jueves, 4 de abril de 2019

Onda vital ilimitada (Mermelada y grasa, parte 2)

-Onda vital ilimitada.

Sin apartar la vista de la pista, ni sus manos y pies del volante y los pedales, murmuró esas palabras.

-¿Qué has dicho?- Preguntó Marina.

-No importa. Recordaba una serie de televisión. De animación.

-¿Cómo puedes pensar en eso ahora?

Marina ocupaba el asiento del copiloto. A Marcos, que conducía el coche, le hubiera gustado sentir cómo se encontraba, pero ese don le había sido arrebatado hacía demasiado tiempo. El sudor bañaba su rostro y respiraba pesadamente. Eso le bastaba para intuir su enorme agotamiento.

El pequeño Suzuki color cobre volaba literalmente por la pista embarrada. El barro salpicaba los cristales. Los limpiaparabrisas apenas daban a basto para contener la avalancha de barro.

-Tienes que correr. Como tu sabes. Hoy .... es preciso.

Marina nunca se alteraba. Conservaba esa mezcla de serenidad e ironía tan suya en las peores circunstancias. El miedo que percibió en sus palabras alimentó su propio temor.

Conducir tan rápido como pudiera. No era tan difícil. Mentira. Si que podía llegar a serlo. Dependiendo de las circunstancias. Intento olvidar su miedo y concentrar su mente y su cuerpo en lo que tenía entre manos. Nunca mejor dicho. El volante, los pedales, el cambio. Incluso la palanca de la caja de transferencia requirió de sus atenciones.

-Tu puedes pequeño, me cago en la puta- Susurró Marcos.

-¿Ahora hablas con los coches?

Escuchaba y notaba las cuatro ruedas patinando sobre el barro mientras subían aquella empinada rampa, de primera con reductora.

-¿Por qué no? Ahora dependemos de él. ¿Todavía nos siguen?

-No lo sé. Me duele mucho la cabeza. Me cuesta pensar. Me encuentro mal.

No lo sé. Marina parecía o podía persentirlo casi todo. El pequeño Suzuki acabó por coronar la rampa. Quitó la reductora y se esforzó en hacer volar el coche sobre un terreno que tornaba ahora un poco más favorable.

miércoles, 3 de abril de 2019

Trinity


Todavía te echo de menos. Pero es diferente. Es un recuerdo dulce. Los mil y un momentos compartidos. Vínculos que se rompen. Nuevos vínculos que se crean.

Aprendizaje.

Los mares del placer, de la sensualidad, del deseo, del placer, de la consecución del placer.

Los mares de angustia y el dolor físico y anímico.

Mareas de calma. Bicis de azul intenso y algo de dolor de espalda.

Alivio.

El mundo es un lugar mejor porque tú estás en él.

El más dulce de los despertares (2019)

-Sabes que no me debes nada. Lo sabes ¿Verdad?

-El pasado no se puede cambiar. Estoy orgullosa de lo que fui pero también de lo que soy. Muy orgullosa. Sabes que no me debes nada, pero necesito tu ayuda.

Una madeja. A veces se le antojaba que su vida, que cada vida era una enorme madeja de lana, tejida y a la vez enredada por una mezcla de azar, destino y libre albedrío. El comienzo de aquel enredo fue un SMS.

Necesito hablar contigo cuando antes.

Unos pocos caracteres en aquella pequeña pantalla de cristal líquido. Primero la obligación, luego la devoción. Cuando leyó el mensaje de texto estaba a punto de iniciar su turno. Los pájaros de metal requerían de sus cuidados. Como un ave que hace una pausa en mitad de una migración.

Un avión. Y otro más. Una hora. Otra hora. Así hasta el final de su jornada. Todavía le fascinaban los despegues. Desde un rincón de la rampa, siempre que tenía un instante de respiro, contemplaba aquellas moles de metal dejando el suelo.

Positive climb.

El vacío.

Era demasiado pequeño. No va a acordarse de nada.

Mentira. Lo recordaba cada día.

Antes de volver a casa, a punto de montarse en su vieja Vespa Primavera, Miguel decidió llamarla.

-¿Paula?

-Ha pasado mucho tiempo.

-¿Cómo va todo? ¿Cómo está Esther?

-No has perdido un ápice de intuición. Sabes que no me debes nada. Lo sabes ¿Verdad?

