sábado, 25 de febrero de 2017

Llamador de Ángeles

Un comentario casual sobre mi andar sigiloso (y los consiguientes sobresaltos que a veces provocaba), sobre cascabeles, fue el origen del regalo.

Hoy creí haber perdido mi precioso llamador de ángeles pero al final estaba donde lo dejé, antes de la ducha de madrugada. En el lavabo. Detrás del dosificador de jabón de manos.

He dormido menos de lo que debería y por capítulos, como bien dijo alguien en un blog. Al menos siempre mantuve la calma y no me desesperé conforme avanzaba la madrugada y no era capaz de volver a dormirme. Al menos por la tarde si que fui capaz de dormirme, en una siestaca de pijama legendaria.

Buenas noches y buena suerte.


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