lunes, 20 de mayo de 2019

Volver a escribir

A veces escribir es tan fácil. O parece tan fácil, se que no lo es. Las palabras fluyen de la mente a las manos, con suavidad y rapidez. Me pasa de vez en cuando. Me ocurrió en Marzo, y también a principios de Abril. Cuando escribí esto nada más levantarme, un domingo, quizás en menos de una hora. Un relato que no es un relato, que es más que un relato. Los relatos son más que relatos, casi siempre. Pero éste empezaba con una porción de un post. Un post que escribí una semana regular tirando a mala. Quizás en mi esquinita de la oficina. Se que escribí el post anterior.

No tiene sentido rebuscar en los recuerdos. Que son diferentes. Son preciosos, detallados, pero no dolorosos. Son nítidos pero planos. Contienen emociones, pero más serenas. Hace nada sonaba No testament, que es una canción que sonaba en bucle una tarde de sábado e ideación suicida. Y aun así me gusta. Sin embargo hay otras canciones que me ponen muy triste, y que todavía no puedo escuchar.

A tí no te recuerdo con canciones, te recuerdo con tu  voz y tus palabras y tus libros y tus abrazos.



A tí si que te recuerdo con canciones, por ejemplo con ésta, que descubrí en el verano de 1996 (y en 1997). Ésta canción es muy especial para mí. Me recuerda a las cosas que entonces me preocupaban y se me antojaban muy difíciles. Entonces es 1996, cuando la escuché por primera vez en Radio 3.

Ahora tengo la sensación de que todo tiene sentido de nuevo y me quiero y aprendo y me supero y es precioso.

Volver a escribir, aunque no sea gran cosa, es precioso. Pensar los talleres, en leer nuevos relatos, en maravillarme y en aprender. Y la rutina es agradable. Y los largos trayectos en metro son menos largos. Incluso ir a rehabilitación se me antoja menos pesado.

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