Hace 11 años.
Empezaba a plantearme mi independencia. No me veía capaz de vivir de forma autónoma, encargándome de la limpieza, comprar y cocinar comida, la ropa y todo eso. El tiempo me demostró lo contrario. Tal y como le he dicho alguna vez a las psiquiatras que me han tratado "puedo más de lo que creo". Incluso en pleno confinamiento fui capaz de cocinar para mí durante meses. Todo muy sencillo, pero rico.
Una Semana Santa diferente. La de entonces. La de 2010. Me encantaba venir a mi casa, aunque estuviera vacía. Ir comprado poco a poco muebles. La verdad, tener "mi espacio" aunque apenas tuviera una mesa, una silla y una vieja televisión, fue precioso.
Alguna vez he estado cerca del abismo y es desagradable y doloroso. Pero todavía peor es saber o intuir que alguien a quién quiero tiene esas ideas feas, ideas autolesivas. Es horrible.
Pero es primavera, hace un día marañoso pero bonito, he estudiado un poco, he dormido genial y voy a comer y, 11 años después, sigo disfrutando de mi casa, en compañía del gato pirata.

