viernes, 8 de marzo de 2019

Cuando lo difícil es más sencillo

Aunque cada vez soy más transparente (como el policarbonato) todavía me cuesta explicar a las claras lo que me ha pasado durante el día, o durante la noche.

Desde antes-de, tres semanas antes, pensando en el día de hoy. Hubiera preferido que fuera antes, igual que hubiera preferido que me pudiera ver la psiquiatra antes (total, ya sólo quedan 5 días). Pero fue cuando fue y nada desagradable. Todo lo que tenía que decir lo dije con educación y sin buscar conflicto (NO GENERAR CONFLICTO es la frase que repetí en mi mente los 3 primeros meses de 2018). Y me di cuenta de que proyecto una imagen bastante fiel. Soy resolutivo, organizado, me resulta fácil aprender nuevas cosas, pero a la vez no soy demasiado flexible.

Al final el día fue más agradable de lo esperado, y una semana más agradable de lo esperada.

Ya me he apuntado a talleres muy interesantes. Hace tres meses hice el esfuerzo, porque anímicamente no me encontraba nada bien. A pesar de todo lo que ha pasado ....

Perdóname
por todos mis errores
por mis mil contradicciones

Eso cantaba Amaral hace 11 años.

Cometo muchos errores y mis palabras y actos a veces son la gota que desborda las emociones de gente a la que quiero, pero a la vez intento buscar soluciones y seguir avanzando.

jueves, 7 de marzo de 2019

Ilusión

De Noviembre para acá, el despertador no sonaba porque la mayor parte de los dias lo había apagado andes. Hoy no ha sonado porque olvidé ponerlo. Y me he despetado como 10' minutos despues de lo habitual. No me ha puesto nervioso y sí me ha ilusonado, ver que cada día duermo un poco mejor y que gestiono mis emociones de forma más precisa. Los días son un poco menos desagradables, a pesar de todo. Y hay momentos muy dulces, aunque sea una conversación en el tren o unas risas a la hora de la comida. O lee en voz alta en un taller.

En poco más de dos semanas se habrán acabado los talleres del primer trimestre de 2019, pero he visto que hay otras opciones muy interesantes para el segundo trimestre. Y apuntarme no es una "obligación" sino algo que me ilusiona.

Hoy me voy a acostar antes pera poder dormir esas 8 preciosas horas que tanta falta me hacen. De todas formas no he tenido el sueño infinito de otros días.

Buenas noches y buena suerte.

miércoles, 6 de marzo de 2019

Pinceladas

Me relaciono con personas, aunque sea a pinceladas. Sigo pensando que en cualquier momento se cansarán de mí, y que en realidad me relaciono con gente "por obligación". En el trabajo, por ejemplo. Pero ahora mismo estoy esperando para entrar en un taller y venir aquí no ha sido una obligación. Vengo porque quiero, porque me gusta. Aprendo y me relaciono con gente. Bueno, igual es una obligación autoimpuesta tras la sugerencia de la psiquiatra. De eso hace casi un año.

A pinceladas. Escucharles. Soy más de grupos pequeños y de conversaciones entre dos personas, que de grupos grandes donde para hablar casi hay que pedir instancia.

Volví a un lugar que no pisaba desde enero de 2018 (un eón antes). Y las sensaciones fueron distintas.

Tengo sueño porque ayer me acosté demasiado tarde (a las 23h, pero eso para mí es tarde).

El poder de las pequeñas cosas. Hace dos semanas leí en el taller y luego pude charlar con una compañera en el tren y fue muy bonito. A pesar de vivir una semana desastrosa.

Lo que pasó no lo puedo cambiar pero en sólo dos semanas todo parece distinto.

XChallenge*

*Que era una BMW de trail. La G650 XChallenge.


Escribir con alguien al lado (la verdad, en los últimos años he solido trabajar en pequeñas islitas, con alguien enfrente pero no a la derecha ni a la izquierda) es un reto (challenge) para mí. Y por eso lo hago, mientras espero a que llegue la hora de entrar en el CH. Aquí, igual que en los rallyes, penaliza más entrar con adelanto que con retraso.

Ahora recuerdo que LCR ha abandonado el ejército de los serafines, tal y como esperábamos en Enero, pero por distintos motivos. Mi despedida fue "mucha suerte y que te vaya muy bien". Literalmente le deseé eso. He aprendido cosas de ella.

Hoy de nuevo he de gestionar neumáticos, entrega de potencia, diferenciales mecánicos y mis fuerzas mentales, que son cada vez mayores pero todavía limitadas.

El copiloto me canta la cuenta atrás. Conecto el Bang Bang (en una posición intermedia para no castigar el motor).

Venus me dijo que el AMOR UNIVERSAL era su Weapon of choice. También lo es el mío. Dentro de un orden siempre voy a intentar aliviar, comprender, escuchar, ayudar (salvo que tenga muchísima ansiedad y grite y la líe parda).

