Lo digo o escribo bajito, temiendo despertar ansiedades pasadas, ganas de llorar casi infinitas, noches en blanco, náuseas ...
Pero no. Han pasado casi tres semanas. No llegué a dormir mal, ni mucho menos, pero los despertares varios y que, a veces me costara dormirme, después de unas navidades de 5 minutos más, me preocuparon. Y las pequeña náuseas.
Poco a poco me lo voy creyendo. Me miro en espejos internos y me veo una maravilla de persona.
Fluir. Disfrutar de la luz, del dormir "5 minutos más" y de que el sueño cada vez sea más profundo y seguido. De mi familia, a pesar de que apenas nos veamos por la COVID. De clases, talleres, interacciones varias.
Estoy emocionado y blandito, pero no en una montaña rusa de emociones opuestas. No. Avanzar. Una preciosa carretera de montaña, quizás en los Pirineos, en un día luminoso invierno. Y en buena compañía. Es fantástico sentir mis avances valorados.