-Eso no es cierto del todo.

-Tu habrías hecho lo mismo por mi.

-Por supuesto.

-El pasado no se puede cambiar. Estoy orgullosa de lo que fui pero también de lo que soy. Muy orgullosa. Sabes que no me debes nada, pero necesito tu ayuda.

-Será un placer. Y un honor.

-Todavía no te he dicho lo que quiero pedirte.

-Intuición. Tu misma lo has dicho.

-No quiero hablar de esto por teléfono. Es demasiado frío.

-Las máquinas no dan abrazos.

-Echo de menos tus abrazos.

-Y yo los tuyos.

-Ven a pasar el fin de semana a casa. Siempre será la tuya.

-Allí estaré.

-Te quiero.

-Y yo a tí.

martes, 2 de abril de 2019

Recuerdos

Recuerdos de hace cuatro años. "Desnudo bajo la lluvia". El aprendizaje. Hablar ante desconocidos. Terapia de grupo.

Recuerdos de hace un año y como mes y 1/2. Asomarme a mi propio vacío. Es que he sentido bajo mis pies alguna vez más. Pero me releo y ya no duele tanto. Porque soy diferente. Pienso diferente, siento diferente, escribo diferente. No sabría precisar cuánto. En que grado, en que porcentaje. Eso irrita a mi parte racional y analítica. Mi parte creativa y emocional, por el contrario, percibe esas pequeñas pero importantes diferencias. Mi yo nuevo me hace sentir orgulloso de mi.

Éste blog es parte de mi refugio. Mi montaña artificial. Donde me siento a descansar al caer la tarde. A veces, bajo la lluvia. Azul oscuro casi negro. La lluvia nunca va a poder conmigo. He de luchar por mi y no contra mi. Y es lo que hago, con la ayuda de la psiquiatra y de unas cuantas personitas que me acompañan en el camino.

Gracias a todos.

Jeannine

-¡Vamos, coño! ¡No te quedes ahí parada! ¡A correr!

Jeannine comenzó a correr a través del campo, en dirección a la alambrada que se adivinaba unos cientos de metros más allá. En el límite de la pradera de hierba, donde comenzaba el bosque, la malla metálica coronada de alambre de espino brillaba bajo la luz de la mañana.

A los pocos metros Jeannine volvió la cabeza. Myriam seguía donde la dejó unos instantes antes. En cuclillas sobre la hierba, junto al cuerpo inerte del guardia. Incapaz de moverse.

-¿No me has oído? ¡Me cago en la puta! ¡Corre de una vez!

"No voy a ir a buscarla. Que haga lo que le salga del coño".

lunes, 1 de abril de 2019

Interludio

El interludio me ha servido para descansar. Lo he agradecido. Fue una decisión acertada.

(Depeche Mode sonando en los auriculares tapa ruidos y voces humanas, pero no lo suficiente. Al menos ya no tengo que concentrar mis energías en seguir una conversación. Que no me resultó desagradable. Quizás innecesaria.)

Ahora tengo ganas de llegar a casa. Ya queda menos: sólo unas pocas paradas. Sin la ayuda de la bici azul (que imagino plegada delante de mis rodillas) alguna parada más. Tampoco un tiempo demasiado largo.

Cambio de hora y de tiempo. Más propio de la primavera que los días de temperatura entre suave y cálida de hace un par de semanas. Los cambios de luz me afectan. La gente no lo sabe o no lo recuerda, por eso insisten en comentar la previsión del tiempo para el día siguiente. He de acostumbrarme a que la gente no pueda intuir mi estado de ánimo. Ni siquiera personas que dicen tener intuición. Quizás esas conversaciones banales sean una forma de llenar el silencio, para aquellos a los que les resulte pesado o incómodo. Pero a la vez relacionarme con gente hace que me sienta más agusto o menos incómodo rodeado de gente. Siempre seré de grupos pequeños. Pero poco a poco avanzo.

Reflexiones sobre conversaciones y humanos en una ut446 X2. Mezcla de sueño y lágrimas llamando a la puerta del lacrimal. Deseo llegar a casa ya y poder descansar.