Adriático me dio las gracias. Y buscando "amor universal" en google salió este blog. El Loco. Amor universal. Intenté no mostrar mi sorpresa, porque total, ella no se iba a acordar de la dirección.

martes, 5 de marzo de 2019

Andenes

EXT. DIA. Andenes de una diminuta estación de tren rural. En
un extremo del andén más cercano al edificio de la estación
vemos a ROSA (35) charlando con ANA (30). Junto a ROSA, una
maleta con ruedas verde lima.

ROSA
Lo he pasado genial. Tengo ganas de
repetirlo. Creo que para el puente
del Pilar podré pedirme algún día
libre.

ANA
Pero eso es en Octubre ¿No?

ROSA
Dos meses se pasan rápido.

ANA suspira y baja la mirada

ANA
Se me van a hacer eternos. Aquí el
tiempo es diferente.

ROSA
Bueno, pero ahora por lo menos tienes
trabajo. Así te distraes y puedes
ahorrar algo de dinero.

ANA
Pero es temporal. En septiembre otra
vez al paro. Después del verano esto
está muerto otra vez.

ROSA
Podrías venir conmigo.

ANA
¿Ir contigo? ¿A dónde?

ROSA
A Madrid.

ANA
¿Y que iba a hacer yo en Madrid? Allí
seguro que me agobiaría. Un sitio tan
grande, con tanta gente.

ROSA
Eso mismo. Un sitio lleno de gente y
de vida. Y es más fácil encontrar
trabajo.

ANA
Fácil para ti que eres lista y has
estudiado.

ROSA
Pero todavía eres joven. Podrías
volver a estudiar.

ANA
Y ¿dónde iba a vivir? Los alquileres
deben costar una pasta. Para malvivir
en un cuchitril me quedo aquí.

ROSA
Había pensado que al principio
podrías quedarte en mi casa. No es
muy grande pero para las dos
suficiente. Tengo un sofá cama muy
cómodo.

ANA
¿En tu casa? Ya sabes lo desordenada
que soy. Tu en cambio eres per-fec-ta.
Seguro que tu casa pasa la prueba
del algodón esa del anuncio.

ROSA
Me da igual que seas desordenada.
Contigo estoy a gusto.

ANA
Me ha encantado que vinieras a verme.

ROSA
Y a mí volver a verte, después de un
año.

ROSA coge de la mano a ANA. Ella aparta la mano y vuelve la
cabeza.

ANA
No hagas eso que nos están mirando.
Van a decir que somos bolleras y tú
te vas pero yo tengo que pasar el
invierno aquí.

ROSA
Si quieren mirar que miren. En Madrid
puedo ir cogida de la mano de una
chica sin que nadie se vuelva.

ANA
Ah ¿si?

ROSA
¿Te acuerdas del silo?

ANA
Cómo no me voy a acordar. Lo veo
todos los putos días. Es o era del
Servicio Nacional del Trigo o del
Servicio Nacional de Cereales. Mi
padre me lo ha dicho un montón de
veces pero ya lo lo recuerdo.

ROSA
¿Recuerdas cuando nos besamos aquella
noche detrás del silo?

ANA
¿A qué viene esa pregunta?

ROSA
A que te quiero. Siempre te he
querido. Por eso he venido.

ANA abre los ojos desmesurádamente y clava su mirada en el
rostro de ROSA. Coge la mano derecha de ROSA entre las
suyas. Después la suelta y sale corriendo en dirección al
edificio de la estación.

ROSA(SUSURRANDO)
Siempre es igual, si algo no te gusta
sales corriendo.

A los cinco minutos ANA sale del edificio con un billete de
tren en las manos. Llega hasta donde está ROSA y se abrazan.

ROSA
Entonces ¿Te vienes conmigo?

ANA
No aguanto otro invierno aquí.

Un viejo tren regional diésel llega a la estación en ese
momento. Las dos suben a él cogidas de la mano.

lunes, 4 de marzo de 2019

De viaje

Pensaba que ... sería un desastre. Más por cómo me sentía que por el lugar en sí. Cómo me siento puede convertir lo rutinario y sencillo en horrible y lo extraordinario y bello en algo todavía más horrible.

Al final todo fue más sencillo de lo que pensaba y mucho más agradable. De cuatro noches dormí bien 3, una incluso muy bien. Incluso no dormir bien la primera noche no se me hizo demasiado desesperante. Al día siguiente estaba muy cansado. En cuanto pude dormí un poco, como media hora, y antes de las 21 h estaba en la cama.

Lugares preciosos en bueno compañía. Trayectos preciosos. Comidas abundantes y deliciosas. Comidas improvisadas también deliciosas. Disfrutar de un espacio distinto pero en el que me sentía muy a gusto. La habitación del hotel.

En cambio, la combinación de ruido y cansancio me sienta mal.

De vuelta a la rutina. Hoy espero poder dormir muchas horas.

