
  • Concentarse en una sola cosa a la vez. Si estás haciendo ejercicio, concéntrate en él. Si estás comiendo, disfrutar de la comida. Evitar hacer varias cosas a la vez, lo que es habitual en mi dada mi naturaleza dispersa. Intentar no anticipar y no sufrir antes de tiempo.
  • No usar el móvil, ni otras pantallas como la televisión justo antes de ir a dormir. Mencionó que según algún tipo de estudio, exponerse a estímulos de ese tipo justo antes de ir a dormir dificulta conciliar el sueño en un 50% o así. Mejor leer.
  • Ejercicio físico moderado a ser posible cada día.
  • Lorazepam puntualmente (es una benzodiazepina .... puede provocar dependencia) y durante no más de 4 semanas para poder dormir, si no soy capaz por mis propios medios.
  • Escribir cómo me siento. (Pero sin entrar en bucle y sin recrearme en el dolor).

Todo parece bastante razonable pero va en contra de mi naturaleza dispersa. Darle muchas vueltas a las cosas, anticipar lo que podrá o no podrá ser. Y las pantallas son mi forma de comunicarme con otros humanos casi en un 100%.

Aquí empieza un nuevo camino. Una nueva etapa. Una nueva especial, como en el Dakar que tanto me gusta y que tantas veces utilizo como metáfora sobre la vida. Aunque aquí no tenga libro de ruta que me indique cómo llegar, sólo algunas estrategias. Si una vez arañé la calma, lo voy a volver a conseguir.



Buenas noches y calma para todos.

jueves, 4 de enero de 2018

Nissan 370z*

Quiero que llegue ya mañana y todo vuelva a empezar. Y sobre todo quiero dormir.

*La z es la última letra del abecedario. El final y el principio se dan la mano. Z.

Buenas noches y buena suerte.

miércoles, 3 de enero de 2018

Arena


De nuevo en un mar de arena. Contar cada grano de arena a la vez sería eterno y doloroso. Porque éstos días vivir duele. Pero la arena nunca dura eternamente. Y si una vez pude salir de su agobiante abrazo, lo voy a volver a hacer.

Buenas noches y buena suerte.

domingo, 31 de diciembre de 2017

Reflexiones en un día de empanada mental (DDEM)

Siguiendo con las reflexiones propias del 31 de diciembre y de la empanada mental que llevo:

-Los objetos se poseen, las personas NO
-Con una persona compartes o tienes una relación, un vínculo. Eso no implica que el uno pertenezca al otro.
-Esas relaciones o vínculos se rompen

No soy el más indicado para hablar de esto por mi escasa experiencia en ese sentido, pero cuando te dejan de querer pero tu sigues queriendo a esa persona duele. Echo de menos esa complicidad, el cariño, que se preocupen por mi ... Y todo eso creo era recíproco. Creo. No lo puedo asegurar al 100% porque no leo mentes, solo escucho palabras e interpreto hechos y gestos. Echo de menos acariciar y ser acariciado. Los besos. Compartir placer.

Pero sigo aquí, en pie. (Aunque hay días que me cuesta mucho y temo caer y no volver a levantarme, hundirme en el barro para siempre).

Y hay gente que me quiere y se preocupa por mi.

Feliz 2018.

Mi principal deseo es DORMIR BIEN y recuperar la calma. Con eso me basta.

Tirando de la baliza (2)

A veces, incluso para un piloto cabezota e independiente (o solitario) como yo, llega el momento de tirar de la baliza.

Volver al punto de partida. Siento que es un paso atrás, volver a caer, volver a tropezar. Que todo lo vivido y aprendido en ese año largo imposible de olvidar no ha servido de nada. Se que no es verdad, o no por completo. Se que me conozco mejor y que puedo llegar a controlar mejor mis emociones. Pero vuelvo a dormir medio mal o mal directamente. Y la ansiedad, compañera durante la mayor parte de mi vida (aunque no supiera que eso que sentía fuera ansiedad) vuelve a llamar a mi puerta. A la tripa, a los ojos y a la mente. Y los muchos meses, incluso años, de calma y sueño estable, se me escurren entre los dedos como arena. Como si no hubiera existido nunca y sólo las noches infinitas sin apenas dormir fueran la única realidad.

Volver a iniciar el proceso (médico de cabecera, posible medicación, derivar al psicólogo etc) me da una tremenda pereza. Quiero decir, no me resulta agradable. Nada agradable. No me gusta sentirme vulnerable y no ser capaz de dormir. No me gusta tener que contarselo a un extraño, aunque sea un médico con el que tengo algo de confianza y cuyo trabajo es ese, curar.

Todo me resulta algo o mucho más sencillo que entonces, pero aun así es complicado. No hacer nada no soluciona nada. Así que, de nuevo, al borde de la pista, roto por dentro, tiro de la baliza.

