Intento recordar, contemplar, lo vivido y sentido desde finales de diciembre hasta ahora, desde un punto de vista neutro. Porque simplemente recordar como me siento, o algún momento en concreto que ha disparado mi ansiedad, me desestabiliza y me hace volver a ese instante y a esas sensaciones una y otra vez.
Pero hoy es diferente.
Me he sentido a la vez, avergonzado, desnudo anímicamente, vulnerable, incluso estúpido por ser como soy y por los muchísimos problemas que tengo para relaciomarme con la gente. Y expresar mis sentimientos (generalmente si son negativos, como insomnio o ansiedad). Aunque sea a alguien con quien tengo relativa confianza.
Intento ponerme en tu piel, de nuevo sin que imaginar cómo te sientes o lo que sientes, me afecte. O me afecte lo menos posible.
Hoy ha sido un día extraño, mezcla de nervios, vergüenza, alivio y calma. Si hay que tirar la piedra el primero se tira. Como un piloto del Dakar abriendo pista en medio del desierto, la primera huella sobre la arena. Si la composición de lugar inicial cambia, como la sofisticada centralita que regulaba los diferenciales de uno de aquellos WRC repletos de eléctronica, intento adaptarme al nuevo escenario, de nuevo con la menor ansiedad posible. O que un experto piloto en los complicados tramos del rallye de Montecarlo, pasando de nieve a asfalto limpio, quizás sin las ruedas más adecuadas para el terreno que piso (con neumáticos de lluvia, sin clavos, sobre la nieve).
No es tanto lo que vives, sino cómo te afecta. De momento no soy dueño al 100% de mis emociones, quizás no logre serlo nunca, puesto que soy un humano y no una máquina. Pero ni ser "maestro". Ni soportar diarreas orales ajenas, me afectaron tanto como la semana pasada. Se que soy un ser humano peculiar y demasiado sensible a comentarios que igual son bien intencionados o igual no (algunos igual igual no, pero vamos, por lo menos se racionalizar el por qué de ellos y no saltar como un perro de presa inmediatamente y responder con mi lengua -mis palabras-, que puede ser rápida y cortante).
Las piedras.
En el parque habitual pensaba en aquella frase "las piedras no se pisan, o se esquivan o se saltan". A veces es inevitable pisar piedras. Pero intento verlo como un reto (subir por grandes rocas como un piloto de trial). O como un aprendizaje. Si, quizás pinche o desllante al pasar demasiado rápido por una bajada muy pedregosa. Pero la próxima vez quizás sabré afrontarlas mejor. O a escoger un neumático más ancho y robusto tipo descenso. Y mientras, aprendo a reparar un pinchazo (con un moco quizás).
Una vez más escribiendo cómo me siento, a medio desvestir, tras un pequeño paso por la cama. Porque necesitaba unos minutos de descanso. Y, por una vez, el sentimiento predominante es la paz, la calma.
Siento que estoy en el camino. Que será largo. Pero sé donde quiero llegar. No cómo llegar Todavía.
Buenas noches y buenas noches especiales para ti.
¡GRACIAS! ¡BUENAS NOCHES!



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