Una vez en casa todo es distinto. Un poco de silencio. Mi refugio. Un precioso paseo en bici. Una nueva máquina pequeña pero a la vez grande. Tal y como lo soy yo. Escribir. Escuchar música. Ver una película. Cenar. Cosas pequeñas pero preciosas.

domingo, 31 de marzo de 2019

Tempest Blue

Podría ponerme pedante y hablar de Shakespeare y de La Tempestad, pero salvo Hamlet años ha y Macbeth gracias a Mayendar, apenas he leido a Shakespeare. A veces pienso que he leído demasiado y vivido muy poco en comparación y otras me siento como un completo iletrado. Ni lo uno ni lo otro son verdad.

Azul tempestad. Me resultó un poco agobiante incluso elegir el color. Pensé en azul aguamarina, verde lima, rojo o violeta. Pero recordé los días de lluvia. El azul oscuro casi negro que precede a la tempestad. Han sido días de lágrimas a punto de salir y de ansiedad y de enfados. Pero detrás de las nubes siempre está el sol. Y a veces es necesario que llueva.

La última vez que pasé por algo parecido, después de ver a un psicólogo (al que le mando un abrazo enorme y agradezco infinitamente su ayuda) acabé en cierta cadena de tiendas comprando una nueva bici (es lo que tiene el insomnio y las ofertas). Ésta vez ha sido un regalo y una cantidad indecente de euros para estar a punto de quedarme en paro otra vez. Pero sobre la azulita preciosa por la Gran Vía, con todo el desarrollo metido, se me olvidó todo lo ocurrido la semana anterior y la anterior de la anterior.



(Dicen que a lo bueno se acostumbra uno pronto. Es de lejos la bici más cara que he tenido. Aunque he disfrutado con bicis de carretera que igual tenían más años que yo y que no cambian bien, ni frenaban, cuando todo va bien y no tienes que mancharte las manos de grasa, ni pensar en que retocar para dejar la bici a tu gusto, todo es más sencillo. Tengo un poco de miedo por si rompo la bici, pero después de los primeros paseos todo pinta bien. Será mi nueva compañera para transportes públicos llenos y viajes diversos. Luego se despliega y un tipo grande y feo como yo puede subirse encima con comodidad y volar bajo.)

Y después de escribir esto se puso a llover. La luz de los días de lluvia.

viernes, 29 de marzo de 2019

De nuevo bajo la lluvia

Algún día tendré que volver a estar bajo la lluvia. Y puede que el torrente erosione mi montaña artificial. Y deba reconstruirla, reforzarla. Con herramientas manuales o incluso con excavadoras. Vuelvo a estar bajo la lluvia. Pero todavía puedo mantenerme en pie.

Vuelvo a estar bajo la lluvia. Pero llueve diferente. Siempre llueve distinto. La lluvia me permite descubrir reflejos preciosos en el suelo. Reflejos de mi mismo. De un yo hermoso y resiliente. Imagino preciosas trazadas sobre un circuito encharcado, con ruedas de agua.

Hoy es un interludio. Un puente entre ayer y mañana.

jueves, 28 de marzo de 2019

Tajamatas, susceptibilidades, morteros y pensamiento lateral

... pero hay días en los que un parche de grava te sorprende en plena curva. La grava que no te esperabas. Cuando ya estás en pleno apoyo, tumbando. Cuando no tienes tiempo material para frenar. Primero llega el susto y después hay que hacer lo posible por pasar la curva. Si, un parche de grava es algo bastante evidente, que se ve. Pero en una curva ciega, no. El instinto normalmente te indica cuando puedes fiarte de una carretera y cuando no. Normalmente el piso o la suciedad no cambian de una curva para otra. Una carretera sucia lo es más o menos desde el principio. Pero hay días y días, y curvas y curvas.

(Entonces llegó. La conversación fue la esperada y me afectó menos de lo que pensaba. Expresé lo que sentía con ese punto de exageración tan mía.)

Tengo un recuerdo muy vago de una vez que me acabé yendo recto en cierta carretera de Guadalajara (Guadalajara España). Creo que porque venía un Suzuki de frente y la carretera era estrecha. Me pareció que no había espacio suficiente para pasar los dos. Igual me equivocaba. Vi que un camino arrancaba en el exterior de la curva y para allá que fui. Por suerte iba con mi bici de montaña plateada de hipermercado, algo lenta en asfalto, pero robusta en caminos.

Ya es mañana. Sumad un día al de la fecha del post. Hice algo que no había pensado: descansar. No he dormido todo lo que me gustaría pero si mucho más que otras veces en situaciones parecidas y sin más medicación que la habitual.

