domingo, 16 de junio de 2019

Semanas

Casi una semana sin escribir aquí. Porque ya no me es tan necesario. Las semanas pasan de forma suave y fluida. Sin sobresaltos. Sin ganas de llorar ni ansiedad. Y casi sin molestias.

El poder de las cosas pequeñas, como tomar algo con los compañeros de trabajo al salir de la oficina. Casi en una vida anterior hacía algo parecido. Comiendo pizza alguna vez.

Avanzando. Día de descanso, motos y relatos.

lunes, 10 de junio de 2019

Días

Un androide que repasa sus sistemas mecánicos e informáticos en busca de posibles daños. Algo así.

Del cuerpo apenas me molesta un poquito el hombro izquierdo.

El estado de ánimo es bueno. Lo escribo bajito. Sin ganas de llorar. Duermo muchas horas. No me satura estar rodeado de gente, ni los trayectos ni las esperas.

La temperatura es ideal. Hace sol pero no calor. Un autobús. De vuelta a casa. El día no sé me ha hecho largo ni agotador. Todo es más sencillo. Y me encanta.

Mi yo actual me gusta más. Pero mi yo pasado tampoco estaba mal.

Dos relatos en mente. Citas con médicos varios en las próximas semanas, pero ya apenas me alteran.

viernes, 7 de junio de 2019

Jinete de dragón

Arrebujado bajo el edredón nórdico, Bruno escuchó cómo alguien golpeaba suavemente la puerta del balcón.

-No estoy-Susurró.

La puerta se abrió con lentitud.

-Buenos días Míriam-Dijo sin salir de su escondite.

-¿Ahora ves a través de las cosas?

-No. Pero sólo un hada entra por un balcón.

-Chico listo. ¿Has podido dormir algo?

-No.

Sacó la cabeza de debajo del edredón. Míriam se había sentado en el borde de la cama. Vestía una elegante túnica en tonos azules, a juego con su pelo. Podría pasar por una humana, a no ser por las alas delicadas y translúcidas de su espalda.

-Te he traido algo de desayunar. Bizcocho y, además, un regalo.

-Gracias. Pero no tengo apetito.

-Tienes que comer algo.

Míriam tomó su mano derecha entre las suyas.

-Vamos, todo saldrá bien.

-Sigo teniendo vértigo.

-Lo harás bien. Vienes de una familia de expertos jinetes de dragón.

-Y yo soy el único con vértigo.

-Quizás pueda ayudarte.

-No, por favor.

Cerró los ojos. Ignorando sus palabras Míriam le tomó en sus brazos y salió volando a través del balcón. Con suavidad, le depositó en el jardín de la casa-árbol, tres pisos más abajo.

-No ha tenido gracia.

Temblaba cuando abrió los ojos. Míriam estaba seria, quizás, apenada.

-Lo siento. No era mi intención ...

-Lo se. Tengo que vestirme o se me hará tarde. ¿Y si me das el regalo por la tarde?

-Está bien. Pero tienes que comer algo – Míriam le tendió un bizcocho envuelto en papel de estraza.

-Lo intentaré.

Bruno desapareció en el interior de la casa-árbol. Míriam se quedó un instante mirando la puerta. Decidió marcharse con un sutil vuelo, para no poner más nervioso a Bruno.

En un mundo salpicado por pequeñas islas flotantes, los dragones voladores eran esenciales. Bruno procedía de una estirpe de famosos jinetes de dragón. Pero a él, las alturas le aterraban. Incluso vivir en lo alto de una casa-árbol, se le hacía difícil.

Había asistido multitud de veces al inicio del curso de jinetes de dragón. Pero, en aquella ocasión, era diferente. El era uno de los futuros aprendices. No un mero espectador. Bruno hubiera dado un año se su vida por volver a la seguridad y calidez de su cama.

