sábado, 29 de junio de 2019

Prueba

Ayer no tome la mirtazapina. No fue un olvido como alguna vez el año pasado, sino una prueba. He dormido genial. Y ahora también me siento bien. Sin ganas de llorar ni apenas ansiedad.

jueves, 27 de junio de 2019

Calor

Hace calor y estoy más perezoso de lo habitual. Quizás sólo necesito unas vacaciones. Como las que empiezan mañana. Pero me encuentro bastante bien. Alguna sensación un poco extraña. Descansando seguro que se me pasa. Y hace mucho tiempo que no tengo un día feo de verdad. Supongo que por eso tengo miedo a los días feos.

A pesar del calor y de esa sensación de "no saber que hacer", si que hay un montón de cosas por hacer en las vacaciones. Dormir, leer, escribir, ver series y películas. Hacer algo de ejercicio. Piscina y bici. Ir a "un lugar en el mundo". Donde hay mucho espacio y tranquilidad y frescor.

Casi peor que el calor es la gente que se queja del calor. Aunque no me agotan mucho sus quejas. Ni la rutina. Ni la gente que da vueltas a lo mismo una y otra vez.

Una pausa, vivir sin reloj.

Aunque tenga calor, el agua fría me refresca. Ya no pienso que necesite ayuda pero no me atrevo a pedirla, porque ya la he pedido. Y el resultado es precioso.

Si, repito todo esto como un mantra pero es verdad.

Series sobre DDR, música ochentera, revistas, podcast y un ordenador donde escribir.

martes, 25 de junio de 2019

CP (Comboios de Portugal)

La sensación poco a poco se va desvaneciendo. Cómo el eco que deja una nota grave de piano en el aire. Esa mezcla de calor en la cara, de nervios (ya no infinitos) de leves ganas de llorar, de ilusión, de satisfacción por los muchos y pequeños pasos dados.

Te conté un resumen de lo ocurrido desde mayo. Cómo poco a poco soy más sociable. El simple hecho de comer acompañado o esperar a un compañero en el camino de regreso a casa. Sé que tú vas a valorar mis avances.

Te hablé incluso de los detalles que se me quedaron en el tintero en mayo. Ser presidente de mesa no es un drama. Las muchas horas dormidas. La facilidad de la rutina.

Todavía necesito tu criterio para saber que el camino es el correcto. Para confirmarlo. Sé que avanzo.

Te hablé de mis miedos puntuales e irracionales a empeorar-de-verdad y acabar ingresado en psiquiatría. Cosa que no tiene ninguna base lógica.

Te enseñé mi botiquín de la suerte en el que hay casi de todo. Desde lorazepam (que es como llevar una multiherramienta o una cámara cuando voy en bici) a una linterna o lágrima artificial. Tomarlo ya no es un drama.

Si en noviembre pensaba en cuando dejar la mirtazapina y que me propusieras seguir con ella fue un pequeño drama, hoy me sorprendió que me propusieras no tomarla algún fin de semana. Por probar. Para adquirir más confianza y ver que puedo dormir por mis propios medios.

Talleres, cena, tomar algo con los compañeros. Pequeños detalles súper importantes y preciosos.

Hoy me siento muy a gusto conmigo mismo. Y el trayecto en exóticas y únicas combinaciones de medios de transporte no me resulta cansado.

Soy como un pequeño automotor diesel de CP que a veces necesita un poco de ayuda para seguir recorriendo las vías.



Mi vida.

Sólo se ser yo pero me gusta mi yo. Me gusto yo. Y es precioso.

Lectura, tripa llena, película de submarinos. Una tarde apacible.

domingo, 23 de junio de 2019

Relación

Cenar con los compañeros del taller. Tan fácil y tan complicado. Ayer me volví a sentir parte del mundo. Que lo soy. Si hace justo un año fue un reto de minutos, ayer fue un reto de horas. Y no me sentí para nada fuera de lugar. Bueno, al principio pensaba que se me haría largo, pero no lo fue.

Sigo relacionándome a pinceladas y me encanta.

Muchos relatos escritos, momentos compartidos con los compañeros. O en el trabajo comiendo y desayunando acompañado.

