Compartido.
Recuerdo cuando di mi primer beso. Fue en una Semana Santa. De hace no muchos años. El momento en concreto y el lugar, no los recuerdo y me da rabia porque mi memoria suele ser más precisa. Lo que ocurrió después si. Alguna de tus frases, que no diré por respeto hacia ti y por pudor también.
El placer compartido. Los besos en la boca, a veces inesperados. No por desagradables, sino por imprevistos. Muy agradables.
Muchas veces he pensado yo no soy como vosotros. Pero soy un ser humano. Y necesito contacto físico. Los besos, los abrazos. El ir cogido de la mano. Tan dulce. Las miradas. La complicidad.
Pensé que nunca viviría algo así, durante toda la adolescencia y comienzos de la edad adulta. No fue así.
También recuerdo a quién no fue de cara y los múltiples malentendidos, dichos y desdichos. De todas formas me hubiera podido ayudarte. Ayudarte más. Me hubiera gustado al menos ser amigos. Aunque ahora comprendo que la distancia era lo mejor.
Me siento un niño en el mundo del cariño y de la complicidad porque mi experiencia es breve y cercana. Pero la calidad es más importante que la calidad. Y, sobre todo, para alguien tan poco común y al que todavía le cuesta relacionarse con la gente, cada uno de esos momentos y recuerdos son mágicos.
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