El fin de semana me ha servido para descansar pero una vez de vuelta a la rutina, o incluso horas antes de volver, volvió la bajona o la medio bajona, las ganas de llorar intensas. Y las ganas de no ver a nadie, cosa que es imposible así en general, y menos en una ciudad tan grande y tan llena de gente (muy ruidosa) como ésta, la que me vio nacer y en la que probablemente moriré.
Tengo ganas de más días de descanso, que llegarán en AVRIL. AVRIL está a la vuelta de la esquina, el final de abril no tanto. Antes empezará otro intenso taller. El X7. Todo ésto empezó hace un año. Los talleres, quiero decir. Ésta mañana pensaba que no había avanzado nada en todos estos meses pero no es verdad.
(De fondo alguien golpea con los pies un reposapiés de plástico que, a su vez, golpea el suelo con estruendo.)
Si, si que he avanzado, muchísimo, pero siento que todavía me queda mucho por avanzar (y es así). Y los días menos buenos (por lo que pasó el miércoles y lo que pasó el viernes) sólo veo lo que me queda por hacer y no lo hecho, el camino recorrido.
Perder el tiempo con cambios de procedimiento e indecencias varias también me irrita.
Hoy de todas maneras no he buscado un atajo. Ayer alguien se fijó en mi bici. Otro ciclista se quedó mirando, en busca de los cambios. Mi híbrida es sencilla pero llamativa, con sus frenos de disco, cambio en el buje y esas vainas elevadas tan de los 90. Veremos el resultado de no escapar de las situaciones. Sinceramente preferiría salir de aquí, ponerme los cascos y leer durante en trayecto sin tener que mantener ninguna conversación o ningún silencio pesado con nadie.
Más difícil pensar que hacer. Si, la gente es un poco cotilla, pero es lo habitual entre los humanos. Al final, socializar requiere un aprendizaje en pequeñas dosis. Si me saturo, puedo recurrir a mi fiel compañera de fatigas negra.
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