Sintió que aque no era su sitio. Rodeado por otros alumnos, que charlaban entre animados y nerviosos. El patio de suelo de piedra, las murallas y torres que lo rodeaban le impresionaban. Él no era como los demás. Desde niño. Las alturas de aterraban. Los árboles, los precipicios. La sola idea de volar en el vacío a lomos de un dragón volador le producía escalofríos.

Una serie de gritos y carcajadas nerviosas le sacaron de sus pensamientos. Los dragones sobrevolaron el patio, hasta por fin decidirse a aterrizar ordenadamente en un extremo. Cómo si se tratara de un rebaño de ovejas, dos enormes dragones púrpura, guiados por expertos jinetes se encargaban de mantener agrupados a los dragones.

Tan pronto hubieron aterrizado, uno de los alumnos se acercó tímidamente a los dragones. Otro le imitó. Dragones y humanos se observaban. Un instante mágico. Poco a poco, todos los alumnos escogieron un dragón. O quizás, fue al revés. Cada dragón escogió un humano. ¿Todos?

Bruno seguía inmóvil en el otro extremo del patio. Intentó recordar si había visto algo parecido. Sus ojos se inundaron en lágrimas. Pero ...

Una sensación cálida estalló en su mente. Escucho una voz que le llamaba. Cálida y firme. Una voz en su mente.

-Te estaba esperando.

Notó un aliento cálido en su cuello. Giró la cabeza. A su lado flotaba un precioso dragón púrpura. Sintió amor y complicidad infinita.

-Es hora de volar.

Bruno sintió los ojos del resto de alumnos clavados. Mientras ellos se habían limitado a susurar, acaridiar, admirar a los dragones, él se había encaramado al lomo del pequeño dragón púrpura. Desplegó sus alas y, con un pequeño impulso de sus poderosas patas traseras, levantó el vuelo. Desde el suelo, el resto de alumnos y sus dragones les miraba embobados.

Invisible a ojos humanos, Míriam contempló la escena emocionada. Desde el cielo. 

-Sabía que podrías hacerlo.

Avanzando

Despacio. Con cambios sutiles pero importantes. Quizás con el silbido de las cajas de cambio de carreras. O con pequeños ajustes al mando que reparte la frenada.

Sonrisas. Calma. Pensamientos chulos. Muchas horas dormidas. Conocer mejor mi cuerpo (y sus inevitables molestias). Y mi mente.

Vivir, cuando los días y los minutos fluyen de forma apacible es precioso. Aunque todavía me saturen las personas que hablan por llenar los silencios.

miércoles, 5 de junio de 2019

Trayectos

De acá para allá. De norte a sur y viceversa. En metro, cercanías, autobuses. Y se me hacen llevaderos. No me agobian ni los minutos ni las esperas, ni tampoco la gente con diarrea verbal.

Trabajo, talleres, rehabilitación. Descanso. Ejercicio. Series y bicis. Lectura

Hoy apenas me molesta el hombro. Frío, crema e Ibuprofeno han hecho milagros. En unas horas, cuando esté de vuelta en casa me volveré a poner frío.

Todo es más suave, más sencillo, más amable.

Hoy me costó escribir horrores y vengo a escuchar. Escuchar es precioso y se aprende.

Es el cumpleaños de Ágata. Un amor de mujer que es parte importante de mi vida.

sábado, 1 de junio de 2019

Descanso

Dormir muchas horas. Leer. Escribir. Aunque de abril para acá, me cuesta escribir. Pero es precioso imaginar nuevos relatos en lugar de repetir pensamientos feos a cada poco. Y no tener molestias. La espalda no molesta, ni el cuello, ni tampoco las rodillas. Si acaso el hombro izquierdo un poco. Que es un latazo porque me pregunto si algún mes no tendré dolores, pero es una molestia pequeña.