He reflexionado sobre lo que pasó ayer y entiendo que me he tomado todo demasiado a pecho por el nivel de ansiedad que tengo desde las últimas 2 semanas o así. No respondí de forma demasiado brusca e irracional, de todas formas. Y tomé la mejor decisión, que es descansar.

Al fina, se que me encuentro mejor. Noto en mí varios cambios. Me cuesta menos expresar cómo me siento. Tengo más capacidad para recuperarme de malos días. Me centro en buscar soluciones. Hoy es una muestra de esas soluciones.

martes, 26 de marzo de 2019

Asfalto sucio (Sensación parte 2)

La sensación de hoy es parecida a cuando empiezas una bajada complicada, con muchas curvas, mucha pendiente, asfalto sucio y roto, pero la bici que llevas te da confianza (yo alguna vez para malas carreteras he preferido una bici de montaña con cubiertas mixtas). Sabes que igual te das algún susto, pero que también que vas a disfrutar en otros tramos. La sensación es "se lo que tengo que hacer y cuando hacerlo". Siento que tengo más recursos para superar momentos algo o muy complicados. Cuando puedes salvar (o librar) una curva cerrada, un parche de humedad, un tramo de grava, sin que eso suponga un trago amargo demasiado grande de miedo subiendo desde la boca del estómago.


Igual que el freno nuevo (que, curisamente, funcionaba mejor con una maneta más antigua y sencilla, quizás porque el tiro del cable es diferente, y porque la palanca es más grande) me aporta más confianza a la hora de frenar fuerte. Para mi mente no hay actualizaciones o mejoras como en los ordenadores o en los coches de rallyes. Pero si posibilidad de crecer.

(Ayer pensaba en convertir mi vieja bici de carretera en una especie de híbrida. Con cubiertas de 28 mm. Así sería más cómoda en asfaltos bacheados e incluso en pistas.)

Ayer me enfadé un poco y hoy ha sido un día sólo regular en cuanto a la ansiedad. Me gustaría que ya fuera viernes pero al menos es martes. No me apetece ir a nadar ni nada parecido. Mi refugio, rallyes en red bull tv (como el año pasado) y poco más.

Buenas tardes y buena suerte.

lunes, 25 de marzo de 2019

Andenes (versión 2)

Final alternativo de la entrada Andenes.

ROSA
¿Recuerdas cuando nos besamos aquella
noche detrás del silo?

ANA
¿A qué viene esa pregunta?

ROSA
A que te quiero. Siempre te he
querido. Por eso he venido.

ANA abre los ojos desmesurádamente y clava su mirada en el
rostro de ROSA. Coge la mano derecha de ROSA entre las
suyas. Después la suelta y sale corriendo en dirección al
edificio de la estación.

ROSA ve alejarse a ANA. Suspira y baja la mirada. Sus ojos se humedecen. Un gorrión se posa en el andén, a unos pocos pasos de ROSA. Mira como avanza a pequeños saltos antes de volar de nuevo. La megafonía anuncia la llegada del tren. ROSA dirige varias miradas nerviosas al edificio de la estación, mientras el tren entra con estruendo en el andén. ROSA se sube a él, no sin antes dirigir una última mirada hacia atrás.

[FUNDIDO A NEGRO]

ROSA está sentada en el interior del tren. Mira por la ventana, distraída. Tiene los ojos enrojecidos. De pronto levanta la vista, mira al pasillo y ve a ANA cruzar el vagón, hasta que llega a donde está sentada ROSA. ANA se sienta a su lado.

ROSA
¿Qué haces aquí?

ANA
Una locura.

ROSA
¿Y tu trabajo?

ANA
Seguro que en Madrid puedo encontrar algo mejor.

ROSA
Pero, no has traído ni maleta.

ANA
En Madrid también habrá tiendas ¿no?

ROSA
Lo importante es que estás aquí.

ANA coge las manos de ROSA entre las suyas.

ANA
Tengo miedo.

ROSA
Yo también.

ANA
¿Miedo tu?

ROSA
Si.

ANA
¿De qué?

ROSA
De lo que siento. De estropearlo todo.

ANA
Todo va a salir bien.

