Ayer tuve que contar, por razones que obviaré, mi vida desde 2007.
Desde 2007. 15 años.
Imposible condensarla en minutos y ante una interlocutora que parecía no entender mis palabras (por sus respuestas). Imposible poner mil y un momentos al borde del desastre y de orgullo en palabras, en frases cortas. Ese periodo que para elle era "un mes" yo había naufragado de nuevo y había salido a la superficie con ayuda de algunos. Como bien dice @nnistopia, no solo "profesionales de la salud mental", también personas anónimas que me abrieron las puertas de su casa y de su vida sin pedir nada a cambio.
Ningún certificado de notas muestra el vértigo infinito al pisar el instituto por primera vez con el impreso de la pre-matricula.
Ningún título esconde al reverso esos meses en que las emociones me sobrepasaron y el mañana era algo incierto.
He decidido que, en algunos aspectos de mi vida, no puedo hacer más, así que, para no dañarme (más), voy a hacer lo más difícil:
- No hacer nada.
- No buscar.
- No intentar.
- No mostrar mi mejor cara.
- Nada.
Ya habrá tiempo.
Pulso la pausa y vivo.
Creo que mi criterio es suficientemente válido, por si no lo creyera, un amor de psiquiatra me recomendó con firmeza esto mismo. Que descansara. Como si fuera la receta de un antidepresivo o de una benzo.
Descansar.
Dejar de vivir en mayúsculas.
Quitamos la llave de contacto. Las unidades pasan al estado de reposo. Las temperaturas de fluidos vitales bajan poco a poco. Descansar. Vivir. Necesario.
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