Es preciosa la calma. Sólo eso. Tener calma. Que vivir no duela.

jueves, 30 de mayo de 2019

Tiempo

El tiempo es distinto. No me refiero al clima, que es cada vez más cálido sin ser agobiante, ni a la luz, ni a los días largos. Todo eso ayuda, o por lo menos me sienta mejor que los días cortos y la lluvia. Me refiero a que ahora el tiempo parece fluir de forma distinta. Más amable. Ni la semana laboral ni los largos (y numerosos, x14 a la semana) trayectos en trasportes públicos, se me hacen eternos, ni desagradables. Son neutros, llevaderos. Estar rodeado de gente tampoco me resulta muy cansado.

Me pregunto si llevo demasiado tiempo para haber avanzado tan poco. Pero no es verdad.

Buenas tardes y buena suerte.

lunes, 27 de mayo de 2019

Lunes

Muchas horas dormidas, cosas por hacer, ganas de hacer cosas, luz preciosa, calma (quizás calma nerviosa, pero nunca seré del todo tranquilo), pocas molestias físicas, gente con la que hablar (aunque sea a distancia), relatos por escribir.

Y sonrisas.

Y hablo contigo. La conversación es fluida. Me alegro de que te alegres. Y siento no poder curarte. Pero no soy médico ni sanador (tampoco creo que nadie pueda curar a nadie de forma mágica). Pero te escucho. Nos escuchamos. Y es sencillo y bonito.

viernes, 24 de mayo de 2019

SMS

Antes del Whatsapp. SMS. Y correos electrónicos.

Se me antoja que fue hace un eón. En Septiembre de 2005. Yo salía de la facultad de psicología (tenía que ser esa facultad) y la chica que caminaba delante de mí hablaba por teléfono. Me pareció algo maravilloso poder charlar con alguien. Que alguien se interesara por mi. A parte de algunas personas a las que había conocido por internet, a traves de los blogs, a parte de conocidos, compañeros de estudios o de trabajo, no tenía amigos. Si.

"Sería tan hermoso tener a alguien a quien llamar...."

Ahora han pasado x14 años. Probablemente la única persona que me lea (Marta) será la que me mandó un SMS al leer el post, me mandó un SMS.

Soy distinto. Todavía tengo miedo de acabar ingresado en psiquiatría (aunque eso sea totalmente falso, dado que hago un montón de cosas para encontrarme mejor, tengo apoyo profesional -profesional de la salud mental, psiquiatra, vaya-, medicación, cada vez más recursos mentales). Soy mas sociable. Charlo con personas. Leo en voz alta, en los talleres. Desde entonces he desvirtualizado a unas cuantas personas conocidas al otro lado de la pantalla. He dormido en hoteles, en casas particulares. En mi propia casa. He ido a médicos del cuerpo y de la mente, cada vez con menos pudores. He amado y me han amado. He besado. He compartido placer.

Esa sensación deliciosa, de formar parte del mundo, de ser un ser humano, de ser como vosotros. Nunca seré sociable o extrovertido, nunca tendré muchos amigos, ni tampoco muchas parejas. Pero soy un poco más sociable y quiero y me quieren.

Gracias a todos y buenas noches.

Pasos

La sensación es dulce y cálida. Y pasear en bici siempre me sienta bien. La semana no se me ha hecho larga. Los trayectos (muchísimos) tampoco. Los planes para el fin de semana son sencillos. Descansar. Escribir. Un nuevo taller.

Hoy la luz es preciosa y mis miedos son más pequeños. Quizás es que me siento grande.

Buenas noches y miaus.

Bici

Incluso en semanas neutras, agradables, la rutina, las esperas eternas en medios de transporte varios (sobre todo cuando he de hacer muchos trayectos). Las molestias en la espalda (y a veces en las rodillas, mucho menores que en enero) me pueden. Y estoy cansado y tengo más ansiedad (y apetito). Aunque puedo dormir bien.

La bici siempre es una solución para hacer el habitual trayecto más corto (que no es muy largo pero, a veces se hace pesado). Y desde luego más agradable.

