Pensar en máquinas me relaja. Cosas con ruedas o alas. Como he repetido muchas veces aquí: bicis, coches, motos, trenes, también aviones. Ayer a propósito del post anterior del anterior leía sobre el Concorde y me fascinaban un montón de detalles. Hoy en un transbordo habitual, viendo que el tren de la bruja se retrasaba, acabé en uno de mis kioskos de cabecera y me compré una revista sobre coches clásicos. Solo leer en la portada "Grupo A", me fascinó. Recordaba los salvajes y ligeros Grupo B y sus sucesores, los Grupo A. Fue casi volver a principios de los 90, cuando los rallyes me llamaban la atención pero no los seguía tanto como ahora, ni sabía de ellos tanto. Como deporte me apasionan. Pero lo que más me fascina son la tripas. Los coches. Cajas de cambio, autoblocantes, poderosos motores. Mi punto de vista es peculiar, me gusta llegar al interior, no quedarme solo en la superficie, en este caso, bulbosas carrocerías, grandes ruedas y frenos, alerones.
Pero las máquinas no son personas.
Después de un desencuentro, hace quizás seis años, pensé/escribí que solo iba a relacionarme con máquinas (algo imposible, ya que un humano no puede relacionarse con una máquina, solo puede relacionarse con otros humanos, quizás en un futuro exista algún tipo de robot extendido y asequible que pueda interaccionar con humanos y aportar un poco de cariño -robótico- a humanos introvertidos como yo). Y alguien me contestó que las máquinas no dan abrazos.
Por lo general las personas me saturan. Porque hablan constantemente, se quejan, cotillean. No puedo pretender que cada cruce de palabras sea una conversación tremendamente profunda. Pero el cotilleo, lo superficial, la queja por la queja, me saturan y aburren profundamente. Así que suelo volver a mi burbuja y a mis auriculares. Pero de vez en cuando me cruzo con personas de mentalidad abierta. Conversación variada e interesante. Que aportan un punto de vista diferente al habitual. Siendo peculiar tiene su lógica que me atraigan las personas también peculiares. No puedo esperar encontrar a alguien que vea la vida como yo la veo, porque es un punto de vista demasiado poco común.
A veces la pena todavía vuelve. Te recuerdo cada día. Tu también eres distinta a los demás. Se me antoja difícil volver a encontrar a una persona tan especial como tu y que además, me quiera.

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