Dulce

No he dormido todas las horas que me hubiera gustado y estoy un poco cansado.  Mi mente está algo cansada, añora alguna hora de sueño más y bulle por la nueva información recibida durante toda la mañana. Pero también está en calma. Estoy en calma. Y eso es precioso. Todo ha sido más fluido de lo que esperaba. Ni siquiera el habitual trayecto en metro de vuelta a casa se me hace muy cansado. La UT está más bien llena pero tengo cierto espacio vital. Aunque estar de pie cansa mis rodillas. Un niño culebrea inquieto en el vagón. Tiene ganas de llegar a su destino y quizás se siente enjaulado en un espacio un poco pequeño.

Ir al médico (por segundo año consecutivo más o menos los mismos médicos: psiquiatra, fisios y hoy dermatóloga) me ha resultado sencillo. Temía llegar tarde y he salido por una boca de metro distinta. Eso ha implicado un pequeño rodeo que me ha irritado un poco. Aún así, como 10' antes de la hora de la consulta estaba en el habitual mostrador. Los trámites han sido rápidos y enseguida tenía unos ojos expertos pendientes de mis muchos lunares. Todos son normales, ninguno es maligno. He de proteger mi piel (que es delicada, como todo yo) del sol con cremas y gorros (porque ya no tengo tanto pelo como antes en la cabeza).

Que un día sea neutro en lugar de agobiante y desagradable es un gran progreso. Después de todo lo que pasó. Un año después es muy raro el mes que no piso una consulta, pero las mejoras son importantes.

Buenas tardes y buena suerte.

Los espectros

Leo El diario de Rachel, que sólo existe, 15 años después, en las tripas de mi ordenador y en la memoria del libro electrónico que me acompaña siempre que salgo de casa.

"Todos los que creen que tener miedo es ser cobarde, que reconocer tener miedo es de ser cobardes, todos esos son espectros."

Los espectros. A diario me cruzo e incluso charlo con ellos, aunque no suelo charlar con muchas personas, dado que me resulta todavía digamos que no fluido relacionarme con otros humanos y socializar. Aunque me resulta más fácil que hace 12 meses, y con ese matiz me quedo.

Los espectros son aquellos que creen que su forma de afrontar la vida y sus ideas son las únicas validas y aceptables. Que su forma de divertirse, sus opiniones, su forma de expresar los sentimientos, son las únicas normales. Eso me convierte en alguien anormal. La normalidad es sólo una distribución de probabilidad.

Los mismos que en lugar de preguntarme si me siento bien y si, mi respuesta fuera negativa, limitarse a un "lo siento" y respetaran mi silencio, afirman que no tengo un buen día y que no es el primero y dan por hecho que soy muy reservado. Todo esto es cierto, pero, de nuevo, como ocurre con Ella Laraña, es la forma y no el fondo lo que me puede llegar a hacer daño. Cómo no puedo decidir y dictar lo que hagan o digan los demás, me conformo con gestionar las emociones que me provocan de la forma más eficiente posible.

Aquellos que hablan y hablan sin decir nada, también son espectros. Aquellos que tienen miedo del silencio y han de llenarlo con frases eternas que no significan nada. Aquellos que buscan el morbo y el cotilleo. Que hablan sobre formas de quitarse la vida en el desayuno, sin saber que uno de los que se sientan en esa mesa puede escuchar esa conversación, que le resulta muy desagradable, porque negó varias veces la ideación suicida en 2018.

Todos ellos y ellas son espectros, hombres y mujeres sin rostro y sin empatía. Yo no soy un espectro. Soy un ser humano. Mi lema es vive y deja vivir y no hacer daño a nadie, en lo posible. Respeto otros puntos de vista y otras orientaciones vitales, incluidas las sexuales. Amo el amor por encima de convenciones y géneros.

Se que no soy perfecto y que muchas veces soy intolerante hacia los poco tolerantes. Y que por mi fragilidad y sensibilidad extrema es fácil dañarme o alterarme. Pero cada vez soy capaz de expresar mejor lo que siento y también de, en cierto modo, gestionar mejor mis emociones.

domingo, 3 de marzo de 2019

RPM

Mi mente no gira a 20.000 RPM como el motor de un F1 (desconozco si giran a tantas vueltas) o como un turbo. Pero tampoco está lo suficientemente tranquila para dormir. Llevo tiempo despierto, como una hora. Al menos aquí me siento tan agusto como en casa. Es un espacio amplio, agradable, silencioso. Tengo unas vistas estupendas de una ciudad preciosa, un lugar donde escribir (el móvil, pero también un pequeño block de notas del hotel) y lectura. Siempre viajo con música y lectura -revistas y un libro electrónico-. Ahora, además, con la medicación habitual, y otras para emergencias.

Pienso en las próximas citas con médicos del cuerpo y, sobre todo, de la mente. Pienso en el próximo examen. En cómo afrontarlo. Preferiría que la cita de mañana fuera con la psiquiatra pero eso no es posible. Y además ya sólo falta poco más de una semana.

Mientras escribo pasan los minutos. Me gustaría estar en mi refugio. Ya he visto cosas preciosas y ahora lo que menos me apetece es el regreso largo y a deshora. Pero tampoco puedo elegir.