Más dulce que amargo (parte 2)

El fin de semana me ha servido para descansar pero una vez de vuelta a la rutina, o incluso horas antes de volver, volvió la bajona o la  medio bajona, las ganas de llorar intensas. Y las ganas de no ver a nadie, cosa que es imposible así en general, y menos en una ciudad tan grande y tan llena de gente (muy ruidosa) como ésta, la que me vio nacer y en la que probablemente moriré.

Tengo ganas de más días de descanso, que llegarán en AVRIL. AVRIL está a la vuelta de la esquina, el final de abril no tanto. Antes empezará otro intenso taller. El X7. Todo ésto empezó hace un año. Los talleres, quiero decir. Ésta mañana pensaba que no había avanzado nada en todos estos meses pero no es verdad.

(De fondo alguien golpea con los pies un reposapiés de plástico que, a su vez, golpea el suelo con estruendo.)

Si, si que he avanzado, muchísimo, pero siento que todavía me queda mucho por avanzar (y es así). Y los días menos buenos (por lo que pasó el miércoles y lo que pasó el viernes) sólo veo lo que me queda por hacer y no lo hecho, el camino recorrido.

Perder el tiempo con cambios de procedimiento e indecencias varias también me irrita.

Hoy de todas maneras no he buscado un atajo. Ayer alguien se fijó en mi bici. Otro ciclista se quedó mirando, en busca de los cambios. Mi híbrida es sencilla pero llamativa, con sus frenos de disco, cambio en el buje y esas vainas elevadas tan de los 90. Veremos el resultado de no escapar de las situaciones. Sinceramente preferiría salir de aquí, ponerme los cascos y leer durante en trayecto sin tener que mantener ninguna conversación o ningún silencio pesado con nadie.

Más difícil pensar que hacer. Si, la gente es un poco cotilla, pero es lo habitual entre los humanos. Al final, socializar requiere un aprendizaje en pequeñas dosis. Si me saturo, puedo recurrir a mi fiel compañera de fatigas negra.

sábado, 23 de marzo de 2019

Tierra

Un día de primavera, sol, preciosas carreteras llenas de curvas y solitarias. Pequeñas cosas que me sacan sonrisas. Además logré dormir bastantes horas. Cuando me desperté definitivamente, casi se adivinaba el nuevo día. Será diferente con el cambio de hora, pero hasta junio, seguirán alargando los días.

Recorrí lugares visitados decenas de veces. Secuencias de curvas enlazadas que recordaba con precisión. Dónde frenar, cómo trazar. Ese vértigo de la velocidad sobre dos ruedas. Escuchar el aire, sentirlo, el rumor de las cubiertas rozando el asfalto, el familiar tacto los puños y mandos de freno. Ir en bici todavía me hace sentir mejor.

Después de lo que pasó el miércoles y de lo que pasó ayer, no tenía demasiadas ganas de ver a nadie y éste lugar es ideal para eso. Descansar, leer, dormir, escuchar música.

viernes, 22 de marzo de 2019

Mas dulce que amargo

Si.

De nuevo un día con parte amarga. De ganas de llorar. Pero también de parte dulce. Mucho.

Estoy no diré donde. Lejos del ruido. Es un lugar que parece sacado de otro tiempo. De hecho mientras escribo esto suena un viejo vinilo de Depeche Mode. El crepitar del disco me lleva al pasado. Como contraste, un moderno ordenador y un moderno teléfono móvil inteligente que hace de modem wifi. Así puedo escribir con un teclado "de verdad", y volcar mis palabras en la red.

La semana ha sido un poco cansada. Con altibajos. Menos que la anterior. Acabó con un poco de incertidumbre. Cuando una petición de calma supone incertidumbre. En fin (expresión que repito mucho en el mundo 1.0). Lo que tenga que ser será.

Supongo que cuando no tenga ganas de llorar casi cada día estaré todavía mejor. Pero me recupero antes de todos esos altibajos. Me parece copiar las mismas palabras de hace un año, pero no es verdad.

Cama distinta pero conocida. Silencio, lectura y música. Trabajar con herramientas, en alguna bici.

(De fondo Policy of truth. Que me recuerda a 1999 y también a como 2005. Es una canción que me encanta)

Porque todavía se me da mejor soñar que escribir y escribir que vivir.

Ya no es verdad. Cada vez escribo mejor. Si. Y cada vez vivo más en el mundo real y menos en el mundo de los sueños.

