Un aula. Un examen. Se me antoja hace un siglo. Pero sólo han pasado 14 años. Busco el punto de unión entre ese momento y el ahora. Yo mismo. Cómo me sentía. De febrero a junio. Del invierno al comienzo del verano. No ser capaz de dormir. No ser capaz de concetrarme (entonces, en los apuntes). Hay detalles que recuerdo con claridad y otros que no. Los blogs. Los que leía y el que creé en mayo. Marta.
Paseos en bici y fotos con una diminuta cámara digital.
Tan parecido, tan distinto.
En lugar de blog, diario. Podría buscar esos meses, pero me basta con mis recuerdos. Que son menos precisos que las palabras en un archivo de word. Pero los recuerdos llaman a sensaciones. En la tripa, en los ojos, en la mente.
Desde luego entonces me hubiera encantado tener un refugio como éste. Al menos aquí siempre hay silencio y un lugar donde escribir.

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