jueves, 30 de marzo de 2017

Mazda MX-5 NA


La primera generación. Al añadir una nueva (o no) pieza en este puzzle me vino a la mente la primera generación de éste simpático descapotable.

Conversación absolutamente trivial, pero que no satura. Las palabras fluyen. Hay muy pocas personas con las que me pasaría horas, días enteros hablando. La UT465 se desliza veloz por los raíles. A mi alrededor, algunos aprovechan el trayecto para dormitar. Otros están pendientes de móvil. Y yo, por una vez, hablando y escuchando. No en mi burbuja. Pero en un momento indeterminado, sus palabras me trajeron sorpresa y pena. E impotencia.

Ay.

Me estremezco. Intento ponerme en su piel y siento tristeza y mis ojos se humedecen.
Apenas la conozco pero si lo suficiente para tenerle cariño. Saber lo que ha vivido y sufrido (y también disfrutado espero) desde que la conozco, saber de su fortaleza para recuperarse de los momentos menos buenos me hace tenerle más cariño. Y lo siento por ella. No soy creyente pero pido por ti.

Escuché emocionado lo que me contaba. Lo que nos contaba, realmente. No le tembló la voz. Eso me hace admirarla aún más. Y a la vez me hace sentir mal por preocuparme y enfadarme por tonterías.

Ley en Twitter que la primera suerte de una persona es la familia en la que naces. Y no solo por razones económicas. Sino por como te cuidan, te educan. En ese sentido soy muy afortunado. Y tengo la sensación de que por mi carácter abrupto y por mi tristeza infinita no haber sabido mostrarles mi gratitud suficientemente.

Si pudiera hablar contigo te contaría esto y seguro que podría escuchar sabias reflexiones por tu parte.

Pero no puedo. Y por eso te echo de menos.

Buenas tardes y buena suerte.

Quizás en mi composición mental peculiar solo haya dos clases de personas: con las que conecto y de las que quiero saber más (de lo que han vivido, de su punto de vista del mundo) y otras que me saturan y me aburren soberanamente. Por lo general, no tengo la suficiente confianza con nadie como para que pasen al primer grupo. Por lo general, la gente me satura y me altera tanto, que, aun siendo humano, un ser social, prefiero estar solo. No tengo ningún problema en desayunar, comer y cenar solo, es más, a lo largo de la semana es lo habitual. Prefiero comer con mis pensamientos y mis habituales revistas o libros, a las conversaciones triviales, a los cotilleos.

Me resulta difícil relacionarme con gente y más aún que relacionarme con gente me resulte agradable. En ese sentido apenas he avanzado nada en estos dos años y medio. Al menos ahora soy capaz de tener cierta complicidad con algunas personas a las que veo a diario. Nada más.

Por un momento imagino qué estarás haciendo ahora. En tu refugio. Quizás sin máscaras ni poses. Aunque sea un momento complicado, o precisamente por eso, te deseo calma, y si no alegía, que la tristeza sea lo más leve posible.

Lo que tenga que ser será.

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