Y al final, como en otras muchas ocasiones, resultó un mero trámite. Nada desagradable además.
De nuevo confundo el tocino con la velocidad. Ninguna de las muchas y surrealistas cosas que han pasado tenía que ver con esto. De nuevo, calma, profesionalidad y poco más. Se me antojó casi igual a hace poco menos de dos años. Aunque en realidad todo era distinto. Yo soy distinto y la situación también lo es.
Lo que se me antojaba una especie de agujero monstruoso capaz de engullirme y lanzarme al SEPE en un instante, al final fue un pequeño resalte en el suelo, del mismo grosor que una moneda de un céntimo de euro. Pero he de recordar que los instantes más pequeños pueden desencadenar grandes tormentas. Y que una pequeña chapa de titanio perdida en una pista de despegue fue suficiente para hacer que el Concorde se estrellara cuando apenas empezaba a ganar altura.
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