jueves, 14 de marzo de 2019
Altibajos
Como los dientes del pequeño plato de 32 dientes de mi bici de montaña. Altibajos. Crestas. Valles. Momentos de calma y de alivio y otros de ganas de llorar y de no ver a nadie. Pero no es siempre. No sueño con vivir en medio de la nada, sin ningún contacto con ningún humano.
Es jueves y la semana ha sido bastante cansada. Ha sido un poco cansada. Depende del momento parece más cansada y más horrible de lo que ha sido en realidad. Desde mi refugio "mi caos amable", es diferente. De fondo una serie. Burbuja de silencio.
Ayer encontré por fin una canción en youtube. The dead end? Dead end literalmente es "callejón sin salida". Dónde me he sentido unas cuantas veces en los últimos meses. Pero no es verdad.
Es una melodía repetitiva y un poco amarga, que ha sido la banda sonora de estos dos días agridulces, mas dulces que amargos.
miércoles, 13 de marzo de 2019
REvolution*
Me siento orgulloso de mí.
El RE también es parte de la denominación de una locomotora suiza: SBB-CFF-FFS Re 620 (Re 6/6 in the old numbering scheme)
martes, 12 de marzo de 2019
Le Chat Noir*
Los nervios progresaban desbocados desde la boca del estómago. Cada paso, cada acción, se tornaba difícil, desagradable, dolorosa. El trayecto se le hizo enorme. La ciudad que le había visto nacer, monstuosa y desconocida. Un laberinto de mareas de hombres sin rostro. Un mar de estaciones de metro, intercambiadores, autobuses. Cuando por fin alcanzó su destino, un edificio de oficinas de aspecto amenazador y reflejos espejados, estaba agotada. El mero hecho de enfrentarse a la entrevista de trabajo le provocaba náuseas. Cruzó la verja que delimitaba el recinto del edificio con pasos decididos, intentando aparentar tranquilidad.
El gato negro surgió de no supo donde. Se plantó delante de ella y bufó ruidosamente. Después comenzó a correr, se coló entre sus piernas, cruzó la misma puerta ella acababa cruzar segundos antes y desapareció de su vista.
Mónica no supo que hacer. Se sintió incapaz de seguir caminando, de entrar en el edificio. El poco valor que había podido reunir se había esfumado con el bufido del minino. Siguiendo un deseo irresistible, volvió sobre sus pasos. Comenzó a correr detrás del gato. ¿Hacia dónde habría ido? ¿A la derecha o a la izquierda? Se decidió por la primera opción. Los preciosos zapatos de vestir, no eran el calzado más adecuado para correr. A punto estuvo de resbalar varias veces. A los pocos metros detuvo su carrera. Se le antojó que no tenía sentido correr detrás de un gato negro. Pensó en volver al edificio y concentrarse de una vez en lo que había venido a hacer. Entonces el gato apareció de nuevo ante sus ojos. Lentamente, recorrió el trecho de la acera que le separaba de Mónica, con movimientos elegantes. Maulló muy bajito y frotó su pelaje negro y brillante contra las piernas de Mónica. Ella se agachó hasta quedar en cuclillas y comenzó a acariciar al gato.
-¿Qué es lo que quieres? No sé lo que hago aquí. Debería volver y hacer la entrevista.
El gato frotó su hocico contra la mano de Mónica. Después, con gesto lévemente ofendido, comenzó a caminar por la acera. De vez en cuando volvía la cabeza, mirando a Mónica, que seguía quieta, en cuclillas, sin atrever a moverse.
-¿Quieres que te siga?
-Miaaaoouuu.
-¿Eso es un "si"?
-Miaaaoouuu.
