Así me sentía, al manillar de una vieja Ducati 750 F1 (refrigerada por aire y aceite, 2 válvulas por cilindro, carburadores) , en el mítico y peligroso Circuito de Montjuïc o en Spa Francorchamps, en Bélgica. Bajo la lluvia de mi propia ansiedad y las lágrimas llamando a la puerta del lacrimal.
Bañarme de nuevo en la luz del amanecer, paseando por calles que no había recorrido a pesar de estar cerca del lugar donde trabajo. Sumergirme en montañas de papeles, esta vez con ayuda muy bien recibida y muy necesaria. Optar por un enfoque distinto y pasar el día de forma menos agotadora.
En la recta final de la jornada laboral, dos personas valoraron y alabaron mi trabajo. Parte de la ansiedad viene de esa sensación tan conocida y dolorosa de sentirme insuficiente. Como bien me dijo un compañero, no puedo compararme con personas que tienen muchísima más experiencia que yo. Pero me comparo constantemente con los demás. Y me siento pequeñito como una libélula, insuficiente, insignificante, muchas veces a punto de estallar hacia dentro, de implosionar y de romperme en mil pedazos, a veces tengo miedo cruzar un límite del que no se pueda volver y que la cordura desaparezca y me aleje de la realidad, estar más allá del limite, no poder volver, no poder volver a ser yo.

Llevo luchando desde niñez luchando contra algo que no sabía poner nombre pero que ha hecho mi vida muy difícil, pero a la vez me da un punto de vista distinto, mi capacidad para apreciar pequeñas cosas, percibir el arte, la música ... o la carrocería de un coche que acaba de salir al mercado. Verlo por fuera, pero a la vez admirad sus componentes, las soluciones de ingeniería, el vano motor ... Y ser capaz de hacer otras tareas que no debo decir por confidencialidad y pudor.
Pero en realidad soy grande, enorme, capaz de hacer cosas difíciles con muchísima ansiedad. Sin ansiedad creo que los resultados hubieran sido parecidos, puede que mejores, por la impulsividad de hacer cosas ya, ahora. Como en el examen de hoy. Me
recordó al de hace un año. Pero entonces dormía muchísimo mas y no tenía la ansiedad que ahora. Podría haber hecho el examen el fin de semana, en grupo, la semana que viene, descargar las respuestas y buscarlas entre los apuntes, dos millones de cosas, pero opté por la vía más rápida y más difícil, en cuanto vi que se podía hacer el examen me lancé como un ave de presa, por puro instinto. El resultado fue peor que el del año pasado, pero positivo. Suficiente. Mejor que el de la selectividad, que salía en las noticias hoy. Mejor que aquel junio de 1997. Mi yo de 1997 habría disfrutado leyendo sobre coches, y, mucho mas, como en aquellos salones de automóvil de entonces, rodeado de preciosos coches, verlos, tocarlos ... Todo.
Al final voy a echar de menos la parte bonita de las prácticas, el estar rodeado de coches, poder incluso maniobrar con ellos, o verlos con las tripas fuera.
Necesito descansar. Yo no quiero dejar de vivir. Quiero descansar. Y creo que poco a poco lo voy logrando.
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