Muchas veces la inacción es la alternativa a la vez más difícil y más provechosa.
Sobre todo si el primer impulso es ladrar. Como en aquel post sobre dragones y tigres, saber controlar el enfado y las respuestas en caliente, es un reto que una vez logrado, da buenos frutos.
Pensar. Contener la ira, pensar, respirar. Evitar entrar en bucle. Reir. Reirse de tonterías. Escuchar. Ayudar.
Al menos ahora, me enfado con menor intensidad que antes (y, dicho sea de paso, sin medicación) y el enfado me dura menos tiempo. Sigo pensando en liarla parda y dar rienda suelta a la diarrea de palabras poco educadas, pero me contengo.
Pensar. Contener la ira, pensar, respirar. Evitar entrar en bucle. Reir. Reirse de tonterías. Escuchar. Ayudar.
Al menos ahora, me enfado con menor intensidad que antes (y, dicho sea de paso, sin medicación) y el enfado me dura menos tiempo. Sigo pensando en liarla parda y dar rienda suelta a la diarrea de palabras poco educadas, pero me contengo.
Al final, yo a lo mío y chimpun. Tengo la conciencia perfectamente tranquila y voy a seguir con mi particular, peculiar y eficaz estilo. Como las zapatillas de bici para pedales de plataforma: freerider. Estilo libre y propio. Seguir rodando a mi estilo. No tengo debajo de mis pies y mis manos una preciosa bici de dirtjump ni mi técnica me permite saltar de aquí para allá ni bailar con la bici como sueño despierto. Pero si soy capaz de utilizar a mi favor (no en mi contra) la herramienta que mejor conozco y con la que soy más hábil: la palabra.


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