Mónica se puso en pie. Los segundos que había pasado en cuclillas acariciando al gato le permitieron recuperar el aliento. Y calmar sus nervios. Comenzó a caminar de nuevo, siguiendo los delicados pasos del gato. Al final de la calle distinguió lo que parecía el acceso a un parque. El gato se dirigió hacia él. El gatito continuaba mirando hacia atrás cada pocos pasos, asegurándose de que Mónica seguía sus pasos. Mónica se detuvo un instante antes de cruzar el umbral que daba acceso al parte. Se le antojó un portal interdimensional que le transportaría a un nuevo mundo. Una burbuja de silencio en medio de la ciudad. Una burbuja de senderos y campos de almendros en flor.
-Miaaaoouuu.
El gato negro llamó de nuevo su atención. Parecía impaciente. Mónica dudó un instante más, antes de reanudar su caminar, a través del parque, detrás del gato negro. A los pocos pasos aterrizó en un campo de almendros en flor. Con la luz de la mañana, los árboles resplandecían. Pero, sobre todo, le llamó la atención la atmósfera especial del parque. Una burbuja de calma, de silencio.
RoC (rate of climb)
In aeronautics, the rate of climb (RoC) is an aircraft's vertical speed – the positive or negative rate of altitude change with respect to time.
Da igual. Sigo volando y el vacío ya no me llama. Sigo dibujando vórtices con las puntas de mis alas en el aire húmedo de la mañana. Y un día ya no habrá vacío, sólo el azul del cielo y el azul del mar y el único vértigo será el que sienta en la tripa al romper la barrera del silencio.
Casi en una vida anterior, los días menos buenos, o malos (para que maquillar la realidad) dibujaba cuentavueltas en los márgenes de mis hojas de apuntes. Con la aguja a punto de salirse de la escala. En plena zona roja.
Ahora, gracias a la magia de Internet he encontrado una foto del cuentavueltas en el que me inspiraba: el de una vieja Honda de trail (trail entonces significaba motos mixtas carretera-campo. una Honda Dominator o Suzuki DR por ejemplo).
Hoy ha sido un día medio malo. No el peor que recuerdo desde Diciembre de 2017, ni mucho menos.
(De fondo Marco maulla con fuerza. No se si quiere más comida, que juegue con el, caricias, mimos, o si de alguna manera presiente que no me encuentro bien y quiere llamar mi atención).
X3 semanas esperando que llegara mañana y, por fin, mañana es mañana. Si no soy más explícito es por que no quiero y porque luego me releo y me siento ridículo.
Escribo esto en el ordenador de sobremesa, que tiene un teclado "de verdad", aunque un poco ruidoso (¿existirán teclados más suaves y silenciosos?). Como tantas otras veces, a medio desvestir. Pero escribir era y es más importante que acabar de desvestirme.
Una vez más a punto de salir de otra bajona, pero muy cansado.
Buenas noches y buena suerte.
lunes, 11 de marzo de 2019
Luz
domingo, 10 de marzo de 2019
Arena
El disco solar comenzó a alzarse sobre el mar en el horizonte. Mario continuó caminando sobre la arena húmeda. Cerca de donde rompían las olas en un estallido de espuma. Se agachó hasta quedar en cuclillas y cogió un puñado de arena húmeda en su mano derecha. La mezcla de arena y agua se escurrió entre sus dedos por más que intentara evitarlo. El tiempo y los anhelos, imposibles de atrapar. Se puso de nuevo en pie. Volvió la cabeza. Unos metros más atrás, un pastor alemán olfateaba curioso la arena.
-Vamos, Rocky,
El perro trotó alegremente hasta llegar a su altura. Frotó su hocico contra la cadera de de Mario y el le acarició cariñosamente en la cabeza.
-El viaje ha sido muy pesado pero ha merecido la pena ¿Verdad Rocky? Este sitio es precioso.
La luz del alba acariciaba la arena blanquisima de la playa. El agua era transparente como no la había visto nunca.
sábado, 9 de marzo de 2019
Recuerdos
[The Matrix, diario de (nombre omitido en los documentos desclasificados) / Dragonfly]
He releído mi diario. El que guardo en decenas de archivos de word, uno para cada mes. El mismo que escribía antes de tener un blog y después de tenerlo, lo que me resultaba demasiado íntimo o me daba demasiada vergüenza escribir en el blog. Como no se lo podía contar a nadie lo escribía. En 2004 no tenía nadie al que pudiera llamar "amigo/a", nadie al que contarle las cosas que me ilusionaban y las cosas que me preocupaban: la ansiedad, el insomnio, ser incapaz de concentrarme en lo que tenía que estudiar para acabar la carrera.