(Como entonces una de las cosas que me alivia es pensar en motos ... preciosas motos del Dakar. Ahora ha salido una nueva versión de la KTM Rallye 450. Todavía no he leído una prueba de ella, pero supongo será una versión mejorada. Así a primera vista veo bastantes diferencias: chasis, depósitos de gasolina, cúpula. De igual manera yo soy una versión mejorada de mi mismo, aunque me quede mucho por aprender y mejorar. Por lo menos ahora me cuesta menos pedir ayuda).

Es una forma cuando menos curiosa de acabar el año. Pero ahora me conozco más o soy más fuerte, no sé cuánto, es muy difícil para mi cuantificar lo que siento.

Ahora, a intentar dormir. Buenas noches y buena suerte.



Los coches de rallyes llevan unos botones, pulsadores o tiradores, duplicados en salpicadero y capó, para el desconectador de batería (un interruptor que corta todo el sistema eléctrico y para el motor) y la extinción de incencios. En días como hoy me gustaría tener un interruptor para dejar de pensar y de sentir y dormir.


viernes, 29 de diciembre de 2017

Susurrando

Mi voz es profunda y puede ser potente. Como el ladrido de un pastor alemán. ¿Bonita? No soy yo quién puede juzgarlo, pero como el resto de mi cuerpo físico, no está mal. Muchas veces, si estoy alterado, tiendo a hablar demasiado alto. Susurrar es algo complicado para mí. Igual que hacer algo despacio, como caminar. Pasos largos, rápidos, con un punto de agresividad, pero también de determinación.

En días como el de hoy, en que no he dormido mucho, y me siento más sensible de lo habitual, frágil, vulnerable y con el ánimo desbocado, intento, como un jinete, tirar de la riendas, calmar mi tormenta interior. Ese vendaval cálido y húmedo, de lágrimas a punto de brotar. Respirar. Intentar calmar la ansiedad. Como un experto piloto de rallyes dosificando la salvaje potencia de un viejo grupo B.



En ello estoy.

Piedras y paredes. El primer impulso es pisar todas las piedras, intentar ser más fuerte que ellas, más resistente que la más dura roca. Pero ni mi mente ni mi cuerpo son de piedra, y sé que pueden dañarse o que yo mismo puedo dañarme. Paredes. En lugar de saltarlas o esquivarlas, de nuevo, ir a chocar contra ellas. Derribarlas a cabezazos. Pero, de nuevo, no soy un bulldozer. No tengo orugas ni una pala de acero.

Aprender a esquivar esas piedras o paredes (las piedras o se esquivan o se saltan, no se pisan) y a ignorar cantos de sirena o aullidos de sirenas que amenazan con acabar con mi poca concentración y frágil ánimo.

Gracias, buenos días.

jueves, 28 de diciembre de 2017

YZE 850


Desiertos de infinita arena. Noches infinitas de arena e insomnio. Pero la luz tímida de los amaneceres de invierno siempre acaba por estallar.

El azul es mi color preferido y me fascinan las motos del Dakar. Incluso en días menos buenos de muchos nervios y menos horas dormidas de las necesarias, intento buscar lo positivo, arañar la calma y sonreír.

Hoy sonrío pensando en esa preciosa Yamaha Azul y en su piloto, Stéphane PeterhanselMonsieur Dakar.

Hoy estoy blandito, un poco con las emociones a flor de piel. A veces este mundo es un lugar horrible. A veces los humanos también se me antojan seres horribles. Capaces de lo peor. Y de lo mejor. No soy perfecto, ni tampoco un desastre. Pero dentro de mis pequeñas posibilidades, y a pesar de mi carácter un poco volcánico y abrupto, intento ayudar y sacar sonrisas. Sé que no soy un ángel y mis fuerzas son limitadas.

Buenas noches y buena suerte.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Sueño

El día de nuevo empezó muy pronto (o muy tarde). No se si es lo habitual o no, pero las emociones las noto sobre todo en los ojos y en la tripa. Y ha sido una noche y un día de cansancio y a veces lágrimas llamando a los ojos y nervios en la tripa. Ahora, a pesar de todo, en mi refugio cálido y amable, con la compañía del gato pirata, un amor atigrado, todo es diferente. Durante todo el día el objetivo era llegar a la cama y dormir (algo tan sencillo y tan complicado a veces). Ahora estoy aguantando un poco, para no dormirme demasiado pronto y acabar de nuevo despierto de madrugada.

Éste blog comenzó en mi más larga época de insomnio y a la vez, ha vivido mi época más larga durmiendo estupendamente (cerca de año y medio, o puede que más). Ni la época del año, ni situaciones varias me ayudan a dormir. Pero una vez más he de intentar vaciar la mente, y descansar.

Lo que tenga que ser será. Yo tengo la conciencia muy tranquila. La incertidumbre me puede, como a todos, pero al final, arrieros somos y en el camino nos encontraremos.