Leo El diario de Rachel, que sólo existe, 15 años después, en las tripas de mi ordenador y en la memoria del libro electrónico que me acompaña siempre que salgo de casa.
"Todos los que creen que tener miedo es ser cobarde, que reconocer tener miedo es de ser cobardes, todos esos son espectros."
Los espectros. A diario me cruzo e incluso charlo con ellos, aunque no suelo charlar con muchas personas, dado que me resulta todavía digamos que no fluido relacionarme con otros humanos y socializar. Aunque me resulta más fácil que hace 12 meses, y con ese matiz me quedo.
Los espectros son aquellos que creen que su forma de afrontar la vida y sus ideas son las únicas validas y aceptables. Que su forma de divertirse, sus opiniones, su forma de expresar los sentimientos, son las únicas normales. Eso me convierte en alguien anormal. La normalidad es sólo una distribución de probabilidad.
Los mismos que en lugar de preguntarme si me siento bien y si, mi respuesta fuera negativa, limitarse a un "lo siento" y respetaran mi silencio, afirman que no tengo un buen día y que no es el primero y dan por hecho que soy muy reservado. Todo esto es cierto, pero, de nuevo, como ocurre con Ella Laraña, es la forma y no el fondo lo que me puede llegar a hacer daño. Cómo no puedo decidir y dictar lo que hagan o digan los demás, me conformo con gestionar las emociones que me provocan de la forma más eficiente posible.
Aquellos que hablan y hablan sin decir nada, también son espectros. Aquellos que tienen miedo del silencio y han de llenarlo con frases eternas que no significan nada. Aquellos que buscan el morbo y el cotilleo. Que hablan sobre formas de quitarse la vida en el desayuno, sin saber que uno de los que se sientan en esa mesa puede escuchar esa conversación, que le resulta muy desagradable, porque negó varias veces la ideación suicida en 2018.
Todos ellos y ellas son espectros, hombres y mujeres sin rostro y sin empatía. Yo no soy un espectro. Soy un ser humano. Mi lema es vive y deja vivir y no hacer daño a nadie, en lo posible. Respeto otros puntos de vista y otras orientaciones vitales, incluidas las sexuales. Amo el amor por encima de convenciones y géneros.
Se que no soy perfecto y que muchas veces soy intolerante hacia los poco tolerantes. Y que por mi fragilidad y sensibilidad extrema es fácil dañarme o alterarme. Pero cada vez soy capaz de expresar mejor lo que siento y también de, en cierto modo, gestionar mejor mis emociones.
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