Primero tuve varios diarios en papel. En cuadernos o libretas. Cuadernos pequeños, de medio folio. También utilizaba los márgenes de los apuntes. He encontrado un cuaderno azul de 2001, grande, reciclado en diario y también alguna hoja de los recambios cuadriculados que usaba para tomar apuntes.
Después, aunque pasaron como 4 años hasta que tuve un ordenador en mi cuarto, comencé con los diarios en word. A mano escribo más rápido, no mucho más, pero mi letra es fea y casi ilegible. El word permite copiar, pegar, corregir, y hasta imprimir.
Más tarde, en Mayo de 2004, creé el primer blog. Se llamaba Dragonfly. Y la primera persona que me comentó fue Marta. De ese blog surgieron vínculos que todavía perduran. Vínculos de amistad. Ahora puedo expresar cómo me siento a gente con la que me relaciono casi a diario (aunque sea por trabajo) o a las personas que puedo considerar mis amigos, via whasapp. O por Twitter.
Releo viejos diarios, viejos recuerdos, y aunque siento el vértigo del paso del tiempo, me doy cuenta de lo mucho que he avanzado en pocos años. Y sonrío. Hoy he dormido bastante bien, como 7 horas. Llevo mucho tiempo despierto, mucho, pero sin apenas ansiedad. Y pienso en las cosas que hacer a lo largo del día, como ir al gimnasio o en bici o ver el inicio del mundial de motociclismo.
Releo viejos recuerdos y ya no me resultan dolorosos apenas. Se que siempre me haré una pregunta: ¿Qué hubiera pasado si me hubiera visto un psicólogo o psiquiatra con 18-20 años? No podré responder nunca a esa pregunta porque el pasado no se puede cambiar. El presente y el futuro si. Y hace más de 4 años que decidí cambiar, hacer algo distinto: pedir ayuda. Y como le decía ayer a Ella Laraña, tengo días buenos y días menos buenos. Pero sigo adelante.
Buenos días y buena suerte.
viernes, 8 de marzo de 2019
Magia
Han pasado 11 años desde que escribiera eso. Entre tanto cambié de década, de trabajo varias veces y hasta de casa. Pero, sobre todo, cambié yo. Estoy cambiando y, tal y como dije en 2015, siento que no desperdicio mi magia y el tiempo que tengo de vida.
Cuando lo difícil es más sencillo
Desde antes-de, tres semanas antes, pensando en el día de hoy. Hubiera preferido que fuera antes, igual que hubiera preferido que me pudiera ver la psiquiatra antes (total, ya sólo quedan 5 días). Pero fue cuando fue y nada desagradable. Todo lo que tenía que decir lo dije con educación y sin buscar conflicto (NO GENERAR CONFLICTO es la frase que repetí en mi mente los 3 primeros meses de 2018). Y me di cuenta de que proyecto una imagen bastante fiel. Soy resolutivo, organizado, me resulta fácil aprender nuevas cosas, pero a la vez no soy demasiado flexible.
Al final el día fue más agradable de lo esperado, y una semana más agradable de lo esperada.
Ya me he apuntado a talleres muy interesantes. Hace tres meses hice el esfuerzo, porque anímicamente no me encontraba nada bien. A pesar de todo lo que ha pasado ....
Perdóname
por todos mis errores
por mis mil contradicciones
Eso cantaba Amaral hace 11 años.
Cometo muchos errores y mis palabras y actos a veces son la gota que desborda las emociones de gente a la que quiero, pero a la vez intento buscar soluciones y seguir avanzando.
jueves, 7 de marzo de 2019
Ilusión
En poco más de dos semanas se habrán acabado los talleres del primer trimestre de 2019, pero he visto que hay otras opciones muy interesantes para el segundo trimestre. Y apuntarme no es una "obligación" sino algo que me ilusiona.
