Es viernes y todo lo que ha pasado desde principios de enero se me antoja una amalgama de recuerdos y sensaciones casi irreal.
De nuevo esperando antes de entrar a la viernesera y habitual clase de inglés. Se me antoja que la última clase fue hace un siglo.
Estoy cansado. La semana ha sido diferente pero también cansada. Al menos ya tengo un diagnóstico de lo que les ocurre a mis rodillas. Demasiadas idas y venidas para sólo tener un diagnóstico. Pero bueno, más pruebas a parte, ya tengo tratamiento. En parte. La semana que viene, como la anterior y la anterior, médico y "peticiones". Todo resulta lento y farragoso. Pero la otra alternativa era inacción, espera, incertidumbre.
Estoy incómodo sentado y no se cómo poner las piernas.
El aliciente para venir a clase, a parte de lo habitual, refrescar un idioma, aprende, es igual de peregrino que siempre.
Al menos espero no sentirme fuera de lugar.
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