Ayer le hablé de talleres y relatos a una compañera. Igual acaba leyendo uno de mis relatos. Tengo cada vez menos máscaras. Y me gusta. Y me gusto.

miércoles, 22 de mayo de 2019

Llámame

-¡Un día me iré y no me volverás a ver!

-¡A ver si es verdad!

La pareja discutía airadamente en el salón. Fuera era de noche y llovía. El resplandor del televisor iluminaba el salón.

Con un chirrido, se abrió la puerta del piso.

-¿Qué horas son estas de llegar?- Bramó su padre.

Sandra tragó saliva antes de contestar. Estaba empapada. Sudadera, pantalones, zapatillas, oscuros y pesados, goteaban agua.

-¡Cómo te has puesto!-Chilló su madre.

-¿No tienes paraguas? ¿De dónde vienes a estas horas?

-De la biblioteca. Tengo mucho que estudiar.

-Ve a ponerte ropa seca que vas a coger una pulmonía. Te he dejado la cena la cocina.

Sandra caminó despacio por el pasillo que arrancaba del salón, dejando tras de sí huellas húmedas de pasos, que se le antojaron babas de caracol.

Antes de abrir la puerta de su cuarto, le llegó una última frase aguda y chillona de su madre.

-Te ha llegado un paquete. Lo tienes sobre la cama.

Su rostro se iluminó. Abrió la puerta y encendió la luz. Volvió a cerrar la puerta tras de sí. Sobre la cama deshecha, un sobre de color canela, acolchado. Reconoció la caligrafia en el sobre indicando la dirección. Se desnudó rápidamente y buscó un pijama limpio y seco en uno de los cajones de la cómoda. Volvió sobre sus pasos hasta llegar a la cocina. Sobre la encimera gris, un tazón de sopa y un plato con filetes de pollo. Calentó la sopa y los filetes antes de regresar a su refugio.

En el interior del sobre, una caja de cartón, de brillantes colores.

-¡Un teléfono móvil!

Muchos de sus compañeros de clase tenían móvil. Le parecía algo superfluo, inutil. Un cacharro para llamar a la gente. Primero había que tener alguien a quién llamar.

Abrió la caja con delicadeza. Un teléfono turquesa, con su cargador, manual y una diminuta tarjeta SIM (acrónimo en inglés de subscriber identity module). Encendió el teléfono. En la pantalla apareció un diminuto icono. Una especie de sobre. Consultó el manual. Quería decir "tiene un mensaje nuevo". Se apresuró a leerlo.

"Hola, k tal? Te echo de menos. TQ"

Todo comenzó el verano anterior. En un campamento. Sus padres se empeñaron en que fuera.

-Te irá bien. Conocerás a gente de tu edad. Harás deporte.

No le quedaba otro remedio. Intentó pasar desapercibida y refugiarse en la lectura. Como siempre. Hasta que una tarde, sentada leyendo en un rincón a la sombra, en un patio de la residencia donde se alojaban, la voz de María le sobresaltó.

-¿Qué estás leyendo?

-El señor de los anillos.

-¿De Tolkien?

Sandra asintió.

-¡Me encanta! Tienes que leer la trilogía. Es la bomba.

Por un instante sintió que formaba parte del mundo, que tenía un espacio en el mundo, que era un ser humano. Que su vida tenía sentido. Que no derramaba la magia que le había sido concedida a cada instante.

"Te escribiré"-Le prometió

-Y yo también.

Una o ninguna. Eso esperaba. Una sola carta, de cortesía, por cumplir. Eso esperaba. O ninguna carta. La gente se comunicaba cara a cara. Hablaba y hablaba, si decir nada. Por eso prefería las bibilotecas, y los libros.

Sus dedos pequeños y gruesos pelearon con el teclado del móvil.

"Yo también TQ mucho gracias por el regalo"

Con pasos pequeños y delicados volvió al salón. Sus padres estaban viendo la televisión, abrazados. Por una vez no discutían.

Quizás todo estaba bien, quizás todo estaría bien.