Hoy me voy a acostar antes pera poder dormir esas 8 preciosas horas que tanta falta me hacen. De todas formas no he tenido el sueño infinito de otros días.
Buenas noches y buena suerte.
miércoles, 6 de marzo de 2019
Pinceladas
Me relaciono con personas, aunque sea a pinceladas. Sigo pensando que en cualquier momento se cansarán de mí, y que en realidad me relaciono con gente "por obligación". En el trabajo, por ejemplo. Pero ahora mismo estoy esperando para entrar en un taller y venir aquí no ha sido una obligación. Vengo porque quiero, porque me gusta. Aprendo y me relaciono con gente. Bueno, igual es una obligación autoimpuesta tras la sugerencia de la psiquiatra. De eso hace casi un año.
A pinceladas. Escucharles. Soy más de grupos pequeños y de conversaciones entre dos personas, que de grupos grandes donde para hablar casi hay que pedir instancia.
Volví a un lugar que no pisaba desde enero de 2018 (un eón antes). Y las sensaciones fueron distintas.
Tengo sueño porque ayer me acosté demasiado tarde (a las 23h, pero eso para mí es tarde).
El poder de las pequeñas cosas. Hace dos semanas leí en el taller y luego pude charlar con una compañera en el tren y fue muy bonito. A pesar de vivir una semana desastrosa.
Lo que pasó no lo puedo cambiar pero en sólo dos semanas todo parece distinto.
XChallenge*
martes, 5 de marzo de 2019
Andenes
un extremo del andén más cercano al edificio de la estación
vemos a ROSA (35) charlando con ANA (30). Junto a ROSA, una
maleta con ruedas verde lima.
ROSA
Lo he pasado genial. Tengo ganas de
repetirlo. Creo que para el puente
del Pilar podré pedirme algún día
libre.
ANA
Pero eso es en Octubre ¿No?
ROSA
Dos meses se pasan rápido.
ANA suspira y baja la mirada
ANA
Se me van a hacer eternos. Aquí el
tiempo es diferente.
ROSA
Bueno, pero ahora por lo menos tienes
trabajo. Así te distraes y puedes
ahorrar algo de dinero.
ANA
Pero es temporal. En septiembre otra
vez al paro. Después del verano esto
está muerto otra vez.
ROSA
Podrías venir conmigo.
ANA
¿Ir contigo? ¿A dónde?
ROSA
A Madrid.
ANA
¿Y que iba a hacer yo en Madrid? Allí
seguro que me agobiaría. Un sitio tan
grande, con tanta gente.
ROSA
Eso mismo. Un sitio lleno de gente y
de vida. Y es más fácil encontrar
trabajo.
ANA
Fácil para ti que eres lista y has
estudiado.
ROSA
Pero todavía eres joven. Podrías
volver a estudiar.
ANA
Y ¿dónde iba a vivir? Los alquileres
deben costar una pasta. Para malvivir
en un cuchitril me quedo aquí.
ROSA
Había pensado que al principio
podrías quedarte en mi casa. No es
muy grande pero para las dos
suficiente. Tengo un sofá cama muy
cómodo.
ANA
¿En tu casa? Ya sabes lo desordenada
que soy. Tu en cambio eres per-fec-ta.
Seguro que tu casa pasa la prueba
del algodón esa del anuncio.
ROSA
Me da igual que seas desordenada.
Contigo estoy a gusto.
ANA
Me ha encantado que vinieras a verme.
ROSA
Y a mí volver a verte, después de un
año.
ROSA coge de la mano a ANA. Ella aparta la mano y vuelve la
cabeza.
ANA
No hagas eso que nos están mirando.
Van a decir que somos bolleras y tú
te vas pero yo tengo que pasar el
invierno aquí.
ROSA
Si quieren mirar que miren. En Madrid
puedo ir cogida de la mano de una
chica sin que nadie se vuelva.
