miércoles, 29 de marzo de 2017

Al otro lado del espejo

Siempre al otro lado del espejo. En mi fortaleza. Una jaula de exóticas aleaciones de aluminio y fibra de carbono. Refugio y cárcel.

Al otro lado del espejo. Recordando un sueño, una pesadilla (a veces la diferencia es tan pequeña). Me gusta que mis palabras puedan llegar a agradar e incluso a atraer, pero no se hasta que punto su respuesta era real o sólo parte del guión que debía interpretar. De todas maneras pienso, creo, que le hice más agradables esos minutos y eso me satisface. El agrado debe ser recíproco.

Siempre al otro lado del espejo. Imágenes  y recuerdos que atesorar.

Me agradó que preguntara, aunque no debo olvidar ni un segundo el contexto. Mi imaginación puede imaginar lo que no es. Porque todavía se me da mejor soñar que escribir y escribir que vivir.

Todo es virtual, filtrado, irreal, frío.

Sensaciones fugaces que se escurren entre los dedos de mis manos. Como arena o como agua salada. Como arena mezclada con agua de mar. Aunque hoy es un día más de arroz con leche que de arena, que de barro.

Mi imaginación puede crear fácilmente mundos y personas que no existen. Está en mi naturaleza. Pero lo que es útil para escribir relatos -aunque al final no escriba nada a parte del blog en realidad- puede convertirse en una trampa. Porque esos mundos no existen ni tampoco esas personas. Y no se puede tocar aquello que no existe. Aunque quizás si imaginarlo con la suficiente intensidad y detalle para poder casi sentirlo.

Aunque casi nada es real.

¿Como era esa idea negativa?

Cama, agua fría, comida, lectura, música, paroxetina y zolpidem.

Aunque ahora, sin paraguas químicos, ni la tristeza ni el insomnio me han podido demasiado.

No demasiado. Sólo un poco.

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