Me relaciono con personas, aunque sea a pinceladas. Sigo pensando que en cualquier momento se cansarán de mí, y que en realidad me relaciono con gente "por obligación". En el trabajo, por ejemplo. Pero ahora mismo estoy esperando para entrar en un taller y venir aquí no ha sido una obligación. Vengo porque quiero, porque me gusta. Aprendo y me relaciono con gente. Bueno, igual es una obligación autoimpuesta tras la sugerencia de la psiquiatra. De eso hace casi un año.
A pinceladas. Escucharles. Soy más de grupos pequeños y de conversaciones entre dos personas, que de grupos grandes donde para hablar casi hay que pedir instancia.
Volví a un lugar que no pisaba desde enero de 2018 (un eón antes). Y las sensaciones fueron distintas.
Tengo sueño porque ayer me acosté demasiado tarde (a las 23h, pero eso para mí es tarde).
El poder de las pequeñas cosas. Hace dos semanas leí en el taller y luego pude charlar con una compañera en el tren y fue muy bonito. A pesar de vivir una semana desastrosa.
Lo que pasó no lo puedo cambiar pero en sólo dos semanas todo parece distinto.
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