Y es precioso.

viernes, 21 de junio de 2019

Viernes

Los viernes son básicamente iguales pero también tremendamente distintos. Estoy un poco cansado, pero se que podré dormir muchas horas el fin de semana, incluso siestas deliciosas. Tengo suficiente energía. No me arrastro, avanzo. Estar rodeado de gente no me agota. A veces me saturan un poco con sus infantilidades, pero nada más. A pìnceladas me relaciono con gente. Tomar algo con los compañeros de trabajo. Comer y desayunar acompañado. Salir un poquito a que nos de el aire tras unas horas en la oficina. Los talleres. La gente que antes estaba al otro lado de la pantalla y ahora son parte de mi vida.

Pensando en nuevos relatos, en el fin de los talleres. Pero en Octubre empezaré otros. Tengo ganas de hacer cosas.

Avances pequeños e importantes y preciosos. Si, todavía tengo miedo de los días menos buenos (que siempre he superado) y de no dormir y de la ansiedad.

Buenas tardes y buena suerte.

Y la espalda no molesta y el hombro apenas. Poco a poco, destellos pequeños y preciosos lo van llenando todo. Colores.


domingo, 16 de junio de 2019

Semanas

Casi una semana sin escribir aquí. Porque ya no me es tan necesario. Las semanas pasan de forma suave y fluida. Sin sobresaltos. Sin ganas de llorar ni ansiedad. Y casi sin molestias.

El poder de las cosas pequeñas, como tomar algo con los compañeros de trabajo al salir de la oficina. Casi en una vida anterior hacía algo parecido. Comiendo pizza alguna vez.

Avanzando. Día de descanso, motos y relatos.

lunes, 10 de junio de 2019

Días

Un androide que repasa sus sistemas mecánicos e informáticos en busca de posibles daños. Algo así.

Del cuerpo apenas me molesta un poquito el hombro izquierdo.

El estado de ánimo es bueno. Lo escribo bajito. Sin ganas de llorar. Duermo muchas horas. No me satura estar rodeado de gente, ni los trayectos ni las esperas.

La temperatura es ideal. Hace sol pero no calor. Un autobús. De vuelta a casa. El día no sé me ha hecho largo ni agotador. Todo es más sencillo. Y me encanta.

Mi yo actual me gusta más. Pero mi yo pasado tampoco estaba mal.

Dos relatos en mente. Citas con médicos varios en las próximas semanas, pero ya apenas me alteran.

viernes, 7 de junio de 2019

Jinete de dragón

Arrebujado bajo el edredón nórdico, Bruno escuchó cómo alguien golpeaba suavemente la puerta del balcón.

-No estoy-Susurró.

La puerta se abrió con lentitud.

-Buenos días Míriam-Dijo sin salir de su escondite.

-¿Ahora ves a través de las cosas?

-No. Pero sólo un hada entra por un balcón.

-Chico listo. ¿Has podido dormir algo?

-No.

Sacó la cabeza de debajo del edredón. Míriam se había sentado en el borde de la cama. Vestía una elegante túnica en tonos azules, a juego con su pelo. Podría pasar por una humana, a no ser por las alas delicadas y translúcidas de su espalda.

-Te he traido algo de desayunar. Bizcocho y, además, un regalo.

-Gracias. Pero no tengo apetito.

-Tienes que comer algo.

Míriam tomó su mano derecha entre las suyas.

-Vamos, todo saldrá bien.

-Sigo teniendo vértigo.

-Lo harás bien. Vienes de una familia de expertos jinetes de dragón.

-Y yo soy el único con vértigo.

-Quizás pueda ayudarte.

-No, por favor.

Cerró los ojos. Ignorando sus palabras Míriam le tomó en sus brazos y salió volando a través del balcón. Con suavidad, le depositó en el jardín de la casa-árbol, tres pisos más abajo.

-No ha tenido gracia.

Temblaba cuando abrió los ojos. Míriam estaba seria, quizás, apenada.

-Lo siento. No era mi intención ...

-Lo se. Tengo que vestirme o se me hará tarde. ¿Y si me das el regalo por la tarde?

-Está bien. Pero tienes que comer algo – Míriam le tendió un bizcocho envuelto en papel de estraza.

-Lo intentaré.

Bruno desapareció en el interior de la casa-árbol. Míriam se quedó un instante mirando la puerta. Decidió marcharse con un sutil vuelo, para no poner más nervioso a Bruno.

