No me costó nada encontrar la farmacia, pero si el buzón, la ventanilla donde atendían por la noche, lo vi cuando estaba a punto de irme. Pero lo encontré, toqué al timbre (un pulsador verde) y una amable farmacéutica me atendió. 24 horas antes no sabía cuándo podría hablar con la psiquiatra que me trata y ahora, antes del amanecer, estaba en el camino de vuelta a casa, en bici, con una nueva medicación.
En cuanto llegué a casa, los primeros 50 mg del nuevo medicamento iban camino de mi tripa, junto con un poco de agua. Como dije ayer a la psiquiatra: voy o vamos con todo. Para rectificar ya habrá tiempo más adelante, ahora es el momento de ser un poco ambiciosos o agresivos.
De momento, no he notado las náuseas y las sensaciones raras de la paroxetina, no las he tenido. Espero que me de un leve impulso para seguir adelante. De todas formas, ha sido un día precioso, por superarme con pequeños retos como ir a una farmacia distinta de la habitual y en festivo, comer acompañado y hablar con un famoso periodista por Twitter, que me ha prometido quedar para probar un coche. Parece un sueño. Ayer no tenía ni la receta de la sertralina y hoy ya pienso en sus efectos. Hace menos de una semana, llegar hasta noviembre sin decirle nada a la psiquiatra era algo posible. Todavía me cuesta pedir ayuda una barbaridad.
No sé como me encontraré mañana, aunque hace ocho años también había empezado con una medicación nueva en Otoño y fue bien.
Inicio de curso, incertidumbre en muchos aspectos, pero también esperanza.
Hoy siento que toda la potencia de un veterano BMW M3 E30 me lleva de curva en curva en un suspiro.



No hay comentarios:
Publicar un comentario