Ayer un supuesto rato de esparcimiento me fue desagradable. Si lo sé, no hubiera salido de la habitación.

El concepto de silencio es relativo.

La gente se queja de cómo les hablas pero te hablan igual.

De noche escribo sin filtrar. De día es diferente. El viaje ha sido precioso, un poco cansado pero menos de lo que esperaba, dado todo lo que pasó hace 2 semanas. Ahora es de día y me separan algunas horas y algunos kilómetros de mi destino. En cuanto llegue habré de sumergirme en la rutina de la semana. Organizar ropa y comida para mañana. Acariciando al gato pirata, que quizás duerma a mi lado después de más de dos días lejos de mi lado. Imprimir la cita para el dermatólogo de mañana.

Añorada y a veces odiada rutina. Ésta semana toca aprender nuevas tareas. Pero tampoco me importa. Poco a poco.

sábado, 2 de marzo de 2019

Miraba cuadros que eran puertas cerradas recostado en un diván de hotel ...


... de una ciudad del sur, no se qué año, quizá en el 90.

Manolo García. En una playa calma.

Manolo García derrama su voz y su poesía hecha música en los auriculares del habitual MP3 Sony. Estoy sentado en una silla muy bonita, de una igualmente preciosa habitación de hotel. En la calle, poco a poco, el alba va cambiando el color del cielo al azul precioso y suave del amanecer.

Pensaba que el viaje iba a ser un desastre, sobre todo con lo poco que fui capaz de dormir ayer y del estado de ánimo con el que empecé la mañana mientras arrastraba la maleta con ruedas camino del metro. Pero hoy he dormido más horas que ningún otro día en meses (9) y a pesar de estar despierto a las 7 de la mañana un sábado, me siento descansado, en calma, en paz conmigo mismo y sin apenas ganas de llorar.

Una ciudad preciosa por descubrir, en buena compañía. Comidas distintas a las habituales por descubrir. Ya he sido capaz de ir al baño en un retrete que no es el habitual y de dormir en cama ajena.

A partid de hoy y en lo que queda del fin de semana, sólo puede mejorar.

Buenos días y buen fin de semana.

viernes, 1 de marzo de 2019

Vínculo

Levantó la vista. Estaba sentada en la caja de un viejo Nissan pick-up, en la portezuela que delimitaba la parte trasera de la caja. Con las piernas colgando. La luz todavía era clara y ligera, impropia del verano. El cielo, de un azul suave, sin rastro de nube alguna, presagiaba otro día de calor metálico y denso. Un destello brilló en la inmensidad del cielo: el fuselaje de un avión. Eva suspiró. Bajo la mirada, hasta su regazo, donde sus manos descansaban entrelazadas. Levantó la mirada y contempló el paisaje que le rodeaba: un mar de campos de cereal y olivos. Salpicado por pequeños cerros de jaras y romeros. Perdida en aquel laberinto de campos de labor y caminos de grava y tierra, ella.

A salvo.

Pero debía volver. El familiar vértigo en la tripa y el temblor de sus manos se lo con confirmó. Bajó al suelo, cerró la portezuela abatible con toda la suavidad de la que fue capaz y rodeó el coche. Abrió la puerta del conductor.

Debía volver.

Giro la llave de contacto. El veterano propulsor diésel se puso en marcha con pereza, al segundo intento. Debía cambiar la batería. Pensó que para el vetusto todo terreno japonés todavía era posible encontrar repuestos, pero para ella, para su mente y su cuerpo, no había piezas se recambio. Inició la marcha, de nuevo con las lágrimas pugnando por escapar de sus ojos. Lágrimas llamando a la puerta del lacrimal. Se mordió con fuerza el labio inferior, hasta casi hacerse sangre. La grava golpea los pasos de rueda del coche mientras avanzan a velocidad endiablada. Las emociones golpean así mismo el alma de Eva.

Pero quizás si pudiera ser reparada, curada, al menos, aliviado su dolor.

El recuerdo de Marina regresó de nuevo, implacable, nítido, doloroso. El primer beso. La primera vez que sintió la calidez y olor dulce de su cuerpo entre sus brazos. A la sombra del inmenso silo del Servicio Nacional del Trigo. Un gigante de hormigón y color crema que se levantaba desafiante junto a la estación del tren, impasible al paso del tiempo y al paso de los recuerdos y de los sentimientos. Un instante después Eva rechazó su contacto, asustada. Eso no estaba bien. Besar a una mujer. Amar a una mujer. Se dio la vuelta y Marina le abrazó por detrás, a traición. Su barbilla encontró acomodo en el hombro derecho de ella. Sus manos acariciaron su cintura, sus caderas. Siento su aliento cálido en el cuello. Tembló de miedo y de deseo. Las manos de Marina continuaron el sendero de caricias. El vientre. Después, los pechos de Eva. Nunca nadie le había acariciado así, con esa mezcla de ternura y de deseo.