En un mundo salpicado por pequeñas islas flotantes, los dragones voladores eran esenciales. Bruno procedía de una estirpe de famosos jinetes de dragón. Pero a él, las alturas le aterraban. Incluso vivir en lo alto de una casa-árbol, se le hacía difícil.

Había asistido multitud de veces al inicio del curso de jinetes de dragón. Pero, en aquella ocasión, era diferente. El era uno de los futuros aprendices. No un mero espectador. Bruno hubiera dado un año se su vida por volver a la seguridad y calidez de su cama.

Sintió que aque no era su sitio. Rodeado por otros alumnos, que charlaban entre animados y nerviosos. El patio de suelo de piedra, las murallas y torres que lo rodeaban le impresionaban. Él no era como los demás. Desde niño. Las alturas de aterraban. Los árboles, los precipicios. La sola idea de volar en el vacío a lomos de un dragón volador le producía escalofríos.

Una serie de gritos y carcajadas nerviosas le sacaron de sus pensamientos. Los dragones sobrevolaron el patio, hasta por fin decidirse a aterrizar ordenadamente en un extremo. Cómo si se tratara de un rebaño de ovejas, dos enormes dragones púrpura, guiados por expertos jinetes se encargaban de mantener agrupados a los dragones.

Tan pronto hubieron aterrizado, uno de los alumnos se acercó tímidamente a los dragones. Otro le imitó. Dragones y humanos se observaban. Un instante mágico. Poco a poco, todos los alumnos escogieron un dragón. O quizás, fue al revés. Cada dragón escogió un humano. ¿Todos?

Bruno seguía inmóvil en el otro extremo del patio. Intentó recordar si había visto algo parecido. Sus ojos se inundaron en lágrimas. Pero ...

Una sensación cálida estalló en su mente. Escucho una voz que le llamaba. Cálida y firme. Una voz en su mente.

-Te estaba esperando.

Notó un aliento cálido en su cuello. Giró la cabeza. A su lado flotaba un precioso dragón púrpura. Sintió amor y complicidad infinita.

-Es hora de volar.

Bruno sintió los ojos del resto de alumnos clavados. Mientras ellos se habían limitado a susurar, acaridiar, admirar a los dragones, él se había encaramado al lomo del pequeño dragón púrpura. Desplegó sus alas y, con un pequeño impulso de sus poderosas patas traseras, levantó el vuelo. Desde el suelo, el resto de alumnos y sus dragones les miraba embobados.

Invisible a ojos humanos, Míriam contempló la escena emocionada. Desde el cielo. 

-Sabía que podrías hacerlo.

Avanzando

Despacio. Con cambios sutiles pero importantes. Quizás con el silbido de las cajas de cambio de carreras. O con pequeños ajustes al mando que reparte la frenada.

Sonrisas. Calma. Pensamientos chulos. Muchas horas dormidas. Conocer mejor mi cuerpo (y sus inevitables molestias). Y mi mente.

Vivir, cuando los días y los minutos fluyen de forma apacible es precioso. Aunque todavía me saturen las personas que hablan por llenar los silencios.

miércoles, 5 de junio de 2019

Trayectos

De acá para allá. De norte a sur y viceversa. En metro, cercanías, autobuses. Y se me hacen llevaderos. No me agobian ni los minutos ni las esperas, ni tampoco la gente con diarrea verbal.

Trabajo, talleres, rehabilitación. Descanso. Ejercicio. Series y bicis. Lectura

Hoy apenas me molesta el hombro. Frío, crema e Ibuprofeno han hecho milagros. En unas horas, cuando esté de vuelta en casa me volveré a poner frío.

Todo es más suave, más sencillo, más amable.

Hoy me costó escribir horrores y vengo a escuchar. Escuchar es precioso y se aprende.

Es el cumpleaños de Ágata. Un amor de mujer que es parte importante de mi vida.

sábado, 1 de junio de 2019

Descanso

Dormir muchas horas. Leer. Escribir. Aunque de abril para acá, me cuesta escribir. Pero es precioso imaginar nuevos relatos en lugar de repetir pensamientos feos a cada poco. Y no tener molestias. La espalda no molesta, ni el cuello, ni tampoco las rodillas. Si acaso el hombro izquierdo un poco. Que es un latazo porque me pregunto si algún mes no tendré dolores, pero es una molestia pequeña.

Es preciosa la calma. Sólo eso. Tener calma. Que vivir no duela.