Arañando la calma. A veces algo sencillo, fluido, dulce. Como una marea de arroz con leche.
Se me antoja que llevo toda mi vida buscando la calma, mi calma, mi calma interior. Avanzando a pasitos de caracol. Avanzando y retrocediendo. Encontrando caminos sin salida. Creando nuevos caminos donde no hay camino.
Intento buscar una explicación a por que a veces me puede la tristeza, como ayer.
Ejercicio. Interesante paseo en bici bajo una temperatura completamente primaveral. Aquafitness. Y la compañía de Marco.
He dormido más que ayer. Casi 8 horas. Me he despertado pronto, todavía de noche, pero más tarde que ayer.
Mañana el contador vuelve a cero de nuevo. Y la principal premisa ... Mantener la calma.
Viernes. Todo es agridulce. Desconcertante. Rabia compartida. Pero a la vez intentando mantener la calma.
Camino medianamente conocido. Escandalosamente pronto. Pero no compensaba ir y venir. Una biblioteca. Curiosamente con gente estudiando un viernes por la tarde. Viejos libros de bicis leídos a principios de los 90. Y un poco de inglés.
A pesar de las varias visitas a médicos varios, me siguen poniendo un poco nervioso los hospitales y centros de salud varios. Afortunadamente todo fue rápido y fluido. Sensaciones parecidas casi un mes antes.
Después, cruzar la ciudad bajo tierra y clase.
Fin de semana.
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