ANA
Ah ¿si?
ROSA
¿Te acuerdas del silo?
ANA
Cómo no me voy a acordar. Lo veo
todos los putos días. Es o era del
Servicio Nacional del Trigo o del
Servicio Nacional de Cereales. Mi
padre me lo ha dicho un montón de
veces pero ya lo lo recuerdo.
ROSA
¿Recuerdas cuando nos besamos aquella
noche detrás del silo?
ANA
¿A qué viene esa pregunta?
ROSA
A que te quiero. Siempre te he
querido. Por eso he venido.
ANA abre los ojos desmesurádamente y clava su mirada en el
rostro de ROSA. Coge la mano derecha de ROSA entre las
suyas. Después la suelta y sale corriendo en dirección al
edificio de la estación.
ROSA(SUSURRANDO)
Siempre es igual, si algo no te gusta
sales corriendo.
A los cinco minutos ANA sale del edificio con un billete de
tren en las manos. Llega hasta donde está ROSA y se abrazan.
ROSA
Entonces ¿Te vienes conmigo?
ANA
No aguanto otro invierno aquí.
Un viejo tren regional diésel llega a la estación en ese
momento. Las dos suben a él cogidas de la mano.
lunes, 4 de marzo de 2019
De viaje
Al final todo fue más sencillo de lo que pensaba y mucho más agradable. De cuatro noches dormí bien 3, una incluso muy bien. Incluso no dormir bien la primera noche no se me hizo demasiado desesperante. Al día siguiente estaba muy cansado. En cuanto pude dormí un poco, como media hora, y antes de las 21 h estaba en la cama.
Lugares preciosos en bueno compañía. Trayectos preciosos. Comidas abundantes y deliciosas. Comidas improvisadas también deliciosas. Disfrutar de un espacio distinto pero en el que me sentía muy a gusto. La habitación del hotel.
En cambio, la combinación de ruido y cansancio me sienta mal.
De vuelta a la rutina. Hoy espero poder dormir muchas horas.
Dulce
No he dormido todas las horas que me hubiera gustado y estoy un poco cansado. Mi mente está algo cansada, añora alguna hora de sueño más y bulle por la nueva información recibida durante toda la mañana. Pero también está en calma. Estoy en calma. Y eso es precioso. Todo ha sido más fluido de lo que esperaba. Ni siquiera el habitual trayecto en metro de vuelta a casa se me hace muy cansado. La UT está más bien llena pero tengo cierto espacio vital. Aunque estar de pie cansa mis rodillas. Un niño culebrea inquieto en el vagón. Tiene ganas de llegar a su destino y quizás se siente enjaulado en un espacio un poco pequeño.
Ir al médico (por segundo año consecutivo más o menos los mismos médicos: psiquiatra, fisios y hoy dermatóloga) me ha resultado sencillo. Temía llegar tarde y he salido por una boca de metro distinta. Eso ha implicado un pequeño rodeo que me ha irritado un poco. Aún así, como 10' antes de la hora de la consulta estaba en el habitual mostrador. Los trámites han sido rápidos y enseguida tenía unos ojos expertos pendientes de mis muchos lunares. Todos son normales, ninguno es maligno. He de proteger mi piel (que es delicada, como todo yo) del sol con cremas y gorros (porque ya no tengo tanto pelo como antes en la cabeza).
Que un día sea neutro en lugar de agobiante y desagradable es un gran progreso. Después de todo lo que pasó. Un año después es muy raro el mes que no piso una consulta, pero las mejoras son importantes.
Buenas tardes y buena suerte.
Los espectros
domingo, 3 de marzo de 2019
RPM
Mi mente no gira a 20.000 RPM como el motor de un F1 (desconozco si giran a tantas vueltas) o como un turbo. Pero tampoco está lo suficientemente tranquila para dormir. Llevo tiempo despierto, como una hora. Al menos aquí me siento tan agusto como en casa. Es un espacio amplio, agradable, silencioso. Tengo unas vistas estupendas de una ciudad preciosa, un lugar donde escribir (el móvil, pero también un pequeño block de notas del hotel) y lectura. Siempre viajo con música y lectura -revistas y un libro electrónico-. Ahora, además, con la medicación habitual, y otras para emergencias.