Quiere volver a verla. Debe volver a verla. Recuerda su llamada. El tren llegará a las diez de la mañana. La sola idea de volver a encontrarse con ella hace que sus manos tiemblen y deba aferrarse con más fuerza al volante del Nissan para disimular ese temblor. Hay tiempo de sobra para que esté antes de las diez en la estación. Levanta el pie del acelerador e intenta conducir con la mayor suavidad de la que es capaz.

A las nueve y media aparca el Nissan delante de la estación. El edificio es viejo y pequeño. Necesita de atención e inversión, al igual que la línea de ferrocarril que les une con la capital. Bordeando el edificio llega hasta el andén. La hierba agostada todavía se percibe entre las juntas y grietas del piso del andén. Busca un rincón a la sombra de un almacén ahora sin uso.

El tren llegó con retraso. Un dinosaurio diésel renqueante. Apenas unos pocos viajeros se apearon en el andén. Otras pocas personas les esperaban. Eva contempló el intercambio de besos y conversaciones desde un extremo del andén. No veía a Marina. Hasta que distinguió su silueta emergiendo de una de las puertas del tren. Por todo equipaje, una pesada mochila. Marina esquivó al resto de la gente, sus conversaciones y saludos. Con pasos rápidos, cruzó el andén en dirección al lugar donde se encontraba Eva. Como si hubiera presentido su presencia.

-Te quiero- Le dijo a Eva al oído mientras se fundían en un abrazo

-Yo también te quiero-

Marina se volvió un instante. Intuyó las miradas de desaprobación de los lugareños en su espalda. Después, busco los labios de Eva y le besó con el cariño y deseo que ninguna palabra podía decir.

Desvelos

Es muy tarde, o muy pronto. Muy tarde para estar despierto, muy pronto para también estar despierto. No quiero tomar más cosas para dormir. Así que en lugar de eso me he levantado a escribir y a poner una lavadora. Ahora estoy tumbado en la cama esperando a que lleguen las 5 y pico para levantarme de nuevo, ducharme y desayunar.

Sólo desayuno en casa los días no laborables. El resto de días prefiero hacerlo en el aséptico comedor de la oficina. Cuánto antes salga de casa, antes llegaré. Aunque se averie o retrase algún transporte. Y cuanto más pronto, menos lleno está el metro. Así puedo sentarme a veces o pelear menos por un trozo de espacio vital si me quedo de pié. Además desayuno más tranquilo sabiendo que ya estoy en mi destino. Cómo bien diría Bergeronnette: ya es uno nervioso como para ponerse más nervioso.

La lavadora centrifuga de fondo. Espero no despertar a nadie.

Ilusionado por el viaje pero a la vez con un punto de preocupación. No sé qué tal me voy a encontrar. Si tendré molestias en las rodillas o más ansiedad. (Para lo primero, una crema. Para lo segundo, lorazepam. Soy una puta farmacia andante.)

Cómo sigo sin sueño me voy a teñir el pelo. La lavadora ha acabado.

Ya me he teñido de pelirrojo. He esperado un eón (30 minutos), me he lavado el pelo (en las instrucciones ponía aclarar, pero yo directamente me he metido en la bañera y me lavado el pelo y aclarado hasta que el agua volvió a ser incolora en lugar de roja). Osea que ahora solo tengo que vestirme y desayunar. Creo que intentar dormir igual es una buena idea.

jueves, 28 de febrero de 2019

Explicaciones

Si algo odio es dar explicaciones. En general. A unas pocas personas se las doy encantado. No más allá de 3 o 4, incluyendo la psiquiatra que me trata (a ella se que le tengo que explicar todo porque de lo sé contrario no podrá ayudarme).

Ayer tuve que dar explicaciones. Más de las que me hubiera gustado. Y a resultas de esas explicaciones tendré que pedir más cosas y dar más explicaciones.

Si no tenía la mejor semana del mundo (así en general, por lo que pasó, por DREAM IS COLLAPSING) todo eso me enfadó un poco. El enfado se va reduciendo poco a poco, aún así, no tengo ganas de ver ni oír a nadie hoy, lo que es imposible en una oficina llena de gente. De hecho el comedor se está llenando mientras escribo esto y voy a tener que hacer un glorioso mutis por el foro.

(Y eso hice).

La mañana avanza poco a poco y no es demasiado desagradable. Todo lo que no es desagradable, que es neutro, se acaba convirtiendo por contraste en algo casi agradable o placentero.

miércoles, 27 de febrero de 2019

Nombres

Hoy me preguntaron tu nombre. Lo dije. Tus dos nombres y tus dos apellidos. Me parece increíble la facilidad de la gente para olvidar, incluso personas con memoria precisa y casi fotográfica, tal y como lo es mi memoria.

Nuestros nombres. Todavía me acuerdo de tí. Sobre todo, a finales de Febrero, cuando todo empezó.

