Sería como a finales de febrero. En plena vorágine de la adaptación, de exámenes y con un cambio de medicación apenas un mes antes, por una caída tonta,
el pequeño portátil Asus dejó de cargar y luego ya de arrancar. Me dio mucha rabia porque el pequeño portátil me había acompañado desde 2016. En casa, en el pueblo y también en clase en el grado superior. Antes de que llegara el iPad.
El asus anterior era pequeño, lentito y con un teclado externo porque el suyo no funcionaba. El sustituto, pues era pequeño y lento, pero hacía su servicio.
Había curioseado portátiles reacondicionados, y decidí que entre el sobremesa y el iPad, me bastaba. Pero, justo en Semana Santa, como hace 7 años (y me parece que fue ayer) un portátil regalado y nuevo. Tiene una pantalla GRANDE y se escribe genial en él. Teclado grande. Es super nítido y creo que dura bastante la batería.
Estoy en la fase de DFN de las vacaciones. Lo necesitaba. Y el martes fue mágica la tarde cenando con Marisa.
La paz. Necesitaba descansar. Si. No hacer nada y leer. Ayer leí un libro de Pedro Delgado y lo disfruté.
Y logro salir de casa, pasear en bici. Tengo un problema con el freno trasero, que deja de funcionar, pero le pongo una pinza de la bici híbrida. El tiro del freno es distinto, pero funciona.