Sincronicidad. Una casualidad no casual.
La segunda, grande, nítida, con la luz cálida de los amaneceres de junio, de esos amaneceres tras muchas horas sin poder dormir, amaneceres de ansiedad y, a veces, de rabia, amaneceres de agotamiento puro y demoledor, pero también amaneceres de calma.
Sigo bajo una lluvia invisible, como la radioactividad, a veces estoy a punto de estallar por dentro, de implosionar cual bomba atómica y de que la nada me trague.
Pero todavía puedo mantenerme en pie. Y tengo un camino, herramientas para recorrerlo y personas para compartirlo. Aunque no sea una máquina, ni un Terminator, puedo encontrar alivio. Y la calma poco a poco regresa. La siendo avanzando dentro de mí como una marea imparable, dulce, de copos de avena con miel, suave y cálida, barriendo poco a poco la ansiedad y las lágrimas a punto de estallar.
Hoy solo puedo decir: GRACIAS.
Ojalá se cumplan nuestros pequeños sueños.
Buenas noches y buena suerte.
COME ON, PUSH

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