Normandía


(Restos de la especie de puertos flotantes creados tras el desembarco de Normandía)

Una, dos, tres veces. Empiezo a perder la cuenta. Lo que entonces parecía inminente, lo que hace X5 meses también lo parecía, resultó no serlo tanto. Lo opuesto a lo inmediato, que no se si es lento o eterno.

(De vez en cuando todavía cruzan mi mente pensamientos feos, como relámpagos, fogonazos de "qué pasaría si lo peor ocurriera". La experiencia me ha demostrado que eso está muy muy lejos de ocurrir. Pero todavía me altera, me descompone tanto que me cuesta escribirlo)

En el interior de una biblioteca muy bonita, aunque algo calurosa. Pequeña pregunta interna operativa sobre dónde será el taller. Algún humano en mi campo visual. Aunque estoy muy tranquilo, todavía me irrita un poco. Me desconcentra.

Lo lento o eterno llegará cuando tenga que llegar y ni la incertidumbre ni los cotilleos me han alterado tanto como otras veces. Quizás es que me encuentro mejor. Seguro que si.

Ayer con alguna molestia en la espalda pero hoy muchas menos.

Te conté (de nuevo) a dónde iba. Cómo por tercera vez. Fui capaz de dar detalles del aprendizaje que supone para mí escuchar al profesor, los relatos de los compañeros, las correcciones.

No me gustan las correcciones, soy demasiado sensible y/o susceptible.

Siento que te encuentres mal. Agua. Casi siempre llevo agua. La última vez que te di agua también tenía taller y fue el preludio de días un poco desastrosos. La persistencia de la memoria.

Los minutos pasan pero no estoy nada alterado, al contrario. Teniendo asiento, algo de comida, música y lugar donde escribir (aunque sea con los pulgares) los minutos pasan antes.

Hoy buscaba una entrada en la que expliqué por qué creé éste blog y cerré los anteriores. Simplificar y quitarme alguna máscara. Básicamente esto. Un lienzo en blanco a la vista se unos pocos.

martes, 21 de mayo de 2019

Nubes

Escribo desde un lugar de sobra conocido. Un parque descuidado. Sin preciosos gatos hoy. Bajo nubes perezosas y una temperatura suave, diferente a la del viernes.

Salvo la pereza y el apetito un poco desbocado me siento bien. Y eso es precioso.

Intentaba recordar esperas parecidas y al final lo logré por medios electrónicos, como casi siempre.

Al final lo que me preocupaba hace X2 semanas se solucionó solo. Y, por una vez, el contador acortó una semana.

Hoy ligeramente más molesto. No sé si por estar el domingo tirado en el sofá. Intentaré nadar un poco el viernes.

lunes, 20 de mayo de 2019

Volver a escribir

A veces escribir es tan fácil. O parece tan fácil, se que no lo es. Las palabras fluyen de la mente a las manos, con suavidad y rapidez. Me pasa de vez en cuando. Me ocurrió en Marzo, y también a principios de Abril. Cuando escribí esto nada más levantarme, un domingo, quizás en menos de una hora. Un relato que no es un relato, que es más que un relato. Los relatos son más que relatos, casi siempre. Pero éste empezaba con una porción de un post. Un post que escribí una semana regular tirando a mala. Quizás en mi esquinita de la oficina. Se que escribí el post anterior.

No tiene sentido rebuscar en los recuerdos. Que son diferentes. Son preciosos, detallados, pero no dolorosos. Son nítidos pero planos. Contienen emociones, pero más serenas. Hace nada sonaba No testament, que es una canción que sonaba en bucle una tarde de sábado e ideación suicida. Y aun así me gusta. Sin embargo hay otras canciones que me ponen muy triste, y que todavía no puedo escuchar.

A tí no te recuerdo con canciones, te recuerdo con tu  voz y tus palabras y tus libros y tus abrazos.