Buenas noches y buena suerte.

jueves, 21 de marzo de 2019

El vacío

Flap 15

Igual te lo debería haber dicho. Que no tenía el mejor día del mundo y que la conversación (las personas habladoras pueden hablar de multitud de temas distintos en pocos minutos) había derivado a cosas dolorosas. Pero no te lo dije porque me resultaba difícil y hasta un poco maleducado, y fuiste a meter el dedo (virtual, oral) donde más me dolía o donde más me duele.

Algún día podré estar en condiciones de dejar la mirtazapina, pero siendo completamente realista, aunque también positivo, quedan varios meses para ese momento. No es que me preocupe tanto como en octubre, por ejemplo, pero si que me abruma a veces pensar cuanto tiempo me queda de tratamiento y de estar tomando medicación.

Igual que hace casi un año, sin querer, y con no más de dos o tres frases, me hiciste sentir mal, porque no te diste cuenta de que yo estaba haciendo un esfuerzo por explicar cosas que no quería explicar.

Podía haber sido peor.

Buenos días y buena suerte.

POSITIVE CLIMB

Ir en bici siempre mejora un día que empezó siendo un poco regulero. Siempre. De nuevo al manillar de mi bici híbrida. Igual que ella es un poco mejor que cuando salió de la cadena de montaje, gracias a las piezas que mis manos grandes y expertas le han ido montando, yo también soy una versión mejora de mi mismo.

(El tren tarda. Me he sentado. He buscado info sobre la causa del retraso. Me he levantado. Sigo escribiendo con la bici al lado. Por fin viene el tren. No va tan lleno como pensaba. Busco un sitio en el pasillo para mi bici y sigo escribiendo.)

No tenía la culpa. La próxima vez le diré que esa pregunta no me gusta y ya.

He leído a Chibimundo y me he emocionado mucho. Me ha traído recuerdos un poco dolorosos pero a la vez admiro su fortaleza.

El fin de semana está más cerca y en menos de 24 h de nuevo me he recuperado y vuelvo a volar entre nubes.

Buenas tardes y buena suerte.

martes, 19 de marzo de 2019

Rage against de machine

En los últimos 4 años he podido escribir algo parecido decenas de veces. De hecho, lo que ahora continua empezó entonces. Hoy me he enfadado. Un poco. En otra ocasión me habría enfadado más. Pero ya estoy calmado. Mañana, una vez comprendida la incomprensible nueva composición de lugar, ya se lo que esperar.

Mejor que esto tuviera lugar ahora y no antes. Pero, de todas formas, hubiera sabido superarlo de igual forma.

Al final del día no tenía ganas de socializar ni ningún vh (patinete, bici) con el que acortar el camino así que opté por un nuevo camino, como en Noviembre, que resultó más lento pero nada cansado.

Mañana más.

Recuerdos de sol, aire y gasolina

Cuando alcanzó la calle comenzaba a llover. Con pereza, se diría que hasta con dulzura. Bajo la luz suave y tenue del principio de la primavera, vio brillar ingrávidas diminutas gotas de agua frotando en el aire.

Pantalones de agua. Por suerte siempre llevaba unos en el cofre de la moto.


En un extremo de la acera le esperaba la vieja BMW F650 de color blanco. Sonrió mientras quitaba el antirrobo. Después sacó el casco, los guantes y los pantalones de agua del cofre y dejó allí su bolso. 

Comprar aquella moto había sido una decisión meditada, pero, a la vez, un poco impulsiva. La vio en el escaparate de una tienda de motos usadas. Le recordó a su hermano Víctor. Por él había aprendido a ir en moto. Por él, en cuanto cumplió los 18, se había sacado el carnet de conducir. El de coche y el de moto, casi a la vez. A medias, se compraron un coche y una moto en cuanto pudieron: un Opel Corsa aguamarina y una vieja Honda Dominador azul cielo. A pesar de su metro setenta, la Honda era un poco demasiado alta para ella. Debía hacer casi equilibrios o buscar un bordillo donde apoyarse. Por eso enseguida Víctor le busco otra moto: una "custom". Una especie de Harley Davidson en miniatura. Una Yamaha Virago 250. Larga, bajita, llena de cromados. No corría mucho, pero si lo suficiente para moverse por los alrededores de la ciudad. Y pasear con ella era un placer.