Pienso en las próximas citas con médicos del cuerpo y, sobre todo, de la mente. Pienso en el próximo examen. En cómo afrontarlo. Preferiría que la cita de mañana fuera con la psiquiatra pero eso no es posible. Y además ya sólo falta poco más de una semana.
Mientras escribo pasan los minutos. Me gustaría estar en mi refugio. Ya he visto cosas preciosas y ahora lo que menos me apetece es el regreso largo y a deshora. Pero tampoco puedo elegir.
Ayer un supuesto rato de esparcimiento me fue desagradable. Si lo sé, no hubiera salido de la habitación.
El concepto de silencio es relativo.
La gente se queja de cómo les hablas pero te hablan igual.
De noche escribo sin filtrar. De día es diferente. El viaje ha sido precioso, un poco cansado pero menos de lo que esperaba, dado todo lo que pasó hace 2 semanas. Ahora es de día y me separan algunas horas y algunos kilómetros de mi destino. En cuanto llegue habré de sumergirme en la rutina de la semana. Organizar ropa y comida para mañana. Acariciando al gato pirata, que quizás duerma a mi lado después de más de dos días lejos de mi lado. Imprimir la cita para el dermatólogo de mañana.
Añorada y a veces odiada rutina. Ésta semana toca aprender nuevas tareas. Pero tampoco me importa. Poco a poco.
sábado, 2 de marzo de 2019
Miraba cuadros que eran puertas cerradas recostado en un diván de hotel ...
Manolo García. En una playa calma.
viernes, 1 de marzo de 2019
Vínculo
Levantó la vista. Estaba sentada en la caja de un viejo Nissan pick-up, en la portezuela que delimitaba la parte trasera de la caja. Con las piernas colgando. La luz todavía era clara y ligera, impropia del verano. El cielo, de un azul suave, sin rastro de nube alguna, presagiaba otro día de calor metálico y denso. Un destello brilló en la inmensidad del cielo: el fuselaje de un avión. Eva suspiró. Bajo la mirada, hasta su regazo, donde sus manos descansaban entrelazadas. Levantó la mirada y contempló el paisaje que le rodeaba: un mar de campos de cereal y olivos. Salpicado por pequeños cerros de jaras y romeros. Perdida en aquel laberinto de campos de labor y caminos de grava y tierra, ella.
A salvo.
Pero debía volver. El familiar vértigo en la tripa y el temblor de sus manos se lo con confirmó. Bajó al suelo, cerró la portezuela abatible con toda la suavidad de la que fue capaz y rodeó el coche. Abrió la puerta del conductor.
Debía volver.
Giro la llave de contacto. El veterano propulsor diésel se puso en marcha con pereza, al segundo intento. Debía cambiar la batería. Pensó que para el vetusto todo terreno japonés todavía era posible encontrar repuestos, pero para ella, para su mente y su cuerpo, no había piezas se recambio. Inició la marcha, de nuevo con las lágrimas pugnando por escapar de sus ojos. Lágrimas llamando a la puerta del lacrimal. Se mordió con fuerza el labio inferior, hasta casi hacerse sangre. La grava golpea los pasos de rueda del coche mientras avanzan a velocidad endiablada. Las emociones golpean así mismo el alma de Eva.
Pero quizás si pudiera ser reparada, curada, al menos, aliviado su dolor.