A tí si que te recuerdo con canciones, por ejemplo con ésta, que descubrí en el verano de 1996 (y en 1997). Ésta canción es muy especial para mí. Me recuerda a las cosas que entonces me preocupaban y se me antojaban muy difíciles. Entonces es 1996, cuando la escuché por primera vez en Radio 3.

Ahora tengo la sensación de que todo tiene sentido de nuevo y me quiero y aprendo y me supero y es precioso.

Volver a escribir, aunque no sea gran cosa, es precioso. Pensar los talleres, en leer nuevos relatos, en maravillarme y en aprender. Y la rutina es agradable. Y los largos trayectos en metro son menos largos. Incluso ir a rehabilitación se me antoja menos pesado.

Abandonadas ruinas bajo las nubes

Al amanecer la temperatura todavía era agradable, impropia del verano. Era el momento ideal para ir hasta el pozo a llenar los cántaros de agua. Sonia recorrió el camino tantas veces recorrido, en compañía de una mula que cargaba con dos cántaros, todavía vacíos.

De regreso al pueblo, con los cántaros llenos de agua. El camino bordeaba aquellas enormes ruinas. Ninguna cerca ni linde las delimitaba. Aun así, todos habían aprendido a mantenerse alejados de aquel lugar. Gigantescos pilares. Altísimos muros, todos cubiertos de musgos y hiedra. Camuflados en parte por la vegetación. Las veces que Sonia había preguntado por las ruinas a su familia, sólo obtuvo silencios por respuesta. Cada día, en el camino de ida o vuelta a buscar agua en el pozo, se detenía un instante contemplando las ruinas. ¿Quién las habría construido? En nada le recordaban a las casas de paredes encaladas, de vigas de madera, donde se había criado.

Nunca se había atrevido a explorar las ruinas hasta esa tarde. Ató las riendas de la mula al tronco de un almendro.

-No te muevas de aquí. Vuelvo en un minuto.

Comenzó a caminar en dirección a las ruinas, alejándose del camino. Al poder contemplarlas más de cerca, distinguió una torre cilíndrica entre los eucaliptos. La grava crujía bajo sus pies. Aquí y allá, montones de escombros, de piedras, bajo la hierba, bajo la maleza. Cuando apenas le separaban un par de metros de la torre, el suelo se hundió bajo sus pies. Ahogó un grito. Y ya no recordó nada más.

- ¿Te encuentras bien?

Cuando abrió los ojos, un rostro de metal brillante se inclinaba a pocos centímetros del suyo.

- ¡Un hombre de hojalata que habla!

Se puso en pie tan rápido como pudo. Intento buscar un lugar donde esconderse, pero la habitación estaba desprovista de mobiliario alguno. Suelo blanco. Techo blanco. Paredes curvas. Buscó una salida, una puerta, una ventana, en vano. Se sentó en el suelo, aplastó su espalda contra la pared y escondió su rostro entre las rodillas.

-No tengas miedo. No voy a hacerte daño.

El hombre de hojalata le tendió una mano y le ayudó a ponerse en pie.

- ¿Quién eres? ¿Qué eres?

-Soy una máquina. Un robot. Mi número de serie es T-10.000. No tengo nombre. Puedes inventar uno para mí.

Su voz era idéntica a la de un humano, aunque con un leve matiz metálico. Su cuerpo era semejante al de un hombre joven, alto y atlético, pero hecho de alguna clase de metal brillante.

- ¿Dónde estamos?

-En mi casa. Ha pasado mucho tiempo. Mis sistemas permanecieron latentes hasta que tú los reactivaste. Así que hay vida ahí fuera.

- ¿Ahí fuera?

El robot volvió las palmas de sus manos hacia arriba y la luz de la habitación se hizo más tenue. En una de las paredes comenzaron a proyectarse imágenes en color. Vio edificios altísimos, torres plateadas. Carros voladores.

-Os creísteis dioses. Capaces de crear nueva vida. Inteligencia artificial. Yo soy una prueba de ello. Habitasteis otros planetas.

