jueves, 16 de marzo de 2017

A new day has come

Como hace dos años. Casi. Entonces los viernes al volante de la máquina roja. Antes. Casi a ésta hora. Después, a mediodía, terapia. Dura y necesaria.

Si pienso en ello se humedecen mis ojos. Primero porque soy sensible y me emociono con facilidad. Segundo porque quizás no esté todo lo curado que me gustaría. Si, estos meses el sueño se ha torcido, pero no del todo. Si, a veces estoy triste (y te echo de menos) pero no una tristeza inabarcable.
Como en el post anterior, avanzando despacio. Como un tractor de maniobras moviendo cortes de vagones en una estación de clasificación. Quizás llenos de contenedores a su vez llenos de preciosas bicis.


Si, a veces estoy triste. Si (y el teclado de móvil escribe Suzuki y me acuerdo de nuevo de tí y de aquella Suzuki Van Van). Si, a veces me despisto e intento hacer cosas como calentar una taza de agua sin agua en el microondas. Pero sigo avanzando​.
Entre el ruido.

Ya no me siento tan a menudo como una máquina averiada.


Casco, arneses, guantes y a correr sin correr.

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