domingo, 5 de junio de 2022

Rijeka

En un viejo ejemplar de la ya desaparecida Solo Moto 30, allá por octubre de 1994, el también ya desaparecido periodista Miguel Gil Moreno (STTL), contaba sus experiencias como reportero de guerra (aunque muy difuminadas) en lo que fuera Yugoslavia. En realidad, relataba lo que era recorrer en moto (Una Suzuki DR 650 RS de 1990) una tierra en guerra. A mis 14 años, el artículo me impresionó. Creo que ese mismo otoño leí Territorio Comanche, de Arturo Pérez-Reverte, al que entonces conocía por programas de televisión como Código 1 o de radio (La ley de la calle).

No quiero hablar del conflicto en los Balcanes, ni de la ahora de nuevo presente guerra, sino de motos y circuitos. Del Automotodrom Grobnik.

Imagina recorrer un circuito desierto con una superbike Ducati. Supongo que una 851, ya que la preciosa Ducati 916 se había presentado ese mismo año, en 1994.

Parece que fue ayer pero ha pasado un siglo. Casi. 28 años.


Ducati 851 Superbike Kit. Sólo 207 unidades producidas, para su homologación en el Mundial de Superbikes. Es demasiado rara, cara y exótica, para que, aún en un sueño, yo me sintiera cómodo tras su carenado. Y rápida. 120 caballos y 250 Km/h de velocidad punta. Aunque ahora coches tipo Golf GTI se acerquen a esas cifras y cualquier deportiva de en torno a 1000 cc las pulverice.

De nuevo máquinas demasiado rápidas y sofisticadas para mí. Mi máquina virtual de hoy es una Ducati 600 SS. Dos válvulas por cilindro, refrigerada por aire y con el característico sistema de distribución desmodrómico, en el que se utilizan levas también para cerrar las válvulas.




Tiene también algo de exótica, no recuerdo haber visto ninguna por la calle, a diferencia de las omnipresentes Honda CBR 600 o las Yamaha FZR de la misma cilindrada.

Hoy recorro un circuito que sólo existe en mi mente y no compito contra nadie. Compito contra mí. Compito conmigo.

Buenas noches y buena suerte.

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