-No entiendo una palabra de lo que me dices. ¿A quién te refieres? Vengo de un pueblo muy cerca de aquí. Cultivamos la tierra, criamos animales ...

El robot se acercó a una de las paredes. Volvió las palmas de las manos hacia el suelo. De la pared surgió un estante metálico con una bandeja plateada, que tomó entre sus manos.

-Soy un anfitrión horrible. ¿Tienes hambre?

-No tengo hambre. Quiero salir de aquí. Me das miedo.

-Puedo cocinar para ti lo que me pidas. Haré lo que me pidas. Estoy aquí para servirte y protegerte.

-Quiero salir de aquí.

-Como desees.

Una porción de la pared circular se elevó, dejando al descubierto un pasillo inclinado, una rampa, apenas iluminada por una especie de candiles empotrados en el suelo.

-Sigue el sendero de baldosas amarillas ...

Sonia comenzó a correr por el pasillo. Le pareció distinguir la luz del día en el otro extremo.

-Nuestra misión era protegeos y cumplid vuestros deseos ...

Sonia alcanzó el exterior. Ahogó un grito. Miró al cielo. Un enorme disco negro cegaba el sol.

En el interior de aquella enorme nave, el primer oficial se dirigió de forma telepática al capitán.

-Capitán, acabamos de salir del hiperespacio cerca de la atmósfera de la tierra. Las lecturas de las sondas deben ser incorrectas. Al parecer, la vida podría ser de nuevo posible en el planeta.

viernes, 17 de mayo de 2019

Viernes

La segunda vez fue incluso mejor que la primera. Al final, menos es nada. Mejorar seguro que mejoro. Ejercicios para cuello y brazos.

Escucho podcast RNE mientras trabajo. Apenas tengo molestias en el cuerpo y me siento en calma. Hasta con sueño. Es que me levanto pronto. Dormir es necesario y a la vez precioso. Tengo ganas de algo sencillo, como volver a casa, hacer la compra, meriendicenar y descansar en compañía del gato pirata.

El tiempo cálido ha cambiado pero las nubes también son bonitas.

martes, 14 de mayo de 2019

Up

Tener buena memoria (plana, en cuanto a detalles, fechas, lugares, personas, acciones, y de emociones, cómo me sentía o lo que pensaba en ese momento) a veces es un latazo.

Hoy las espectativas eran más pequeñas. Me sentía mejor física y anímicamente. Además el sol de la primavera me sienta bien. Aún así, camino de la rehabilitación estaba un poco revuelto y con ganas de llorar. No constantes pero si intensas. Me pude calmar, de nuevo. Si, soy frágil y todavía me altero con facilidad, pero también soy capaz de calmarme con todavía más fácil. Quizás soy más flexible. Los materiales muy rígidos se quiebran en lugar de doblarse.

Ya de vuelta a casa y sin muchas molestias ni físicas ni anímicas. Y con algunos nuevos ejercicios para el cuello aprendidos.

Buenas noches y buena suerte.

lunes, 13 de mayo de 2019

Aprendizaje

Al final todo esto es un aprendizaje enorme. Pero todavía tengo miedo de los días desastrosos y de sus noches eternas.

Intentando no despertar demonios anímicos ni físicos.

También he aprendido a gestionar los días menos buenos. Y no debo anticipar sino fluir.

Escuchar, leer, escribir

Nunca pensé que me agradaría tanto leer en los talleres. Cuando escucho los relatos de los demás todavía siento que mis relatos son un desastre, a veces. Pero me atrevo a leerlos. Aunque a veces me cueste horrores escribir.

Todavía recuerdo la sensación de mezcla de ilusión y satisfacción, pero también nervios y calor en la cara del miércoles en la consulta. Apenas una hora después estaba en otro taller, maravillándome con los relatos de los compañeros.

Empieza la semana, con algo de pereza pero muchas horas dormidas y el recuerdo del descanso, del taller, de los sitios vistos. La luz es preciosa y delicada, todavía suave. Sin el calor del verano.