viernes, 15 de febrero de 2019

El ejército de los serafines (Viernes parte 2)

Cambios en el tablero. Piezas de ajedrez que intercambian sus posiciones. Desde mi atalaya, con mi fiel ametralladora de palabras al alcance de las yemas de mis dedos y de mis ojos. Con los prismáticos al cuello. Guardando las espaldas. Manteniendo los ojos y los oidos abiertos. De nuevo bajo a la tierra. Abandono mi querida posición de francotirador de palabras, mi atalaya. La azotea de un edificio que apenas se tiene en pie tras muchos impactos de morteros y obuses.

Mientras recorro la avenida de los francotiradores al volante de mi viejo Nissan Patrol militar suena Héroes del silencio en el radio cassette.

"La derrota no es una opción, y no hay excusas. Para siempre me parece mucho tiempo".



De copiloto llevo a otro miembro del ejército de los serafines. Ella es, en parte, como yo. He aprendido a buscar las cosas que tengo en común con el resto de seres humanos, en lugar de centrarme en las diferencias.

Me siento cómodo a ras de tierra, rodeado de seres humanos. De algunos de ellos. Tejiendo lazos y vínculos.

Ella me indica que ha agotado su munición. Yo le cedo un par de cargadores. Suficiente hasta que pueda retornar a la base y reabastecerse.

La batalla termina por ésta semana. Bunbury canta en los auriculares. Estoy cansado y tengo algunas ganas de llorar, pero sabré calmarme.

El lunes los engranajes volverán a girar. Fuera embrague y gas.

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