De todo eso habían pasado casi 20 años. Le pudo la comodidad del coche y el abrigo que proporcionaba del frío, de la lluvia. Acabó vendiendo la Yamaha. Su hermano siguió teniendo otras motos. Incluso en Finlandia, que es donde vivía ahora, seguía yendo en moto. De nieve los inviernos eternos. En verano, en una enorme BMW R1200 GS con la que cruzaba Europa durante sus vacaciones. El escudo de BMW en el depósito de aquella moto, al verla en el escaparate, le recordó a Víctor.

Pensó que era demasiado vieja para ir en Moto. Cuarenta años eran demasiados. Aún así, entro en la tienda y preguntó por ella. El precio le pareció un poco alto. Pero las BMW tenían fama de fiables. Además, cuando se subió a ella en parado, descubrió que llegaba al suelo sin problemas. El vendedor le explicó que su anterior dueña también era mujer, y, además, de pequeña estatura, y que le había puesto un asiento opcional un poco más bajo.

Meditó si comprar la moto era una buena idea durante una semana. Podía permitirse el capricho. Ahora ni siquiera tenía coche. Al cambiar de casa, al mudarse a un piso en el centro, aparcar se había puesto imposible. Lo acabó vendiendo. El transporte público era más económico y hasta ecológico. Aunque a veces también un poco pesado y agobiante. Sobre todo en hora punta. Echaba de menos sentir en aire en la cara. Cómo cuando era una adolescente y Víctor le enseñó a ir en moto en aquella Suzuki DR 50 amarilla.


Al final se decidió. Después de consultarlo por Skype con Víctor. El se mostró entusiasmado, aunque a la vez, quizás  un poco preocupado. Le insistió en que se comprara un casco, guantes y una chaqueta antes de siquiera estrenar la moto. La tienda donde la había visto resultó ser un concesionario BMW y también vendía ropa y cascos. Le llamó la atención una chaqueta blanca y azul. Le recordaba vágamente a las que usaban los pilotos de la marca bávara en el Dakar, hacía un siglo, se le antojaba. Cuando Víctor y ella veían los resúmenes del Dakar en el sofá de la casa de sus padres. Cuando por fin se puso al manillar de la BMW sintió un cosquilleo en el estómago. Le resultó casi tan cómoda como su antigua Yamaha y mucho más rápida. El callejeo hasta su piso fue agradable, casi placentero. Se sorprendió sonriendo de nuevo al manillar de una moto. Y soñó con que, al verano siguiente, quizás podría ir a Finlandia a ver a Víctor en moto, en lugar de en avión.

lunes, 18 de marzo de 2019

Correcaminos

Me apetece hacer cosas. Pequeñas, pero agradables. Pasear en patinete, por ejemplo. Jugar con el equilibrio. Un tipo tan grande y tan adulto como yo en un pequeño patinete parecía un poco ridículo. Pero me sentí a gusto y feliz. El ocio solitario. Pero todo eso se lo pude contar a alguien.

Las aguas vuelven a su cauce. Matices. Prefiero ser ese pequeño matiz que hace a alguien sentir mejor en un momento complicado que al revés.

Nuevos talleres. Acabar los actuales, que han sido preciosos. Aprender. Enseñar. Escuchar.

Poco a poco los días fluyen, son neutros la mayoría, algunos incluso agradables.

Buenas noches y buena suerte.

viernes, 15 de marzo de 2019

El viento

Os voy a contar mi historia. Soy el viento. Soy parte del viento. A veces una brisa suave y fresca, otras una tempestad devastadora. Soy capaz de refrescar el día más cálido de Agosto. Soy capaz de descargar lluvias torrenciales que desbordan torrenteras y revientan presas.

Venus me dijo que aquel que ha conocido la tormenta (porque ha sido la propia tormenta) puede calmarla. Yo no estoy tan seguro. Me encantaría ser capaz de calmar a la gente. Tener un efecto similar en ellos al de cierta benzodiazepina, pero sin receta y sin reacciones adversas. Ni tampoco crear dependencia. Me gustaría ser un ángel .Un ángel sin alas, pero con bicis. O con alguna KTM de 450 para poder cruzar desiertos.

No soy un ángel. Ló unico que puedo hacer es intentar calmarme y no generar ruido.

Buenos días y buena suerte.