Dolor.
Las rodillas ya no molestan. La espalda si. No es un dolor muy grande pero si constante y molesto. Al contrario que el año pasado, desplazado al lado derecho, casi bajo el hombro, ahora está en el centro, bajo el cuello. Quizás alguna mala postura delante del ordenador o sobre la bici. Quizás de nuevo la ansiedad, mi vieja compañera vital, de nuevo haciendo de las suyas.
Alivio.
Poder descansar, duchas de agua caliente, nadar, crema, me alivian. Pero no del todo. Si mañana continua, tendré que volver ir al fisio. Total, sólo he estado tres semanas enteras sin pisar un hospital.
Nervios.
El viernes estaba muy incómodo rodeado de gente y sus ruidos, conversaciones, movimientos, gestos. En la oficina. Me supe calmar.
Calma.
Charlar contigo a veces me resulta agradable. Buscar los puntos en común en lugar de las diferencias. Hablar de esa conocida y desagradable sensación en la tripa que a veces sólo las benzodiazepinas pueden aliviar.
Y el tiempo ha cambiado, la hora también, hace más frío que fresco, pero en mi refugio, rodeado de bicis y de libros, viendo series y documentales de Al filo de lo imposible, me siento en calma y a gusto.
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