Mario se había acostumbrado a hacer pis sentado en el retrete. Así era más difícil manchar la taza del váter o el propio suelo con su orina. A veces resultaba un poco asqueroso, sobre todo en los baños públicos, donde la limpieza era mejorable.
No era el caso. El suelo negro brillaba, al igual que los azulejos y los sanitarios. La limpieza era casi quirúrgica.
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