lunes, 24 de octubre de 2022

Domingo (El camino del infierno está lleno de buenas intenciones)

De un fin de semana he descansado la mitad del tiempo porque la otra he fingido ser un adulto funcional y he hecho lo que un ser humano más o menos estándar haría: socializar con alguien con quien tengo intereses afines. No ha salido muy bien. La gente que improvisa, que llega tarde (venía de lejos y con mala comunicación por transporte público) y que habla muchísimo me satura. A ver, es lo habitual. Comentar la semana, las cosas que te gustan, lo que sabes de un tema y lo que ves.

Más de una hora de camino de ida y de vuelta con ruido en el cercanías (una niña pequeña adorable pero que hablaba mucho y en voz alta, por ejemplo) acabaron con mucha de mi energía.

Lo peor es que esa persona piensa que lo pasé bien (lo pasé bien, pero me agoté demasiado) y me va a seguir llamando por teléfono (llevo regular hablar por teléfono) y proponiendo planes.

Bienvenidos a mi vida, que es un reality tipo gran hermano: una persona aparentemente "normal", pero neurodiversa, que convive con neurotípicos y al que le agotan las cosa que suelen hacer los varones neurotípicos de mediana edad. Gente ruidosa, a veces machista, bocachancla, que habla de fútbol, de tías (de follarselas, el amor no existe) y que se cuenta la vida.

Luego lo acabó pagando una persona que me llamó para saber cómo estaba. Lo siento mucho.

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