Dolor físico: reducido.
Dolor anímico: menor que ayer.
En lugar de dejar la hormigonera mental dando vueltas un día más utilicé una herramienta que no me gusta demasiado: el teléfono. Me costó un poco, pero sin moverme del suelo del salón pude decirle lo que pensaba a quién quería. De forma demasiado directa, impulsiva, osea, muy yo.
Al menos tengo las cosas más claras y las espectativas son, aunque pequeñas, mejores que las de ayer.
Hablar con algún ser humano me hizo sentir mejor.
Que las máquinas vayan lentas me irrita.
He sabido calmarme con todas las herramientas disponibles (ayudas químicas, calor, reflexionar, expresar cómo me siento) en menos de 24h. Si hoy duermo bien sin más ayudas, vale. Si no es así, pues utilizaré ese comodín o JOKER, que para eso está.
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