He intentado relajarme. Estaba en la mesa, delante del ordenador, con los cascos puestos. Situación habitual. El ruido habitual de fondo, que no ayudaba, y sentía mi mente y mis emociones desbocados. He cerrado los ojos e intentado concentrarme en mi respiración. Inspirar, espirar. Sólo eso. Además he pensado o imaginado algo agradable. La ensoñación de hoy es que estaba en una especie de taller, lleno de preciosas herramientas y con un coche de rallyes en el centro. Me podía haber pasado toda la mañana en esa ensoñación. Mirando las herramientas que imaginaba guardadas en carritos metálicos con ruedas. Admirando el coche de rallyes, quizás un novedoso y precioso Citroën C3 R5.
No sé cuantos segundos he estado tal que así. Quizás menos de un minuto. Pero ha sido muy agradable y me he calmado (al menos en parte). Se que no puedo vivir en los mundos que mi enorme imaginación crea a cada instante. Pero si me gustaría ser capaz, en un momento menos bueno, ser capaz de parar mi mente, de detener el torbellino de pensamientos, quizás con una estrategia parecida.
Me he quedado con ganas de continuar un rato en esa ensoñación: entrar en el coche, acariciar el volante de carreras, la jaula antivuelco, y, tras enfudarme mono ignífugo, botines, casco, guantes, ponerme al volante del C3 R5 y salir a rodar por un tramo de pruebas.
No puedo calmar la tormenta pero ME PUEDO CALMAR A MÍ.


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