En cambio ahora, casi un año y dos meses después, en realidad nada ha cambiado. Supongo que lo que siento/pienso ahora no es real y es sólo una visión parcial condicionada por mi estado de ánimo y por las últimas semanas, cansadas y, en parte, desastrosas.

No es verdad. El cambio es tangible, evidente e importante. Quizás también sutil, hecho de pequeños cambios, casi insignificantes pero, igualmente, importantes.

El poder de la música y la memoria.



Escuchaba HK4 de Hybrid en 2004 pero también en octubre o noviembre (o ambos) de 2005. Han pasado 13 años desde entonces. Y en esa década larga si que percibo un cambio grande en mi. Incluso en sólo 10 años. Incluso en 5 años.


Como un sofisticado amortiguador de un coche de rallyes o de una bici de descenso. Que se comprime y extiende miles de veces. Pero que a veces se fatiga y necesita de una revisión. Quizás cambio de retenes, de casquillos de fricción, o de aceite. Para poder volver a rendir al 100 %. Y de las manos expertas de un mecánico o de un ingeniero para ponerlo a punto. Junto con las sensaciones del piloto, por puesto.



Almendros en flor.

A través de la diminuta y ovalada ventana del avión Myriam contempla un universo blanco. La aeronave gana altura en un suspiro y se aleja de campos cubiertos de nieve hasta donde le alcanza la vista. Parece imposible que la vida pueda abrirse paso en aquel reino de hielo y nieve. De inviernos interminables y oscuros. Suspira y juguetea con su pelo largo y cobrizo, recogido en una trenza. A pesar de volar a velocidades difíciles de concebir para un ser humano, se le antoja que el tiempo transcurre lento. Que cada segundo se alarga. Segundos de chicles, gominolas y regaliz rojo y dulce.

Una eternidad después, el avión aterrizó en lo que se le antojó un mundo diferente. En la aproximación al aeropuerto, una paleta infinita de colores se despliega ante sus ojos: el azul del mar, el verde de los campos de frutales, el naranja de la arena y el gris de las montañas afiladas. La ciudad en la que había crecido parecía distinta. Más grande. Llena de edificios enormes, altísimos, monstruosos, pegados al mar. Quizás, como los árboles, necesitaban humedad y calor para poder crecer. Quizás ella también necesitaba luz y calor para poder seguir viviendo.

El empleado de la empresa de alquiler de coches se dirigió a ella en inglés y, por costumbre, ella continuó la conversación también en inglés. En el interior del coche, blanco, pequeño y muy moderno, pensó que, a pesar de haber nacido a menos de cien kilómetros de allí, se sentía extranjera. Antes de arrancar el motor, rebuscó en el interior de su bolso. En el fondo encontró unas gafas de sol en su funda. Regalo de su marido. "En España siempre luce el sol" le dijo al despedirse de ella en el aeropuerto. No quiso contradecirle. Pero recordaba otoños de lluvias torrenciales e inundaciones. La fuerza del agua, imposible de contener. La fuerza de emociones desbocadas en su interior, imposibles de encauzar. El poder destructor de avenidas y emociones.

Buceó en sus recuerdos. Confiaba más en su mente que en la memoria informática del navegador del coche. Le costó un triunfo salir del aeropuerto, cruzar la ciudad y adentrarse en la autopista de peaje. A ras de tierra pudo contemplar con más detalle el paisaje visto desde las alturas. A la derecha de la autopista, el mar. A la izquierda, la montaña. Hasta donde alcanzaba la vista, más allá de los guardarrailes que delimitaban el asfalto, naturaleza desbordante y preciosa.

Almendros en flor. Tan pronto como salió de la autopista, se topó con el primer campo de almendros en flor. Flores de tonos entre blancos y rosados, distintos según la variedad del almendro. Un eón después, llegó a un diminuto pueblo de calles estrechas y empinadas, de casas encaladas de blanco. Detuvo el vehículo frente a una de ellas. Bajo la luz de la tarde, a la sombra de un almendro, distingió a un anciano sentado en una silla de anea. Bajó del coche y fue incapaz de contener las lágrimas.

-Buenas tardes, padre-

martes, 26 de febrero de 2019

Cansancio

Empecé escribiendo con el móvil. Escribo desde la cama, mi refugio desde que llegué a casa, cansado y con molestias en las rodillas progresando a dolor. Pero mucho menos intenso que hace dos semanas (un día un poco desastroso).

He hecho el esfuerzo de ir a buscar el portátil. Que, aunque pequeño, tiene un teclado de verdad, con el que escribir es más rápido y cómodo. Es un placer escribir sin nadie a mi alrederor. El silencio también es agradable. En el patio contiguo juegan y gritan niños. Para crear de nuevo la burbuja de silencio tan necesaria, música. Where dirt meets water. Que me recuerda a Julio de 2018. A otra nueva cita con la psiquiatra.

Perder los nervios, ser incapaz de gestionar mis emociones, enfadarme, gritar, hacer daño a quién más quiero, me ha resultado muy doloroso, frustrante, desesperante.