El recuerdo de Marina regresó de nuevo, implacable, nítido, doloroso. El primer beso. La primera vez que sintió la calidez y olor dulce de su cuerpo entre sus brazos. A la sombra del inmenso silo del Servicio Nacional del Trigo. Un gigante de hormigón y color crema que se levantaba desafiante junto a la estación del tren, impasible al paso del tiempo y al paso de los recuerdos y de los sentimientos. Un instante después Eva rechazó su contacto, asustada. Eso no estaba bien. Besar a una mujer. Amar a una mujer. Se dio la vuelta y Marina le abrazó por detrás, a traición. Su barbilla encontró acomodo en el hombro derecho de ella. Sus manos acariciaron su cintura, sus caderas. Siento su aliento cálido en el cuello. Tembló de miedo y de deseo. Las manos de Marina continuaron el sendero de caricias. El vientre. Después, los pechos de Eva. Nunca nadie le había acariciado así, con esa mezcla de ternura y de deseo.
Quiere volver a verla. Debe volver a verla. Recuerda su llamada. El tren llegará a las diez de la mañana. La sola idea de volver a encontrarse con ella hace que sus manos tiemblen y deba aferrarse con más fuerza al volante del Nissan para disimular ese temblor. Hay tiempo de sobra para que esté antes de las diez en la estación. Levanta el pie del acelerador e intenta conducir con la mayor suavidad de la que es capaz.
A las nueve y media aparca el Nissan delante de la estación. El edificio es viejo y pequeño. Necesita de atención e inversión, al igual que la línea de ferrocarril que les une con la capital. Bordeando el edificio llega hasta el andén. La hierba agostada todavía se percibe entre las juntas y grietas del piso del andén. Busca un rincón a la sombra de un almacén ahora sin uso.
El tren llegó con retraso. Un dinosaurio diésel renqueante. Apenas unos pocos viajeros se apearon en el andén. Otras pocas personas les esperaban. Eva contempló el intercambio de besos y conversaciones desde un extremo del andén. No veía a Marina. Hasta que distinguió su silueta emergiendo de una de las puertas del tren. Por todo equipaje, una pesada mochila. Marina esquivó al resto de la gente, sus conversaciones y saludos. Con pasos rápidos, cruzó el andén en dirección al lugar donde se encontraba Eva. Como si hubiera presentido su presencia.
-Te quiero- Le dijo a Eva al oído mientras se fundían en un abrazo
-Yo también te quiero-
Marina se volvió un instante. Intuyó las miradas de desaprobación de los lugareños en su espalda. Después, busco los labios de Eva y le besó con el cariño y deseo que ninguna palabra podía decir.
Desvelos
Es muy tarde, o muy pronto. Muy tarde para estar despierto, muy pronto para también estar despierto. No quiero tomar más cosas para dormir. Así que en lugar de eso me he levantado a escribir y a poner una lavadora. Ahora estoy tumbado en la cama esperando a que lleguen las 5 y pico para levantarme de nuevo, ducharme y desayunar.
Sólo desayuno en casa los días no laborables. El resto de días prefiero hacerlo en el aséptico comedor de la oficina. Cuánto antes salga de casa, antes llegaré. Aunque se averie o retrase algún transporte. Y cuanto más pronto, menos lleno está el metro. Así puedo sentarme a veces o pelear menos por un trozo de espacio vital si me quedo de pié. Además desayuno más tranquilo sabiendo que ya estoy en mi destino. Cómo bien diría Bergeronnette: ya es uno nervioso como para ponerse más nervioso.
La lavadora centrifuga de fondo. Espero no despertar a nadie.
Ilusionado por el viaje pero a la vez con un punto de preocupación. No sé qué tal me voy a encontrar. Si tendré molestias en las rodillas o más ansiedad. (Para lo primero, una crema. Para lo segundo, lorazepam. Soy una puta farmacia andante.)
Cómo sigo sin sueño me voy a teñir el pelo. La lavadora ha acabado.
Ya me he teñido de pelirrojo. He esperado un eón (30 minutos), me he lavado el pelo (en las instrucciones ponía aclarar, pero yo directamente me he metido en la bañera y me lavado el pelo y aclarado hasta que el agua volvió a ser incolora en lugar de roja). Osea que ahora solo tengo que vestirme y desayunar. Creo que intentar dormir igual es una buena idea.




