jueves, 18 de enero de 2018

Vulnerable

No me gusta mostrarme vulnerable. Ni sentirme vulnerable. Tan frágil que cualquier detalle puede romper mi equilibrio emocional.

Faro

De la Wikipedia.

Un faro es una torre de señalización luminosa situada en el litoral marítimo, como referencia y aviso costero para navegantes.

Así se iba a llamar el post.

Pero ayer se me antoja a años luz de hoy, de ahora.

Ésta semana he mostrado mis sentimientos y "mi mal", llámese ansiedad o lo que sea, demasiadas veces. Ni me gusta desnudarme físicamente ni anímicamente. Y han sido demasiadas veces.

Pero ayer fue un gran día. Ayer tenía las fuerzas que no tengo hoy. Y supongo que la nueva medicación, que igual me provoca algún efecto secundario o necesito un periodo de adaptación, tiene que ver.

La memoria super precisa de éstos días ha desaparecido y ya sinceramente, no recuerdo todos los detalles.

Se que me fui a la cabecera del tren, porque tocaba concentrarse (vamos a centrarnos ha sido una frase repetida varias mentalmente y hasta de palabra ayer y hoy) y no quería ver a nadie. De nuevo, la gente que habla y habla me desespera.

En un transbordo largote me medio perdí, pero pude encontrar el andén correcto de la linea de metro correcta.

Y una vez salí de la boca de metro -más que boca de metro, intercambiador-, me orienté bastante bien.

Menos de un día después volví a pasar por allí, pero en coche, y con un destino distinto.

Llegé al hospital y, si bien no entré por la puerta que implicaba el camino más corto, si que supe preguntar y llegar a la admisión.

A partir de ahí, me senté en un asiento pegado a la pared, y tras una espera muy corta, tras atender a uno o dos pacientes, la psiquiatra me llamó.

Tanto el interior del hospital -por fuera es muy feo y casi asusta- como de la consulta eran agradables. Iba con mi chuleta (escrita hacía dos días tumbado en la cama junto a Marco) en una pequeña libreta. Pero no me hizo falta. Le conté cómo me sentía, ella me hizo bastantes preguntas. Al final salí de allí con una cita para unas semanas después y una nueva medicación.

Volvemos al dopaje diario. Como en Octubre del 2014.

Hoy estoy medio triste y agobiado y se que cómo veo la realidad y hasta como percibo mis recuerdos está afectado por ese estado de ánimo. Pero se que estoy en el camino. Que pedir ayuda me ha costado menos que la última vez. Y que le he contado "mi vida" (lo que me pasa) no solo a una médico y a una psiquiatra, sino a una persona que en parte es una extraña, pero que se ha acabado convirtiendo en una amiga.

Salí de allí, de nuevo sin perderme. Memoricé la forma más rápida de entrar -se anda más rápido y con menos posibilidades de perderte por fuera del hospi que por dentro- aunque ahora no se si la recordaría. Y me fui para casa. Muy alegre. Casi eufórico. Lo opuesto a cómo me siento hoy. Pero he tenido mis días buenos y mis días menos buenos. Y se que voy a salir adelante. Pero este retroceso me duele.

De nuevo en la arena.

Buenas noches y buena suerte.

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