Todo ésto te lo diré en cuanto sea posible.

Llegar a casa, los mimos de Marco, una cena deliciosa, hablar por teléfono, me calmaron y aliviarion. Hace una semana fue justo al contrario.

En unos días, de viaje. Me apetece pero a la vez tengo miedo de agobiarme de nuevo o de que mis rodillas me impidan andar mucho rato. Bueno, para eso hay transportes públicos y ademàs siempre puedo alejarme de la manada y desconectar.

lunes, 25 de febrero de 2019

Luz

La luz ha cambiado. Al cruzar la familiar cancha de baloncesto y de fútbol sala, con la silueta de los rascacielos al fondo, el cielo tenía un color ligeramente distinto. Más suave. Cercano al azul suave, anaranjado o púrpura, del amanecer.

Estaba entrando de nuevo un poco en bucle. Pensando en el examen quizás, o en lo que pasó o en como me siento, o en lo que le contaré a la psiquiatra. Pero me di la vuelta y me encantó el color del cielo. Busqué un trípode improvisado para el móvil. Una verja metálica. Atrapé el instante.

Ahora mismo pienso en lo que escribiré para los dos talleres. Tengo dos ideas en mente. Nunca he tenido que escribir 2 relatos (bueno, un relato y una escena, o una secuencia, parte de un acto) en dos semanas. Es precioso. Que sea fluido y fácil. Los talleres en sí. Escribir a veces no me resulta tan fácil, sobre todo cuando se que será leído o escuchado por alguien. Antes sólo me leía una amiga bloguera.

El fin de semana fue mejor que el anterior, a pesar de alguna visita de mi eterna compañera de viaje. La ansiedad. Todavía me despierto pronto, pero al menos los fines de semana me sirven para descansar y desconectar. Para ver cosas  bonitas, almendros en flor e incluso compartir momentos con otros humanos. Aunque incluso eso me resultó un poco agotador.

Agotadora, convulsa, desesperante, dolorosa. Pero también, esperanzadora, bella, con la energía y la luz de la quasi-primavera. Así fue la semana pasada.

El pasado no se puede cambiar. El futuro si. El presente si.

Compartir tren y conversación con una compañera/amiga. Buscar su interacción alterando el recorrido. Son pocas las personas cuya conversación no le satura. Pero cada vez son más.

domingo, 24 de febrero de 2019

Dimensión desconocida. (6) Un plan

-No tengas miedo. Todo va a salir bien.

-¿Lo crees, lo deseas o lo repites para aumentar tu confianza?

-El miedo es lógico en una situación como ésta, pero no ayuda en nada. Impide pensar con claridad, impide reaccionar con rapidez.

-Sé lo que es el miedo. Lo he leído miles de veces en otras mentes y lo he sentido muchas veces más en mi interior.

-Se me olvida que puedes leer mi mente. Es ...

-¿Desconcertante? ¿Da miedo? Si te resulta violento, no lo haré. Si pudiera, habría pedido permiso cada vez que me pidieron leer las mentes de los demás. Pero no podía. Tampoco me pidieron permiso a mí para convertirme en una simple herramienta.

-Yo también fui una herramienta. Un soldado. Y obedecí órdenes. Entiendo lo que quieres decir. Al menos yo me alisté por mi propia voluntad. Igual tú no tuviste otra opción.

-No la tuve. A mí me obligaron. Ni elegí tener la capacidad de leer mentes ni elegí usarla cada día. Pero tú no tienes la culpa. Eres amable conmigo. Gracias.

-Nunca me habían dado las gracias por ser amable. Me han felicitado después de una misión, incluso después de follar, pero no por ser amable. Gracias a ti.

-De nada. Estoy acostumbrada a percibir aspectos de otras personas de los que ni siquiera ellas mismas son conscientes.

-Si estás preparada, vamos allá. En 10 minutos aterrizaremos en la prisión. Es la primera toma de contacto. No hay que salvar a nadie ni salvar el mundo hoy. Sólo obtener la mayor información posible.

-Entendido. Mantendré mis sentidos alerta. Todos.

-Por lo demás será fácil. Entramos, recogemos los residuos y nos vamos. Es fácil. Dejamos los contenedores autopropulsados vacíos que llevamos en la nave en la prisión y nos llevamos los contenedores llenos. Tenemos autorización, la documentación en regla. No va a pasar nada, si no nos ponemos nerviosos. La guardia de la prisión huele el miedo, por así decirlo. Están acostumbrados a sospechar de todo y de todos. Pero te repito que no tiene por qué pasar nada.

-De acuerdo. Creo que recordaré como funcionan los contenedores, como hacer que se muevan hacia donde yo quiero.

-Y si no te acuerdas me lo preguntas ¿Vale? Nadie nace sabiendo. Son casi autónomos. Llevan unos sensores en la parte de abajo, en la panza, que siguen unas líneas negras que hay a lo largo del suelo de la base.

-Lo recuedo. Es sólo que ... Nunca he hecho algo así.

