sábado, 3 de febrero de 2018

Madrugadas de calma e insomnio.

Llevo despierto desde las tres y media o así. No se si me voy a poder volver a dormir, aun con el efecto de la mirtazapina que tomé allá por las diez y cuarto de la noche de ayer.

Es una lata no ser capaz de dormir aunque esté muy muy cansado como lo estaba ayer. Semana de muchísimos altibajos, pero tras cinco horas de sueño todo es distinto y vuelvo a recuperar la esperanza. Al menos estoy calmado. Esa calma dulce y extraña, mezcla de la medicación, el cansancio y el pequeño grado de control que voy teniendo de mis emociones

Como era aquello que pensé y escribí ... Soldados anónimos de batallas invisibles que tienen lugar lejos del tiempo y el espacio, en el interior de nuestras mentes. Mil veces abajo, mil más arriba ... He de estar lo más tranquilo posible, intentar dormir, hidratarme y comer dentro de un poco, desayunar (la verdad es que no tengo el apetito de lobo habitual en mi). Después quizás devuelva unos libros en la biblioteca ...

Pero todavía es muy de noche. Tiene que amanecer. Y las noches de insomnio de los fines de semana, cuando no hay despertador ni trabajo al que entrar a las 08:00 se pueden hacer eternas.

La cama a mi lado, con Marco, el gato pirata tumbado en ella. Y una revista (Moto Verde de éste mes). Junto a mi cama o en mi cama nunca falta agua, música y lectura ... a veces por el placer de escuchar música o podcast en la cama y de leer en la cama. Otras como forma de hacer las noches infinitas más llevaderas. Noches como la de hoy.

Buenos días y buena suerte.

COME ON, PUSH!

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