Muchas horas dormidas, cosas por hacer, ganas de hacer cosas, luz preciosa, calma (quizás calma nerviosa, pero nunca seré del todo tranquilo), pocas molestias físicas, gente con la que hablar (aunque sea a distancia), relatos por escribir.
Y sonrisas.
Y hablo contigo. La conversación es fluida. Me alegro de que te alegres. Y siento no poder curarte. Pero no soy médico ni sanador (tampoco creo que nadie pueda curar a nadie de forma mágica). Pero te escucho. Nos escuchamos. Y es sencillo y bonito.
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