-Lo se. Es tu primera misión real, por así decirlo. Te diré lo que me dijeron la primera vez que entre en combate: sigue al jefe de escuadrón y mantén la calma y los ojos abiertos.

-Lo intentaré.

-Se que puedes hacerlo. Me hubiera gustado tener a alguien como tú en mi escuadrón.

Myriam murmuró "gracias" de forma apenas audible. Se sonrojó. El piloto le imponía. Pero a la vez le proporcionaba una extraña sensación de seguridad y confianza.

-Markus, no sé cómo podré agradecerte lo que estás haciendo por nosotros.

-Ya lo haces. Me has llamado por mi nombre. No suelen llamarme así. Me llaman el Piloto o el basurero. Y me gusta recordar que soy un ser humano y que tengo nombre.


sábado, 23 de febrero de 2019

Unimog

Un pabellón lleno de coches y motos clásicos, coches de carreras, recambios, miniaturas, revistas. En 2001 estuve en ese mismo lugar. Y, de entre todas esas preciosas máquinas, me llamaron la atención sobre todo las furgonetas y un Unimog de carreras. Enorme, no muy rápido, pero capaz de rodar por cualquier terreno. Un poco como soy yo.


Buenas noches y buena suerte.

viernes, 22 de febrero de 2019

SOMETHING HAS CHANGED*



Aunque en los auriculares suena Broken patterns, siento que algo ha cambiado. *Something has changed es la canción anterior de ese precioso disco de Peter Broderick. Float 2013.

Ha sido una semana muy complicada. (Acabaré de escribir esto después porque me acaban de interrumplir. No es culpa suya, pero es que no puedo escribir con alguien al lado que creo puede ver lo que escribo.)

Fuera de Matrix. Cómo bien dice Mazda. nosotros estamos en Matrix pero sabemos que pertenecemos a ella. No sé si me explico. En algún momento de nuestra vida nos enfrentamos a alguna situación vital que nos hizo replantearnos la vida por completo. Yo aún estoy en esa situación vital. Pero avanzo.

Algo ha cambiado del sábado a hoy. Ayer o antes-de-ayer. En parte ha sido una semana de mierda con ansiedad, culpa, lágrimas y más cosas desagradables pero también ha sido preciosa. Me equivoco muchas veces pero se admitir mis errores, pedir disculpas, buscar soluciones. A grandes rasgos eso soy yo.

Días y noches imposibles de olvidad. De dolor, de culpa, de desconcierto, de desesperación. Un trayecto de sobra conocido por un precioso parque (aunque oscuro) llorando mientras sonaba Limp Bizikit en los auriculares.

De nuevo me he conseguido calmar, en parte. Y he disfrutado de momentos preciosos, en el taller de literatura de viajes o charlando con Mazda. Su compañía y conversación me resultan agradables incluso en días reguleros.

Ayer y hoy estaba nervioso, más bien ansioso, en la primera parte de la jornada laboral. No tanto como el martes (en general un día bastante desastroso pero que fue mejorando poco a poco) en que tuve que recurrir al alivio de último recurso, que es el lorazepam. Me calmó aunque me dio mucho sueño. Soy sensible a los ruidos y a los movimientos. Me hubiera resultado más fácil trabajar y estar lo más tranquilo posible en un lugar más silencioso y más apartado. Como aquella vez el año pasado en el que soñaba con ser una especie de hacker que probara la seguridad de los sistemas de importantes empresas. Me imaginaba con un poderoso portátil en Alexanderplatz, tirando lineas de código y ataques DoS con música en los oídos (quizás unos sofisticados auriculares inalámbricos o un casi arcaico mp3 como el que uso cada día). Y con una bici al lado. Una Canyon Torque. O quizás alguna bici de dirt jump de NS Bikes. Y llamando a mis jefes: Esto, que mañana os paso el informe completo pero que sepáis que los sistemas son un puto desastre, estooo que hay mucho trabajo que realizar. Me voy a dar una vuelta en bici que hackear cansa mucho. Y metería el portátil en una mochila, me quitaría los auriculares, me pondría el casco y subiría a la bici, camino de alguna estación de tren -hay una en esa misma plaza-, camino de algún tren que me llevara a algún bello paraje alemán con senderos chulos.

Ayer y hoy estaba nervioso, pero con todas las herramientas de las que dispongo, música, tila y respiración diafragmática entre otras, me pude calmar. El fin de semana se presenta mucho menos desastroso que el anterior, y con actividades interesantes como un salón de coches clásicos y un taller precioso.

Como me dijo ayer @Mama_psicologa, La vida es aprender que nos movemos a modo de "picos de sierra" y que las líneas planas y rectas solo indican que ya no hay nada.

Sigo adelante. Todavía puedo mantenerme en pie. Buscar soluciones. Aprender, mejorar, crecer, compartir. Y es tremendamente bello (aunque a veces agotador y doloroso) ese aprendizaje. Yo mismo me siento tremendamente bello.

Buenas noches y buena suerte.