viernes, 12 de enero de 2018

Torbellino

En medio de un huracán. Del que no puedo escapar. Porque ese huracán soy yo mismo.

Ha sido una semana muy cansada, agotadora, pero a la vez muy bonita. Se que si soy capaz de controlar mi ansiedad (cosa que llevo intentando prácticamente desde los 16 años ... ¡aunque no sabía que eso se llamaba ansiedad! Épocas de nervios, de sensibilidad extrema, de insomnio y de estados de ánimo opuestos y casi simultaneos he tenido casi hasta donde alcanza mi memoria precisa y caprichosa) mi vida será más cómoda y más fácil y a la vez me atreveré a hacer cosas que ahora me dan miedo o apuro.

Mientras escribo, de fondo, en la televisión, el resumen de hoy del Dakar. Mi vida se me antoja una especie de Dakar. Una carrera de resistencia. Porque muchas veces ser como soy, los nervios, no poder parar de pensar un instante, no ser capaz de dormir apenas nada, me agota. A veces me quedo empanzado en mi propio desierto de arena. Pero he aprendido a pedir ayuda. Me costó más de diez años. Ahora en cambio en poco más de una semana me di cuenta que me sentía mal y que no era capaz de calmarme por mis propios medios. Es un progreso. Soy introvertido. Me gusta ser autónomo. No depender de nadie, no preguntar, seguir adelante por mis medios.

Si logré alcanzar la calma y nadar en ella, durmiendo bien y viendo la vida desde otro punto de vista, más sereno, poniendo distancia con todo y siendo un poco más dueño de mis emociones, lo voy a volver a lograr.

Siento que mi mente es una máquina que a veces funciona al 150%. Lo que es agotador. Pero a la vez, en medio de los nervios, del sueño, del cansancio, de la ira por todo y por todos, siento que pienso con más claridad y que mi memoria es dolorosamente precisa. Prefiero la calma.

Me gustaría poder pedir disculpas a todos los que he podido incomodar en mi estado de torbellino. Porque no debe ser nada fácil convivir conmigo cuando me siento así. Por eso supongo que estoy en parte solo. Por que me cuesta relacionarme con otros humanos. Y porque muchas veces no tengo ganas de ver a nadie.

En parte me siento culpable de sentirme así y yo no tengo la culpa. Yo no quiero estar enfermo. Quizás debería liberarme de ese sentimiento de culpa en primer lugar

Al final sólo deseo estar tranquilo, dormir bien y disfrutar de la vida.

Me siento pequeño, como una libélula, pero se que soy grande. Y, una vez más, resurgiré de mis cenizas.

Gracias a todos los que me ayudáis a seguir adelante.

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