domingo, 31 de marzo de 2019

Tempest Blue

Podría ponerme pedante y hablar de Shakespeare y de La Tempestad, pero salvo Hamlet años ha y Macbeth gracias a Mayendar, apenas he leido a Shakespeare. A veces pienso que he leído demasiado y vivido muy poco en comparación y otras me siento como un completo iletrado. Ni lo uno ni lo otro son verdad.

Azul tempestad. Me resultó un poco agobiante incluso elegir el color. Pensé en azul aguamarina, verde lima, rojo o violeta. Pero recordé los días de lluvia. El azul oscuro casi negro que precede a la tempestad. Han sido días de lágrimas a punto de salir y de ansiedad y de enfados. Pero detrás de las nubes siempre está el sol. Y a veces es necesario que llueva.

La última vez que pasé por algo parecido, después de ver a un psicólogo (al que le mando un abrazo enorme y agradezco infinitamente su ayuda) acabé en cierta cadena de tiendas comprando una nueva bici (es lo que tiene el insomnio y las ofertas). Ésta vez ha sido un regalo y una cantidad indecente de euros para estar a punto de quedarme en paro otra vez. Pero sobre la azulita preciosa por la Gran Vía, con todo el desarrollo metido, se me olvidó todo lo ocurrido la semana anterior y la anterior de la anterior.



(Dicen que a lo bueno se acostumbra uno pronto. Es de lejos la bici más cara que he tenido. Aunque he disfrutado con bicis de carretera que igual tenían más años que yo y que no cambian bien, ni frenaban, cuando todo va bien y no tienes que mancharte las manos de grasa, ni pensar en que retocar para dejar la bici a tu gusto, todo es más sencillo. Tengo un poco de miedo por si rompo la bici, pero después de los primeros paseos todo pinta bien. Será mi nueva compañera para transportes públicos llenos y viajes diversos. Luego se despliega y un tipo grande y feo como yo puede subirse encima con comodidad y volar bajo.)

Y después de escribir esto se puso a llover. La luz de los días de lluvia.

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