Me siento más a gusto en grupos pequeños. Lo que es un progreso. Antes no me sentía cómodo en cualquier tipo de grupo. Salvo si tenía gran confianza con el resto de personas, lo que solía ser una rareza.
Las esperas e idas y venidas en cierto hospital (cuyo nombre no diré por evidentes razones de confidencialidad) me agotaron un poco. Los miércoles de taller son un poco agotadores sin paradas intermedias.
Al menos ya he recorrido parte del camino la semana pasada. Cuando llegue a mi gatera-taller-casa (como si fuera uno de mis relatos) puedo ponerme calor y crema.
Además me han explicado cómo son y cómo funcionan mis rodillas. Si fueran algún tipo de rodamiento, como dije hace X2 años, con un engrasador se solucionaba. No son piezas mecánicas sino tejido vivo. Y tiene solución. Aunque ya no tenga 20 años.
A pesar de no tener el mejor de los días he sido capaz de hacer todo lo que tenía previsto sin agotarme. Y estar rodeado de gente me resulta agradable. Si tienen intereses parecidos a los míos, mejor. Y si no son negativos. La vida no es perfecta para nadie. Ni tampoco nosotros somos perfectos. Nadie lo es y yo menos que nadie. Pero estar con personas positivas o al menos no muy negativas me hace bien. Me puede llegar a calmar. Centrarse en lo bello. En buscar una solución o en aceptar lo que a corto plazo no tiene solución. En lugar de repetir cada día lo que está mal, sin hacer nada para cambiar o cambiarse.
También he de aceptar que hay personas así, excesivas y negativos, e intentar que, si he de tener contacto con ellas, no me saturen. Simplemente con su forma de hablar.
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