Parte 1 aquí. Resto del relato aquí.
Transferencia.
El primer impulso fue entrar en el piso. Puerta B. Pero Marcos supo o pudo reprimirse. La campana mágica vibró. Tembló. Pudo sentirlo. Giró sobre sus talones, esquivó a Silvia, buscó a Paula. Buscó sus manos. Tomó su mano derecha entre las suyas. Sus rostros quedaron muy cerca, a unos centímetros el uno del otro. De haber estado en un lugar más íntimo la habría besado. Pero no era ni el momento ni el lugar.
Parte de su energía vital fue transferida a Paula, con ese simple gesto y su voluntad. Bastó para fortalecer lo suficiente la campana de protección.
-Aguantará ... -Murmuró Silvia
-¡Irene!
Silvia nunca gritaba. Era demasiado educada para gritar. Y dominaba de forma forma esquisita sus emociones. El pánico de Marcos creció. Sintió como Irene dibujaba un hechizo. A veces sentía los hechizos, la magia, como burbujas de colores. La amenaza a la que se enfrentaban era una enorme burbuja de color magenta. Más grande que un caballo. El hechizo que dibujaba Irene, una burbuja de un precioso color oro envejecido. La lucha fue breve e intensa. La burbuja de color oro envolvió a la burbuja de color magenta.
Tres sombras grises escaparon del piso. Pudo sentir la estela que dejaban a su paso. Estela de aire, estela de magia. Magia que se agotaba. El sutil cambio en el continuo espacio/temporal que sólo puede crear la magia.
-¡Se escapan!
-No importa. Ya no pueden hacer ningún mal.
Y después llegó ... La calma.
El piso estaba vacío e increiblemente sucio. Paredes, suelos y techos, llenos de runas.
-¿Todos bien?-Preguntó Silvia.
Una pregunta retórica.
-Casi me hago pis encima. Y no es una forma de hablar- Susurró Marcos.
Rompieron a reír.
-Vuestra primera caza. Vuestra primera gran caza. Irene ¿Cual fue la última vez que viste algo así?
-Hace mucho tiempo -Bufó- Más de diez años. No tenía ni la mitad de canas que tengo ahora.
-Marcos ¿Qué sensación te deja todo lo que ha pasado ahora? A parte de ganas de orinar ...
-Tu tienes más experiencia que yo. No veo cómo te puede ayudar lo que yo sienta.
-Tu encontraste el rastro. Responde, por favor.
-Algo ha cambiado.
-¿En tí?
-En todo. En el mundo. En la realidad.
-¿Estás seguro?
-No.
-Pero, lo sientes. Con eso me basta. Volvamos a .... casa. Estoy agotada. Todos lo estamos.
-Y sedientos. Nos hemos ganado una buena ronda de cervezas. Conozco un pub no lejos de aquí donde si cierras los ojos parece que estés en Escocia- Añadió Irene.
Silvia miró a Irene con gesto de reprobación.
-Lo sé Silvia, lo sé. El alcohol está estrictamente prohibido para los alumnos. Pero yo ya no soy ni alumna ni tampoco vidente. Por una ronda de cervezas no va a pasar nada. Que los alumnos y los videntes tomen refrescos, si quieren. Y si no, que corra la cerveza para todos. Antes de que ...
-No digas eso.
-¿Ahora me lees la mente?
-No
-Silvia, negar la realidad no hará que cambie.
-Irene, no es el momento.
-¿Cuando lo será? Está bien, volvamos a casa. Conduces tu, por hablar.
El grupo de seis volvió sobre sus pasos, bajó por las escaleras y regresó a la aparente seguridad de la calle.
-¿Qué ha querido decir Irene? -Preguntó en voz baja Paula a Marcos.
-Que algo malo está a punto de ocurrir.
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