"No puedes calmar la tormenta, pero puedes calmarte a ti mismo"
Después de algunos momentos surrealistas y levemente amargos (digo levemente, pero no todo lo "leve" que me gustaría) intento repetir en mi mente y, lo que es más complicado, cumplir. Mi naturaleza es volátil, explosiva, indómita. Pero estoy en un proceso de cambio. Incluso en días buenos o muy buenos hay momentos de
bocanadas de tristeza (amarga, húmeda) inesperados y poderosos.
Niebla. Mañana de niebla
meona que cubre de humedad cada milímetro del suelo. El
grip (agarre o adherencia) se reduce respecto al suelo seco, pero nada grave. Un poco más de tacto en los frenos y dulzura en cada maniobra son suficientes.
Y detrás de la niebla está el sol. Sol. Casi ... calor. Primavera adelantada y almendros en flor.
Nada es blanco ni negro. Salir de la burbuja tiene algunos inconvenientes, pero también muchas ventajas. Generalizar, como muchas veces pienso ante opiniones de los otros, es muy injusto. Hay seres no demasiado agradables, ni interesantes, ni siquiera educados (quizás porque no saben ver más allá de sus anteojeras), pero, de igual manera, hay seres maravillosos de los que aprender cada día.
Y no, no es verdad esa frase profética
no le hace falta nadie. Valoro el silencio, si, y no me asustan los lugares solitarios, más bien al contrario. Eso no me impide disfrutar de la compañía de otros humanos y humanas. De algunos. Soy peculiar, por eso es lógico que me atraigan humanos peculiares y que, de igual manera, pueda llegar a chocar con otros más monótonos, producidos en serie, que prefieren seguir la corriente.
Positivo. El aire del amanecer. El tacto de los nuevos pedales en las suelas de mis zapatillas. Entrelazar y compartir palabras y música. Entrelazar y compartir brazos, abrazos y besos. Lograr que se pare el tiempo y calmar la tormenta ... con solo respirar ...
Gracias por estar ahí ...