No he dormido todas las horas que me hubiera gustado y estoy un poco cansado. Mi mente está algo cansada, añora alguna hora de sueño más y bulle por la nueva información recibida durante toda la mañana. Pero también está en calma. Estoy en calma. Y eso es precioso. Todo ha sido más fluido de lo que esperaba. Ni siquiera el habitual trayecto en metro de vuelta a casa se me hace muy cansado. La UT está más bien llena pero tengo cierto espacio vital. Aunque estar de pie cansa mis rodillas. Un niño culebrea inquieto en el vagón. Tiene ganas de llegar a su destino y quizás se siente enjaulado en un espacio un poco pequeño.
Ir al médico (por segundo año consecutivo más o menos los mismos médicos: psiquiatra, fisios y hoy dermatóloga) me ha resultado sencillo. Temía llegar tarde y he salido por una boca de metro distinta. Eso ha implicado un pequeño rodeo que me ha irritado un poco. Aún así, como 10' antes de la hora de la consulta estaba en el habitual mostrador. Los trámites han sido rápidos y enseguida tenía unos ojos expertos pendientes de mis muchos lunares. Todos son normales, ninguno es maligno. He de proteger mi piel (que es delicada, como todo yo) del sol con cremas y gorros (porque ya no tengo tanto pelo como antes en la cabeza).
Que un día sea neutro en lugar de agobiante y desagradable es un gran progreso. Después de todo lo que pasó. Un año después es muy raro el mes que no piso una consulta, pero las mejoras son importantes.
Buenas tardes y buena suerte.
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